† En el marco del año jubilar de San Francisco de Asís, la reflexión sobre el cuidado del agua adquiere una dimensión espiritual y social ineludible
Cuando tenía 12 años, en una clase de geografía, una cifra cambió mi manera de ver el mundo: aunque la Tierra es conocida como el “Planeta Azul”, menos del 1 % del agua está disponible para el consumo humano.
El 70 % de la superficie está cubierta por agua, pero 97.5 % es salada y solo 2.5 % es dulce; de esta, la mayor parte se encuentra congelada en glaciares o en aguas subterráneas de difícil acceso.
Aquella revelación no solo despertó curiosidad, sino también una preocupación que hoy resulta más vigente que nunca.
De acuerdo con datos de la ONU, el 75 % de la población mundial vive en países donde el agua escasea o es insegura; más de la mitad de los grandes lagos del planeta se están secando y alrededor de 2 mil millones de personas habitan en zonas que se hunden por la sobreexplotación de acuíferos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada persona requiere 100 litros diarios para cubrir sus necesidades básicas; sin embargo, en la Ciudad de México el consumo promedio alcanza los 380 litros por habitante al día, en un contexto de acceso desigual al servicio.

La problemática no se limita a las grandes urbes, pues en Hidalgo se ubica la presa Endhó, considerada una de las más contaminadas del país.
Este embalse recibe aguas residuales provenientes de la Ciudad de México y descargas industriales, y aún así es utilizada para el riego agrícola.
Los productos cultivados en la región se distribuyen en distintos puntos del país, lo que evidencia la complejidad social, económica y ambiental que rodea el tema.
Desde 1993, cada 22 de marzo se conmemora el Día Mundial del Agua, una iniciativa de Naciones Unidas para visibilizar la problemática y promover acciones.
El lema de 2026, “Donde fluye el agua, crece la igualdad”, subraya que la crisis hídrica afecta a todos, pero no de la misma manera: las poblaciones más vulnerables son quienes padecen con mayor severidad la escasez y la contaminación.
La reflexión también ha sido asumida por la Iglesia, ya que en la encíclica Laudato Si’, el Papa Francisco advierte que no existen dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socioambiental.
El agua, señala, es un derecho humano fundamental y su deterioro es también un problema educativo y cultural.
Para los católicos, además, el agua posee un profundo significado espiritual: es símbolo de vida y del Espíritu Santo en el Bautismo, signo de purificación y nuevo nacimiento.
En el marco del año jubilar de San Francisco de Asís, la reflexión sobre el cuidado del agua adquiere una dimensión espiritual y social ineludible.
El santo de Asís, patrono de la ecología, la llamó “Hermana Agua” en su Cántico de las criaturas.
La palabra “hermana” no es casual; expresa cercanía, respeto y una relación de cuidado mutuo que hoy parece diluirse ante la crisis ambiental.
Esta riqueza simbólica choca con tradiciones y costumbres que, sin mala intención, pueden reflejar una relación poco consciente con el recurso.
En diversas comunidades continúa la práctica de jugar con agua durante el “Sábado de Gloria”, una costumbre popular vinculada históricamente a la celebración de la Resurrección y a los bautismos de la Vigilia Pascual.
Sin embargo, en un contexto de escasez global, surge la interrogante sobre la coherencia de desperdiciar un recurso que millones de personas no tienen garantizado.
Más allá de acciones básicas —como cerrar la llave o reducir el tiempo en la ducha— se proponen alternativas sostenibles: captación de agua de lluvia, instalación de baños secos, implementación de humedales artificiales para tratar aguas grises y recuperación de áreas verdes en los hogares y espacios parroquiales.
En distintos puntos del país ya existen comunidades eclesiales que han comenzado a aplicar estas ecotecnias, demostrando que la fe puede traducirse en acciones concretas.
“Con el agua todo, sin el agua nada”; el llamado no es únicamente a exigir políticas públicas eficaces, sino también a asumir la responsabilidad individual y comunitaria.
Para los creyentes, cuidar el agua no es solo un acto ambiental, sino un gesto de justicia y caridad.
El agua es memoria, encuentro y sustento; es símbolo de vida en el Bautismo y signo permanente de la presencia de Dios en la historia.

Su estado actual refleja decisiones pasadas y anticipa el futuro que heredarán las próximas generaciones; cuidarla implica reconocerla no como mercancía, sino como don compartido.
Porque donde se respeta el agua, florece la vida, y donde se protege, también se construye justicia y esperanza.
Excelente Artículo, cuidemos el agua como un acto de amor hacia el prójimo y a la creación misma. Cada pequeña acción cuenta. Saludos cordiales a la Lic. Citlali Meneses
† En el marco de un Año Jubilar en honor a San Francisco de Asís, religiosas de la Tercera Orden Regular establecida en Actopan se preparan para un tiempo de gracia
La Iglesia universal se prepara para vivir el Año Jubilar en honor a San Francisco de Asís, convocado por el Papa León XIV con motivo del octavo centenario de la muerte del ‘Pobrecillo de Asís’.
