“Bendito corazón”: fe en la pantalla
Por: Héctor Gabriel Rivera
En tiempos donde el cine mexicano parece apostar por fórmulas seguras, Bendito Corazón irrumpe como una propuesta distinta: una historia de redención, devoción y esperanza ambientada en la Nueva España. Y hay que decirlo sin rodeos: se agradece una película que no se avergüenza de hablar de fe.
Ese es, quizá, su mayor mérito.
Sin embargo, la película también arrastra uno de los pecados clásicos del cine religioso: creer que un buen mensaje basta para sostener una buena historia. El conflicto se plantea con fuerza, pero se resuelve demasiado rápido; los personajes convencen, aunque rara vez sorprenden. Todo es correcto, incluso emotivo… pero pocas veces memorable.
Lo interesante es que no intenta disfrazarse de cine “para todos”. Sabe a quién le habla y lo hace sin ironías ni complejos. En una industria que suele mirar con distancia la religiosidad popular, eso ya es una forma de valentía.
¿Es una gran película? No necesariamente. ¿Es necesaria? Probablemente sí.
Porque más allá de sus limitaciones, "Bendito Corazón" deja una pregunta incómoda: ¿por qué las historias religiosas casi siempre se producen con modestia, como si creer fuera un tema menor?
Prefiero una película imperfecta que cree en algo a una impecable que no cree en nada. Y eso, hoy, ya dice mucho.
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