Que tal un gusto saludarlos en este número más que Dios nos concede, poder compartir y conocer la riqueza que tiene nuestro Estado de Hidalgo.
Precisamente esta es la intención de nuestra columna “Signos de mi tierra”, juntos conocer nuestra tierra, para poder amarla, valorarla y aprender de nuestra gente.
Pues bien, estamos en el tiempo de la Santa Cuaresma , como todos sabemos es el tiempo litúrgico de conversión que marca nuestra Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua, tener la capacidad de ver nuestras miserias, maldades y pecados, para arrepentirnos, querer cambiar y resucitar con Cristo a una vida nueva.
La Cuaresma dura 40 días, comienza el Miércoles de ceniza y termina antes de la Cena del Señor del Jueves Santo. El numero cuarenta es muy simbólico bíblicamente hablando, 40 días del diluvio, 40 años de la marcha del pueblo judío por el desierto, los 40 días que paso Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública.
La Cuaresma es un tiempo fuerte de arrepentimiento y conversión, un tiempo favorable que nos enseña a tener siempre presente en la vida cristiana: el ayuno, la abstinencia y la limosna (obras de misericordia).
Hoy quiero hablarles, precisamente de una de las normas cuaresmales sobre el ayuno y la abstinencia, la Iglesia nos invita a la abstinencia de carne y ayuno, son dos días el Miércoles de ceniza y el Viernes santo; la abstinencia de carne son todos los viernes del año, sin embargo, este hecho lo hacemos más visible en Cuaresma, creemos que solo es de este momento no comer carne.

Déjame compartirte que en la huasteca, existe una comunidad llamada Coacuilco, palabra que significa “Culebra pinta sobre la piedra”, se encuentra cerca de Tlanchinol, justamente por aquí son las tierras donde inicia la huasteca.
Esta comunidad tiene una peculiaridad cuaresmal que ha llamado mi atención, simple si ustedes quieren, pero quizás aquí viene lo interesante, el ejercicio repetido de una acción, nos ayuda a crecer en los hábitos y dependiendo de la connotación de la acción, sea buena o mala, creceremos en la virtud o en los vicios.
De ahí que seamos virtuosos y aprendamos a tener una vida de gracia o una vida de vicios y demos inicio a tener una vida desordenada que nos lleve a pecar constantemente.
La práctica que me llamo la atención del pueblo de Coacuilco es la abstinencia de carne, miércoles y viernes, es decir, en este lugar no solo no comen carne los viernes, sino también los miércoles de toda la Cuaresma.
Interesante y buen ejercicio ¿No creen? y tú ¿Te animarías también a no comer carne dos días a la semana?, así que si Dios nos ha permitido vivir otra Cuaresma, aprovechemos este tiempo favorable para nosotros y vivámoslo muy enserio, no es tanto dejar de comer carne, por dejar de comer, sino que aprendamos a tener dominio de nosotros mismos, a ser sensibles a nuestros hermanos y poder ayudarnos mutuamente de tal manera que vivamos en el amor y el respeto como Dios quiere, que seamos hermanos, hijos de un mismo Padre.
† Como cada año, un tiempo de preparación para la gran solemnidad de la Pascua
Como cada año se llega la Cuaresma, un tiempo de preparación para la gran solemnidad de la Pascua.
Algunos piensan que como el color litúrgico es el morado debemos estar tristes, pero yo creo que es un tiempo precioso para hacer una introspección y ver en qué podemos mejorar, qué cosas debemos cambiar para estar en línea con el camino que Jesús nos marca para llegar al cielo.
En una palabra, es un tiempo de conversión y el Papa León XIV nos ha dado en su mensaje algunas líneas para vivirla al máximo y qué mejor si es en familia.
“Un tiempo precioso para hacer una introspección y ver en qué podemos mejorar, qué cosas debemos cambiar para estar en línea con el camino que Jesús nos marca para llegar al cielo”.
Escuchar
En el mundo que nos ha tocado vivir existen muchas voces que nos gritan y nos distraen.