El Año Jubilar ya inició y concluirá hasta el 10 de enero de 2027, según lo establece el decreto de la Penitenciaría Apostólica, que concede la posibilidad de obtener indulgencias plenarias bajo las condiciones habituales de la Iglesia.

La figura de San Francisco
El decreto subraya que San Francisco, de hijo de un rico mercader a pobre y humilde seguidor de Cristo, sigue siendo un referente profundamente actual.
En un mundo marcado por la violencia, la fragmentación social y el predominio de lo virtual sobre lo real, la figura del santo de Asís se presenta como un modelo de vida evangélica, fraternidad y paz, invitando a transformarnos en caridad activa.
En entrevista, la Hna. Ana Rosa de Jesús, franciscana de la Tercera Orden Regular, establecida en Actopan, compartió cómo fue recibida la noticia en su congregación.
“Fue una sorpresa y una alegría; es una gracia, un don y una oportunidad para ganar indulgencias y reflexionar”, expresó.
Además, destacó que el Jubileo invita a volver al origen de la conversión de San Francisco, cuando Cristo le pidió: “Repara mi Iglesia”.
Hoy —afirmó— ese llamado sigue vigente: reconstruir la Iglesia desde la sencillez, la coherencia y el testimonio.
¿Cómo celebrarán el Año Jubilar?
Como comunidad, retomando los escritos de San Francisco, reflexionando la regla, la constitución y ayudando a que otras personas se acerquen a Dios.
Y también con algunas actividades en Actopan, donde reside su congregación: “Queremos acondicionar y aperturar el monasterio para que los feligreses acudan a nuestras jornadas de oración”.
Reflexionarán sobre la vida de San Francisco: ¿cómo vivió el Evangelio? ¿Cómo vivió esa radicalidad su fe?
Como comunidad, las religiosas franciscanas retomarán los escritos del santo, la Regla y las Constituciones, además de impulsar espacios de oración y reflexión abiertos a los fieles, particularmente en Actopan, donde buscan acondicionar el monasterio para jornadas de oración comunitaria.
De manera interna, las congregaciones profundizarán en cómo San Francisco vivió el Evangelio con radicalidad y fidelidad.
La Cuaresma
En este contexto jubilar también se preparan para vivir la Cuaresma, que iniciará con el Miércoles de Ceniza.
Desde la espiritualidad franciscana, este tiempo se vive con una intensa adoración al Santísimo Sacramento, oración penitencial, actos de reparación y caridad, así como la práctica de la Corona Franciscana, adaptada a los misterios dolorosos.
La Hna. Ana Rosa de Jesús subrayó que el pontificado del Papa León XIV, iniciado con la palabra paz, encuentra una profunda sintonía con San Francisco.
“El saludo ‘Paz y Bien’ es una invitación a vivir la paz desde lo cotidiano. El Papa nos llama a ser instrumentos de paz”.
La religiosa concluyó invitando a los fieles a acercarse al Evangelio, a la adoración Eucarística y a vivir este tiempo de gracia con un corazón dispuesto a la conversión.
Cuaresma
Con el inicio del tiempo de Cuaresma, la Iglesia se dispone a vivir un periodo de conversión, penitencia y renovación espiritual.
En este contexto, las hermanas Franciscanas compartieron a los micrófonos de Luz de Luz cómo se preparan para vivir este tiempo litúrgico desde su carisma contemplativo y evangélico.
Desde la espiritualidad franciscana, la Cuaresma comienza de manera anticipada con una intensa jornada de oración y adoración al Santísimo Sacramento.
La preparación inicia el sábado previo al Miércoles de Ceniza, cuando la madre superiora expone al Santísimo a medianoche.
A partir de ese momento las hermanas se turnan por grado de vocación en adoración continua durante sábado, domingo, lunes y martes hasta medianoche, y culminar con una hora comunitaria de oración la madrugada del miércoles.
Esta práctica tiene un doble sentido: la preparación personal y la reparación espiritual.
La Hna. Ana Rosa de Jesús explica que esta adoración prolongada se ofrece como penitencia y desagravio, especialmente ante las ofensas que, durante este periodo, se cometen contra Jesucristo en el contexto de celebraciones y carnavales.
“Es una forma de reparar y pedir perdón por tanta ofensa”, señaló.
En fidelidad a las disposiciones de la Iglesia, las franciscanas intensifican durante la Cuaresma sus oraciones penitenciarias, particularmente los lunes, miércoles y viernes, además de reforzar los actos de caridad y servicio, dentro de sus posibilidades; todo ello se vive en comunidad, como expresión concreta de conversión.
La Corona Franciscana
Un elemento central de este tiempo cuaresmal en la congregación es la Corona Franciscana, devoción mariana tradicional de siete décadas que, durante la Cuaresma, se enfoca en los Siete Dolores de la Virgen María, favoreciendo una meditación más austera y profunda del misterio de la Cruz.
Esta oración busca unir la contemplación de la vida de Jesús y María con la sencillez propia del espíritu franciscano.
