PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Puerta Santa • Luz de Luz

Por: Ivonne Lazcano

Con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, León XIV clausuró el Jubileo “Peregrinos de esperanza”. 

«Como peregrinos de esperanza hemos cruzado esta puerta, pero recordemos que la misericordia de Dios no termina y está siempre abierta», dijo el Papa en la Misa de la Solemnidad de la Epifanía del Señor.

Durante la Eucaristía, el Santo Padre recitó la oración de acción de gracias por el Año Santo ordinario que celebra la Iglesia cada 25 años: «Se cierra esta Puerta Santa, pero no se cierra la puerta de tu clemencia».

La clausura del Jubileo terminó con el rito del cierre de la Puerta Santa, se inserta una cápsula metálica (capsis) que contiene el acta oficial de cierre, las monedas acuñadas durante el Año Jubilar y las llaves de la Puerta Santa, elementos que sirven como testimonio material y simbólico del año santo que, como subrayó el Papa, «ha concluido en el calendario, pero no en la vida espiritual de la Iglesia».

Santa María la Mayor fue la primera de las cuatro Basílicas Papales de Roma en cerrar su Puerta Santa.

La segunda fue San Juan de Letrán y la tercera la de San Pablo Extramuros; la de San Pedro fue la última en ser cerrada, para la conclusión oficial del Jubileo.


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Por: Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez

Este Año Jubilar ha sido un tiempo favorable para renovar nuestra fe, sanar nuestras heridas y reavivar en nosotros la llama de la esperanza cristiana.

A lo largo de estos meses, parroquias, comunidades religiosas, movimientos, asociaciones, familias, profesionistas, jóvenes, ancianos y enfermos han vivido una experiencia de encuentro con Jesús: camino de conversión, reconciliación, comunión y misión.

Este Jubileo ha sido una invitación de volver a lo esencial; recordar nuestra vocación universal a la santidad: ‘Sean santos como el Padre celestial es Santo’. 

El lema que nos ha acompañado, Peregrinos de esperanza, ha resonado con especial fuerza en el actual contexto histórico de nuestra patria. 

El Jubileo nos ha recordado que la esperanza cristiana no es optimismo superficial ni evasión espiritual, sino una virtud teologal que nace de la certeza de que Dios cumple sus promesas y nunca abandona a su pueblo. 

Peregrinar ha significado para nosotros aceptar que no tenemos resuelto todo, que necesitamos de Dios y de los hermanos, y que necesitamos caminar hombro con hombro para reconstruir el tejido social desde y con la familia.

El corazón misericordioso de Dios siempre permanece abierto, no se cierra la gracia de Dios, pues haber cruzado varias veces la Puerta Santa fue un don y ahora convertirnos en puertas abiertas para los demás es nuestra misión.

El Jubileo se clausura, pero la misión continúa, ahora se nos confía la tarea de encarnar la esperanza en la vida ordinaria de nuestras comunidades. 


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