PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Mons. Óscar Roberto Domínguez Couttolenc MG • Luz de Luz

† Es el Señor quien nos recuerda que estas prácticas no deben hacerse para ser vistos, sino en lo secreto, donde el Padre ve y recompensa


Con gran alegría, espíritu de fe y esperanza me dirijo a ustedes en esta Cuaresma, tiempo de conversión, «tiempo favorable» y «día de salvación» (cf. 2 Co 6,2). 

La Iglesia, con amor maternal, nos invita a vivir un camino de conversión para renovar nuestra vida bautismal y disponernos a celebrar con el corazón purificado el misterio pascual de Cristo.

Para ello es necesario dejarse interpelar por la Palabra de Dios que nos llama con fuerza: «Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos» (Jl 2,12). 

Tengamos en cuenta que la conversión no es un simple acto exterior, sino un retorno sincero al Señor, que es «bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad» (Jl 2,13). 

La Cuaresma nos propone tres caminos concretos: la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-18); y es el mismo Señor quien nos recuerda que estas prácticas no deben hacerse para ser vistos, sino en lo secreto, donde el Padre ve y recompensa (cf. Mt 6,6). 

Queridos hermanos: vivamos con alegría y esperanza, teniendo en cuenta que en este tiempo no se debe experimentar una tristeza estéril, sino una apertura gozosa a la misericordia de Dios que todo lo transforma.