La espiritualidad de San Francisco —señaló— invita a ser contemplativos de la cruz y a vivir una conversión diaria.
“Reconociendo la fragilidad humana, la vida religiosa se convierte en un camino constante de purificación y fecundidad espiritual. Nuestra vida tiene que dar fruto”, afirmó.
Llamado
Finalmente, las hermanas franciscanas invitaron a los fieles a acercarse a la adoración Eucarística, a la lectura del Evangelio y a aprovechar los recursos actuales para profundizar en la fe.
“Jesús está en el Sagrario y nos espera”, recordaron al hacer un llamado a orar por las vocaciones y por la paz, mientras ellas se comprometen a hacerlo por toda la comunidad.
La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús dio inicio al Año Jubilar Guadalupano, una conmemoración que enlaza fe y memoria histórica.
El acto reunió a fieles, estudiantes de la Universidad del Fútbol y Ciencias del Deporte (UFD), colaboradores de Grupo Pachuca y a la familia Martínez Murguía, herederos de una historia estrechamente ligada a la defensa del culto guadalupano durante la persecución religiosa del siglo XX.
Desde hace ocho años, en este templo se venera una réplica fiel del Sagrado Ayate de Santa María de Guadalupe, obra del artista poblano Rafael Aguirre.
La imagen representa un testimonio histórico de resistencia: fue elaborada en el contexto de la Guerra Cristera (1926–1929).
8 AÑOS
Se cumplen de la llegada de la imagen de la Virgen de Guadalupe a la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús
Ante la creciente presión contra la Iglesia, el entonces abad de la Basílica de Guadalupe, Feliciano Cortés, consciente de la responsabilidad de proteger la Sagrada Tilma, convocó al cabildo y manifestó su preocupación por la seguridad del ayate original.
La situación fue también comunicada al arzobispo primado de México José Mora y del Río, quien respaldó la decisión de buscar una solución que permitiera salvaguardar la imagen guadalupana.
Fue así como se encargó al artista Rafael Aguirre la realización de una réplica exacta, destinada a preservar el original.
Entre el 30 de julio de 1926 y el 15 de julio de 1927, la imagen original fue resguardada en el hogar de Luis Felipe Murguía, gesto que implicó un alto riesgo personal en un contexto de persecución religiosa.
Concluido el conflicto armado, el cabildo de la época obsequió la réplica al ingeniero Murguía y a su familia, como muestra de gratitud por su valentía y compromiso con la fe.
Durante la celebración litúrgica de apertura del Año Jubilar, Mons. Óscar Roberto Domínguez Couttolenc, M.G., invitó a los fieles a vivir una devoción mariana auténtica.
“Cuando vengan a ver a nuestra madre Santa María a esta capilla, no pidan que les haga un milagro, sino que les enseñe a hacer lo que Jesús les diga; que ella interceda ante su Hijo para que Él obre el milagro”.
El Año Jubilar Guadalupano se proyecta así como un tiempo de reflexión y renovación espiritual, que invita a mirar el pasado no como un recuerdo lejano, sino como una herencia viva.
Por: Filiberto Monter
“El jubileo se clausura, pero la misión continúa”, dijo Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez en la solemne Eucaristía de clausura del Año Jubilar “Peregrinos de Esperanza”.
El domingo 28 de diciembre, en el marco de la fiesta de la Sagrada Familia, las tres diócesis de la Provincia de Hidalgo clausuraron el Jubileo como en todas las iglesias particulares del mundo.
La Diócesis de Tula realizó la solemne clausura del Año Jubilar con la visita de la imagen del Señor del Calvario, llevada en peregrinación hasta la Catedral de San José y en procesión desde la capilla de la Sagrada Familia.
La Eucaristía fue presidida por Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez y concelebrada por el presbiterio reunido con la comunidad parroquial y diocesana.
“Hoy cerramos la puerta santa, pero la puerta que realmente importa y debe permanecer abierta es la puerta de nuestro corazón. Haberla cruzado varias veces es un don y una gracia del Señor"
Convertirnos ahora en puertas abiertas para los demás es nuestra misión. El jubileo se clausura, pero la misión continúa”, dijo en su homilía el señor obispo de Tula.
Tulancingo y Huejutla
El mismo domingo, la Arquidiócesis de Tulancingo celebró el Jubileo de las Familias, marco para también clausurar el Año Jubilar.
Mons. Óscar Roberto Domínguez Couttolenc agradeció a Dios por el Año Jubilar, al subrayar que ha sido un signo de conversión personal y comunitaria para la Iglesia universal.
En Huejutla, en una Misa vespertina, Mons. José Hiraís Acosta Beltrán clausuró el Año Jubilar y pidió al presbiterio hacerlo también en sus parroquias.
“Que la luz de la esperanza cristiana pueda llegar a todas las personas, como mensaje del amor de Dios que dirige a todos”, refirió el señor obispo en un comunicado dirigido al presbiterio y fieles de la diócesis.
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