Pero entre esas muchas voces, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta.
Por esto es necesario que en nuestra casa siempre exista una Biblia, para que nuestros hijos estén familiarizados.
Pero no basta tenerla a mano, es necesario leerla para escuchar la Palabra de Dios, en lo personal debemos dedicarle tiempo a esta lectura activa de la Biblia y en lo familiar también debemos destinar tiempos para leerla en familia.
Si tenemos hijos pequeños es bueno que tengamos en casa una Biblia para niños y hacer material didáctico, para que sea fácil acoger la Palabra de Dios en sus pequeños corazones.
El tiempo de escucha en familia es un tesoro que debemos procurar y resguardar para tener una conversión del corazón.
Ayuno
El ayuno consiste en la abstención voluntaria de ingerir alimentos o bebidas de forma total o parcial, durante un periodo determinado de tiempo; se puede usar por motivos médicos para perder peso o por motivos religiosos.
El ayuno litúrgico es una práctica penitencial que consiste en limitar la ingesta de alimentos, obligatoriamente el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo para personas de 18 a 59 años.
Se trata de hacer una comida fuerte al día y dos colaciones más ligeras, las cuales, sumadas, no equivalen a una comida normal.
También está la abstinencia, que consiste en dejar de comer carne roja los viernes de Cuaresma, el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo a partir de los 14 años.
Pero el Papa nos pide incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que solo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana.
Podemos enseñar a nuestros hijos a ayunar de las malas palabras, de las ofensas, de desobediencias y de lo que no les hace bien, sobre todo lo debemos hacer con el ejemplo, así que nosotros debemos participar activamente en este proceso de conversión de la Cuaresma.
Juntos
El camino de Cuaresma lo podemos realizar en soledad, pero nos costará más trabajo.
Si lo hacemos en comunidad, en familia, podremos apoyarnos y sostenernos para que sea más propicio para la conversión del corazón.
Si todo el ambiente familiar se adecua para vivir activamente la escucha de la Palabra de Dios, la austeridad, la abstinenica y el ayuno, podremos también hacer otra práctica común del tiempo de Cuaresma que es la limosna.
Esto no es otra cosa que compartir con los que no tienen lo que hemos podido ahorrar al hacer ayuno y abstinencia.
Esta es una práctica muy buena, ya que nos ayuda a darle un sentido más trascendente a no comer o dejar de lado lo que nos gusta.
Nuestros hijos podrán comprender mejor y se sentirán llamados a hacerlo para poder compartir lo que ellos tienen con los que no lo tienen y lo necesitan.
Así juntos viviremos esta Cuaresma de forma distinta, más activa e intensamente; todo es mejor y más fácil en familia.
Saberse pecador
Si lo que buscamos es convertir el corazón, debemos comenzar con quitar todo lo que nos estorba, lo que ya no sirve y lo que lo empaña para hacerle espacio a lo nuevo a lo que el camino de Cuaresma nos va dejando.
Por eso debemos acostumbrarnos a hacer un examen de conciencia a diario y darnos tiempo para reflexionar sobre nuestras acciones cotidianas.
Primero que nada debemos hacerlo nosotros en lo personal y después educar a nuestros hijos para que lo hagan, y mientras más pronto mejor, así que debemos establecerlo como un estilo de vida desde que nuestros hijos tengan conciencia de sus actos.
Para los pequeños podemos pedirles que nos platiquen lo que hicieron mal, o las travesuras que hicieron en el día, o las veces que no obedecieron; podemos guiarlos con preguntas sencillas que desde temprana edad puedan contestar.
Para los más grandes existen muchas meditaciones, reflexiones y fórmulas para realizar el examen de conciencia; en todos los casos es bueno hacer una lista de lo que hay que cambiar o corregir.
Es necesario entender que esto es un proceso y que no es fácil lograrlo, así que podemos comenzar con hacer un exámen de conciencia a la semana y luego procurar hacerlo poco a poco más seguido hasta que nuestros hijos lo hagan por sí solos y de forma cotidiana.
La Cuaresma es un tiempo propicio para fomentar este buen hábito en nuestros hijos, y en nosotros también.
El Papa León XIV nos ha dado en su mensaje para esta Cuaresma, algunas líneas para vivirla al máximo y qué mejor si es en familia.
Perdón
La Cuaresma es el tiempo de perdonar las ofensas, de ofrecer disculpas, de corregir los errores y, sobre todo, de tener abierto el corazón para recibir las gracias de parte de Dios, para poder llevar a cabo un cambio real en nuestra vida.
Esto lo debemos pedir, pero también propiciar siendo más pacientes, comprensivos, consecuentes y buscar justificar antes que enjuiciar.
No es fácil, pero podemos comenzar por nuestra familia y hacer alguna dinámica donde, una vez a la semana, expresemos lo que nos duele o molesta de los demás, y todos estemos con una actitud abierta, de escucha y con la intención de generar un cambio personal y familiar.
También es tiempo de acudir a la confesión sacramental para pedirle a Dios el perdón de nuestras faltas, fortaleciendo así nuestro corazón con la Gracia de Dios y haciéndolo terreno fecundo donde la Palabra de Dios pueda ser acogida y dé frutos de conversión personal y familiar.
Sé que no todos nuestros hijos pueden recibir este sacramento, pero los que puedan, ayudémoslos a hacerlo y para los más pequeños podemos asisitir al templo, al Santísimo o en nuestro altar familiar.
Propiciar un momento en el que le pidan a Dios perdón por lo que no han hecho bien, de acuerdo a su examen de conciencia que ya vienen haciendo en esta Cuaresma.
Así lograrán vaciar el corazón y ayudaremos a que su conciencia se forme recta, sabiendo que hay cosas que están mal y que a veces las hacemos, pero que Dios nos perdona si acudimos a Él con humildad y sencillez.
Deseo que esta Cuaresma sea un tiempo valioso de conversión personal y familiar, todo como preparación para vivir más intensamente la Semana Santa y una Pascua única.
† Es el Señor quien nos recuerda que estas prácticas no deben hacerse para ser vistos, sino en lo secreto, donde el Padre ve y recompensa
Con gran alegría, espíritu de fe y esperanza me dirijo a ustedes en esta Cuaresma, tiempo de conversión, «tiempo favorable» y «día de salvación» (cf. 2 Co 6,2).
La Iglesia, con amor maternal, nos invita a vivir un camino de conversión para renovar nuestra vida bautismal y disponernos a celebrar con el corazón purificado el misterio pascual de Cristo.
El Papa León XIV, en su mensaje para la Cuaresma de este año, nos recuerda que, en este tiempo, el misterio de Dios debe ser el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.
Para ello es necesario dejarse interpelar por la Palabra de Dios que nos llama con fuerza: «Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos» (Jl 2,12).
Tengamos en cuenta que la conversión no es un simple acto exterior, sino un retorno sincero al Señor, que es «bondadoso y compasivo, lento para la ira y rico en fidelidad» (Jl 2,13).
Es, por tanto, un tiempo propicio para conocer el amor de Dios y elegir con acciones volver a él.
La Cuaresma nos propone tres caminos concretos: la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-18); y es el mismo Señor quien nos recuerda que estas prácticas no deben hacerse para ser vistos, sino en lo secreto, donde el Padre ve y recompensa (cf. Mt 6,6).
Disfrutemos la oración, pues es la oportunidad privilegiada para vivir un diálogo íntimo con Dios; valoremos el ayuno, pues nos recuerda que nuestra naturaleza va más allá de lo material y vuelve nuestra atención a lo divino; fomentemos la limosna, pues al vivir en favor de los más necesitados hacemos un acto de gratitud hacia Aquél de quien lo hemos recibido todo.
Queridos hermanos: vivamos con alegría y esperanza, teniendo en cuenta que en este tiempo no se debe experimentar una tristeza estéril, sino una apertura gozosa a la misericordia de Dios que todo lo transforma.
† El Santo Padre pide rezar juntos por la paz tras lo que sucede en Oriente Medio e Irán
En el segundo Domingo de Cuaresma, el Papa ha hecho un nuevo llamado a la paz en el mundo que vive puntos críticos de guerra en diferentes países.
«Hago un llamamiento encarecido a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable», dijo desde el balcón del Palacio Apostólico.
León XIV exhortó primero a rezar juntos por los enfrentamientos en Pakistán y Afganistán: «Elevo mi súplica por un urgente retorno al diálogo. Recemos juntos para que prevalezca la concordia en todos los conflictos del mundo. Solo la paz, don de Dios, puede sanar las heridas entre los pueblos».
Y prosiguió con lo sucedido en Oriente Medio e Irán tras los ataques en los que ha participado Estados Unidos e Israel y que han dejado más de 200 personas sin vida, como el líder supremo Alí Jamenei.
Para el Santo Padre se viven horas dramáticas y se opone a la posiblidad de una tragedia de enormes proporciones: «La estabilidad y la paz no se construyen con amenazas mutuas, ni con armas, que siembran destrucción, dolor y muerte, sino solo a través de un diálogo razonable, auténtico y responsable».
Desde el Vaticano, el Sumo Pontífice de la Iglesia católica lanzó un llamado a que la diplomacia recupere su papel y se promueva el bien de los pueblos que anhelan una convivencia pacífica, basada en la justicia.
“Hago un llamamiento encarecido a las partes implicadas para que asuman la responsabilidad moral de detener la espiral de violencia antes de que se convierta en un abismo irreparable”, enfatizó.
De acuerdo con fuentes oficiales, 24 países están actualmente en guerra o con combates intensos como Ucrania, Rusia, Sudán, Myanmar, Palestina, Siria, Yemen, Estados Unidos, Irán y Emiratos Árabes, entre otros.
† En el marco de un Año Jubilar en honor a San Francisco de Asís, religiosas de la Tercera Orden Regular establecida en Actopan se preparan para un tiempo de gracia
La Iglesia universal se prepara para vivir el Año Jubilar en honor a San Francisco de Asís, convocado por el Papa León XIV con motivo del octavo centenario de la muerte del ‘Pobrecillo de Asís’.
El Año Jubilar ya inició y concluirá hasta el 10 de enero de 2027, según lo establece el decreto de la Penitenciaría Apostólica, que concede la posibilidad de obtener indulgencias plenarias bajo las condiciones habituales de la Iglesia.

La figura de San Francisco
El decreto subraya que San Francisco, de hijo de un rico mercader a pobre y humilde seguidor de Cristo, sigue siendo un referente profundamente actual.
En un mundo marcado por la violencia, la fragmentación social y el predominio de lo virtual sobre lo real, la figura del santo de Asís se presenta como un modelo de vida evangélica, fraternidad y paz, invitando a transformarnos en caridad activa.
En entrevista, la Hna. Ana Rosa de Jesús, franciscana de la Tercera Orden Regular, establecida en Actopan, compartió cómo fue recibida la noticia en su congregación.
“Fue una sorpresa y una alegría; es una gracia, un don y una oportunidad para ganar indulgencias y reflexionar”, expresó.
Además, destacó que el Jubileo invita a volver al origen de la conversión de San Francisco, cuando Cristo le pidió: “Repara mi Iglesia”.
Hoy —afirmó— ese llamado sigue vigente: reconstruir la Iglesia desde la sencillez, la coherencia y el testimonio.
¿Cómo celebrarán el Año Jubilar?
Como comunidad, retomando los escritos de San Francisco, reflexionando la regla, la constitución y ayudando a que otras personas se acerquen a Dios.
Y también con algunas actividades en Actopan, donde reside su congregación: “Queremos acondicionar y aperturar el monasterio para que los feligreses acudan a nuestras jornadas de oración”.
Reflexionarán sobre la vida de San Francisco: ¿cómo vivió el Evangelio? ¿Cómo vivió esa radicalidad su fe?
Como comunidad, las religiosas franciscanas retomarán los escritos del santo, la Regla y las Constituciones, además de impulsar espacios de oración y reflexión abiertos a los fieles, particularmente en Actopan, donde buscan acondicionar el monasterio para jornadas de oración comunitaria.
De manera interna, las congregaciones profundizarán en cómo San Francisco vivió el Evangelio con radicalidad y fidelidad.
La Cuaresma
En este contexto jubilar también se preparan para vivir la Cuaresma, que iniciará con el Miércoles de Ceniza.
Desde la espiritualidad franciscana, este tiempo se vive con una intensa adoración al Santísimo Sacramento, oración penitencial, actos de reparación y caridad, así como la práctica de la Corona Franciscana, adaptada a los misterios dolorosos.
La Hna. Ana Rosa de Jesús subrayó que el pontificado del Papa León XIV, iniciado con la palabra paz, encuentra una profunda sintonía con San Francisco.
“El saludo ‘Paz y Bien’ es una invitación a vivir la paz desde lo cotidiano. El Papa nos llama a ser instrumentos de paz”.
La religiosa concluyó invitando a los fieles a acercarse al Evangelio, a la adoración Eucarística y a vivir este tiempo de gracia con un corazón dispuesto a la conversión.
Cuaresma
Con el inicio del tiempo de Cuaresma, la Iglesia se dispone a vivir un periodo de conversión, penitencia y renovación espiritual.
En este contexto, las hermanas Franciscanas compartieron a los micrófonos de Luz de Luz cómo se preparan para vivir este tiempo litúrgico desde su carisma contemplativo y evangélico.
Desde la espiritualidad franciscana, la Cuaresma comienza de manera anticipada con una intensa jornada de oración y adoración al Santísimo Sacramento.
La preparación inicia el sábado previo al Miércoles de Ceniza, cuando la madre superiora expone al Santísimo a medianoche.
A partir de ese momento las hermanas se turnan por grado de vocación en adoración continua durante sábado, domingo, lunes y martes hasta medianoche, y culminar con una hora comunitaria de oración la madrugada del miércoles.
Esta práctica tiene un doble sentido: la preparación personal y la reparación espiritual.
La Hna. Ana Rosa de Jesús explica que esta adoración prolongada se ofrece como penitencia y desagravio, especialmente ante las ofensas que, durante este periodo, se cometen contra Jesucristo en el contexto de celebraciones y carnavales.
“Es una forma de reparar y pedir perdón por tanta ofensa”, señaló.
En fidelidad a las disposiciones de la Iglesia, las franciscanas intensifican durante la Cuaresma sus oraciones penitenciarias, particularmente los lunes, miércoles y viernes, además de reforzar los actos de caridad y servicio, dentro de sus posibilidades; todo ello se vive en comunidad, como expresión concreta de conversión.
La Corona Franciscana
Un elemento central de este tiempo cuaresmal en la congregación es la Corona Franciscana, devoción mariana tradicional de siete décadas que, durante la Cuaresma, se enfoca en los Siete Dolores de la Virgen María, favoreciendo una meditación más austera y profunda del misterio de la Cruz.
Esta oración busca unir la contemplación de la vida de Jesús y María con la sencillez propia del espíritu franciscano.
La espiritualidad de San Francisco —señaló— invita a ser contemplativos de la cruz y a vivir una conversión diaria.
“Reconociendo la fragilidad humana, la vida religiosa se convierte en un camino constante de purificación y fecundidad espiritual. Nuestra vida tiene que dar fruto”, afirmó.
Llamado
Finalmente, las hermanas franciscanas invitaron a los fieles a acercarse a la adoración Eucarística, a la lectura del Evangelio y a aprovechar los recursos actuales para profundizar en la fe.
“Jesús está en el Sagrario y nos espera”, recordaron al hacer un llamado a orar por las vocaciones y por la paz, mientras ellas se comprometen a hacerlo por toda la comunidad.
En su mensaje para la Cuaresma de este año, titulado «Escuchar y ayunar: La Cuaresma como tiempo de conversión», el Papa León XIV nos exhorta a renunciar a las palabras hirientes y a cultivar la amabilidad como parte del camino espiritual de la Cuaresma.
Entre los ejes principales del mensaje destacan tres llamados: escuchar, ayunar y caminar juntos.
El Papa subraya que la escucha de la Palabra de Dios permite reconocer el clamor de quienes sufren y responder ante la injusticia, mientras que el ayuno ayuda a ordenar los deseos y mantener viva el hambre de justicia.
Sin embargo, insiste en que el ayuno debe ir más allá de la privación de alimentos e incluir otras formas de sobriedad.
Por ello, invita a «abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo», evitando el juicio inmediato, la calumnia y la crítica a quienes no pueden defenderse.
«Me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo […]», escribe León XIV.
«Empecemos a desarmar el lenguaje», pide el Santo Padre, al tiempo que llama a medir las palabras en todos los ámbitos —familia, trabajo, redes sociales, medios de comunicación y debates públicos— para que el odio sea reemplazado por mensajes de esperanza y paz.
El Pontífice también destaca la dimensión comunitaria de la conversión, al señalar que parroquias, familias y grupos eclesiales están llamados a recorrer un camino compartido donde la escucha, el arrepentimiento y la acogida a los más necesitados se conviertan en forma de vida.
Finalmente, el Papa invita a pedir la gracia de vivir una Cuaresma que haga «más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados», y a comprometerse para que las comunidades sean espacios donde el sufrimiento encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, contribuyendo así a la construcción de una «civilización del amor».
Sabemos que la Cuaresma es un momento de reflexión que llama a convertirnos y volver a Dios; es un tiempo apropiado para purificarnos de las faltas y para creer; es decir, para recibir a Dios en nuestra vida y permitirle «poner su morada» en nosotros (Jn 14,23).
Esta información la escuchamos y repetimos año con año; sin embargo, la invitación es a no vivir la Cuaresma como una fecha más marcada en el calendario. En este contexto, el Papa León XIV nos llama a reflexionar y a asumir compromisos concretos que transformen nuestra vida cotidiana.
“A veces es difícil pero sería muy bueno que la familia completa pudiera entrar en una dinámica de oración y de vivencia de estos días santos”.
La Semana Santa es la época del año que nos abre la puerta a la fiesta mayor que tenemos los católicos: la Pascua.
A diario
Conocer los signos de cada día resulta fundamental: Domingo de Ramos, Jueves Santo, Viernes Santo, Sábado Santo por la mañana y Sábado Santo por la noche con la Vigilia Pascual; Domingo: Jesús ha resucitado, estamos de fiesta.
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Es bueno platicar sobre estos signos para que estén atentos y vivan más cercanamente cada oficio que se realiza durante la Semana Santa.
Ambiente idóneo
A veces es difícil pero sería muy bueno que la familia completa pudiera entrar en una dinámica de oración y de vivencia de estos días santos.
Si tenemos que salir a trabajar, pues que nuestra actitud sea acorde a lo que estamos viviendo como familia y como Iglesia.
De luto
Los niños necesitan ver que vivimos lo que predicamos y que en verdad nos sentimos tristes por que Jesús ha sido aprendido, golpeado, martirizado y le han dado muerte.
Estamos hablando de que debemos tener un estilo de vida acorde a lo que decimos ser, así que es muy bueno que estos días santos los vivamos con intensidad y sin pena.
Presencia en oficios
No importa que tengas pequeños, es cuestión de prepararte y tomar precauciones.
Es muy probable que los más pequeños no aguanten los oficios completos calladitos y quietos, pero si podemos buscar lugares que tengan las mejores condiciones para que estén bien.
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