Comúnmente nos damos cuenta que más cosas ya no duran como antes, pierden funcionalidad o sólo por no ser la versión moderna terminan descartadas.
El ser humano se deja llevar por sus sentidos, por la apariencia, una bonita imagen, el olor a nuevo, el elogio de terceros.
En pocas palabras son reforzadores del ego; es decir, ponen en opiniones y cosas el valor de su persona, cuando nuestra valía es intrínseca, dada de forma natural, independientemente de lo que tengamos o hagamos.
Resulta que una postura así termina perjudicando a nosotros y a los que nos rodean, incluyendo el medio ambiente; aquí se distingue entre compensar y reparar.
Un ejemplo sería cuando se descuida a los seres queridos y luego se quiere compensar llenándolos de regalos o cosas que no siempre necesitan, por el contrario una postura reparadora sería no perder el tiempo en cosas innecesarias o secundarias y priorizar en el ser querido; es decir, cambiar desde la voluntad y no actuar por la culpa.
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