PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Pbro. Juan Javier • Luz de Luz

En muchas regiones, el sacerdote es quien permanece cuando otros se han ido

En un contexto social marcado por la violencia, la pobreza y la incertidumbre, hablar del sacerdocio no es un tema abstracto.

Es una realidad concreta que se hace visible en hombres que han decidido entregar su vida al servicio de los demás; el sacerdocio no es un privilegio ni una posición de poder: es un don.

Esta frase no solo define una vocación, sino que ilumina el testimonio de tantos sacerdotes que hoy sirven en comunidades golpeadas por la violencia o la marginación.

En muchas regiones, el sacerdote es quien permanece cuando otros se han ido; es quien celebra la fe en medio del miedo, acompaña a las familias en el dolor y escucha cuando no hay a quién acudir; su presencia no suele ocupar titulares, pero sostiene la vida de comunidades enteras.

Ahí el sacerdocio revela su rostro más auténtico: en la cercanía con el sufrimiento, porque el sacerdote que camina con su pueblo, que no se esconde ante el peligro y que sigue anunciando esperanza, se convierte en signo vivo de Cristo.

Si queremos entender el sacerdocio hay que mirar a estos hombres concretos, pues en ellos se refleja el Buen Pastor que no abandona a sus ovejas.

Hoy más que nunca es necesario reconocer este don que se vuelve presencia, consuelo y esperanza donde más se necesita.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *