† Del pecado a la salvación: María como la nueva Eva
Dios que, al principio creó al hombre y la mujer a su imagen y semejanza (Cfr Gn1,27), la tentación del demonio rompió la amistad del hombre con el creador.
Tras el pecado quedó la humanidad enemistada con Dios; sin embargo, Él en su infinita misericordia no quiso dejar a la deriva al hombre.
Ha prometido redimir al hombre y la descendencia de Adan y Eva se ha visto beneficiada por esta promesa de salvación.
San Pablo nos ha dicho lo siguiente: «Cuando llegó el fin de los tiempos envió a su Hijo hecho de mujer... para que recibiésemos la adopción de hijos» (Gál 4,4-5).
La historia de la salvación da referencia de esta promesa de salvación y el anuncio de los profetas abre las esperanzas de esta promesa.
Así también, ella es la Virgen que concebirá y dará a luz un Hijo cuyo nombre será Emanuel (Cf. Is 7, 14; Miq 5, 2-3; Mt 1, 22-23); ella misma sobresale entre los humildes y pobres del Señor.
La Virgen María, con su humilde escucha y ha hecho posible el cumplimiento de las promesas de Dios realizadas a nuestros primeros padres: la encarnación de su Hijo.
Ella, la nueva Eva cuestiona al ángel sobre esta decisión divina y responde al enviado celestial: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).
Así, María, hija de Adán, aceptando la palabra divina, fue hecha Madre de Jesús y abrazando la voluntad salvífica de Dios.
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