La historia de San José Sánchez del Río ha movido todo tipo de corazones en México y el mundo, pues ya es un santo de la Iglesia gracias a su inquebrantable devoción a Cristo Rey.
En la Provincia de Hidalgo tenemos la bendición de contar con una reliquia de San José Sánchez del Río, promovida por el Pbro. León Carlos Martínez Charre, de la Arquidiócesis de Tulancingo.

Me impactó su testimonio
Al sacerdote originario de Guanajuato, el niño cristero le movió el corazón a través de la película ‘Cristiada’, con la que conoció su testimonio.
“Me impactó que un adolescente, no un joven, un adolescente no solamente diera testimonio con sus palabras, sino con su vida, y a pesar del martirio que fue tan cruel, tan doloroso, él permaneció firme en su fe con su grito: ‘Viva Cristo Rey, Santa María de Guadalupe’, hasta el último aliento”, platicó para Luz de Luz.
A partir de entonces el presbítero León Carlos se sumergió más en la vida de Joselito: investigó, leyó y puso su devoción junto a la del padre Miguel Agustín Pro, a quienes ahora cataloga como dos grandes mártires de la gesta cristera.
“Creo que para que él haya llegado a ese testimonio de fe, pues está el testimonio de fe de sus papás”, compartió el sacerdote al asociar al niño mártir mexicano con “una familia convencida de su fe católica”.
Quisiera tener una reliquia
Motivado por la historia de fe, el padre quiso saber cómo llegar a Sahuayo, tierra donde nació, creció y fue martirizado San José Sánchez del Río.
Fue en ese proceso de investigación que se enteró que podía solicitar una reliquia del santo.
El proceso se gestó en 2023, con la solicitud de una serie de documentos, trámites, papeleo y la firma de Mons. Domingo Díaz Martínez que completó la solicitud enviada a la Diócesis de Zamora.
En agosto de ese mismo año llegó la esperada respuesta: “Recibo una llamada de Michoacán, me preguntan si yo era el padre León Carlos Martínez Charre, de la cuasiparroquia La Divina Providencia: ‘Le decimos que le ha sido otorgada la reliquia’”.
“Me puse a llorar, de verdad. Me quedé tieso (sic), mudo. De verdad, no sabía qué decir”, compartió el padre emocionado.
Tras conocer la noticia y escuchar los detalles para recogerla, el sacerdote dio aviso a su comunidad radicada en la colonia La Providencia, en el municipio de Mineral de la Reforma.
El sitio a donde colocaría la reliquia de primer grado le generó inquietud pues no la quería sólo para guardarla, así que pensó en la remodelación del presbiterio.
“Entonces se me ocurrió: ‘¿Bueno, y si hacemos un pasillo donde esté la reliquia y los fieles puedan pasar a verla?”, se preguntó.
Recuerda bien la fecha en la que llegó hasta Sahuayo para conocer la tierra de San José Sánchez del Río y después a Zamora, sede diocesana donde recibiría la reliquia.
“Nos entregaron la reliquia y de ahí nos la trajimos a la parroquia. Aquí, bueno, la presentamos en una Santa Misa”, contó.
Un pasillo
El espacio donde se exhibe actualmente la reliquia se hizo realidad: un pasillo de fotografías con marcos apolillados que van narrando la historia, frases y vida de Joselito.
Justo en medio, una custodia pequeña porta la reliquia de primer grado: se trata de un trozo del hueso de San José Sánchez del Río.
“Me la dieron en una en un cuadrito con una moneda de bronce y se me ocurrió ponerla en una custodia. Les ha gustado mucho, mucho”, compartió el padre, quien asegura que a raíz de esto la devoción al niño mártir mexicano ha crecido mucho en la zona urbana en la que se encuentra.
La reliquia es sacada los días 10 de cada mes para la Misa de Unción de los Enfermos en el templo, después las personas recorren el pasillo y conocen más sobre la historia de San Joselito.
Para mí es una gracia
“Para mí es una gracia”, dijo el sacerdote al preguntarle por el significado de tener a San José Sánchez del Río en su parroquia.
“Es una gracia tener no solamente la imagen, sino una pequeña parte del santo a quien le debemos su testimonio y ahora le debemos su intercesión porque cada año va creciendo la devoción a San José Sánchez del Río”, expresó.
Y es que para el padre León este año no se debe pasar por alto: “Creo que la Iglesia mexicana, sobre todo en este centenario, debemos de promover la lectura de la vida de muchos santos para robustecer nuestra fe”.
Que interceda por nuestra arquidiócesis
A pregunta expresa sobre su relación directa con Joselito, el padre aseguró que le pide que interceda por la Arquidiócesis de Tulancingo.
“Siempre le pido que sucite más bautizados comprometidos con su fe. Siempre le pido que fortalezca nuestra vocación de los bautizados, de los consagrados, de los misioneros”, agregó.
La persecución sigue
Sobre la Guerra Cristera, movimiento que cumple 100 años de haberse gestado en México, considera que “la persecución sigue, y sigue a lo mejor no cruel como en aquel tiempo hace 100 años, pero sigue con ideologías, con la cultura de la muerte”, compartió.
“En ese momento la fe se puso a prueba y muchos de ellos dieron un gran testimonio que todavía hasta ahora sigue resonando su grito: “¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe”.
10 años se cumplen de la canonización de San José Sánchez del Río, con fecha del 16 de octubre de 2016; también se cumplen 100 años de la Guerra Cristera en México
Estamos orgullosos de ser parte de la iglesia de la providencia y un reconocimiento al padre leo por su labor aquí en la comunidad
† La Marcha del Centenario superó las expectativas al congregar a más de 70 mil peregrinos provenientes de todo el país en el emblemático santuario del Cerro del Cubilete
No solo participaron jóvenes, también se dieron cita sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y matrimonios que, unidos en una sola voz, proclamaron con fervor: “¡Viva Cristo Rey!”.
En esta edición —la número 43 organizada por el Movimiento Testimonio y Esperanza— se contabilizaron cerca de mil 700 vehículos y la participación de más de 150 voluntarios, cifras que confirman la magnitud de esta manifestación de fe que conmemoró el centenario de la Guerra Cristera.
Durante la celebración Eucarística, el Nuncio Apostólico en México, Mons. Joseph Spiteri, afirmó que la juventud mexicana fortalece la esperanza de un país “más fraterno, justo y solidario”, y alienta a enfrentar realidades complejas como la falta de respeto a la vida desde su concepción, la ausencia de trabajo digno y el descuido de la naturaleza.
Asimismo, subrayó que el testimonio de los mártires impulsa a los creyentes a caminar con Cristo y a vencer el miedo.
Al referirse a la Cristiada, el representante pontificio destacó que la historia es una gran maestra y que incluso los episodios más dolorosos ofrecen lecciones para no repetir los errores del pasado.
“Los mártires murieron perdonando a quienes los ejecutaban; este centenario debe ser un momento de reflexión profunda para todos”, expresó.
Por su parte, los dirigentes de TyE, Andrea Pineda Pereda y Rubén Loya Quintero, advirtieron sobre los desafíos actuales para la libertad religiosa.
Señalaron que los intentos de reformas legales que buscan limitarla, así como las amenazas y ataques a templos y el asesinato de sacerdotes, son signos de una persecución que lastima el alma del país.
“Hoy, como católicos, levantamos la voz […] La juventud mexicana es católica”, manifestaron.
“Callar ante la injusticia sería traicionar el Evangelio”, afirmaron el arzobispo de León, Jaime Calderón Calderón, y el obispo de Celaya, Víctor Aguilar Ledesma, quienes además hicieron un llamado a no permanecer indiferentes ante el sufrimiento del pueblo mexicano, especialmente frente a los contextos de violencia que se viven en la región.
En este sentido recordaron el mensaje del episcopado mexicano publicado durante la CXIX Asamblea Plenaria bajo el título “Iglesia en México y profecía – Peregrinos de esperanza rumbo al centenario de nuestros mártires”.
“Como pastores […] no podemos ser indiferentes ante el sufrimiento de nuestro pueblo. Nuestra misión de anunciar el Evangelio nos exige proclamar la verdad con amor”.
El peregrinar estuvo marcado por alabanzas, porras de las distintas ciudades, el rezo del Rosario y constantes vivas a la Cristiada y a los mártires mexicanos que entregaron su vida entre 1926 y 1929.
Así concluyó el #Cubi2026, una jornada que no solo recordó un capítulo decisivo de la historia religiosa de México, también evidenció una Iglesia viva, donde la fe se comparte, la esperanza se construye y la juventud continúa dando testimonio.
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