Por: Mons. José Hiraís Acosta Beltrán
En su último mensaje al Pueblo de Dios, los obispos de México destacan varios temas, de los cuales abordaremos: la familia como corazón herido de la sociedad y el centenario de los mártires cristeros de nuestra nación mexicana.
Analizando la realidad actual de la familia, sus problemas y sus desafíos, dicen que hay realidades sociales muy preocupantes como delincuencia, narcotráfico, corrupción y trata de personas, por mencionar algunas.
Esta “realidad preocupante -dicen los obispos- comienza en la familia”: una sociedad que no protege a la familia se desprotege a sí misma.
Lo que estamos viviendo es una sistemática desestructuración familiar que genera, inevitablemente, una desestructuración social.
Se introduce en las escuelas una ideología que relativiza la complementariedad hombre-mujer, que diluye la identidad sexual, que presenta como “progreso” lo que en realidad es deconstrucción de la naturaleza humana; se añade también una ideología política de confrontación social que no conduce a nada bueno.
Cuando los padres de familia y otros integrantes de la sociedad expresan su preocupación, son descalificados como “conservadores”, “retrógrados” o “enemigos de los derechos”.
El segundo tema que abordamos es sobre el heroísmo de los Mártires Cristeros de México, y es que en el 2025 conmemoramos el centenario de la proclamación de la solemnidad de Cristo Rey para la Iglesia y el mundo, proclamada en la encíclica Quas Primas del Papa Pío XI.
Y hoy les preguntamos, hermanos: ¿Quién reina verdaderamente en nuestras sociedades? ¿Cristo, o los ídolos del poder, el dinero, la violencia y la mentira? ¿Quién reina en nuestro corazón? ¿Las ideologías políticas y culturales o el Evangelio?
Esta pregunta no es retórica: es una invitación a una conversión personal y social, una invitación para que Cristo reine en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestra sociedad.
Nuestros mártires nos preguntan hoy: ¿estamos dispuestos a defender nuestra fe con la misma radicalidad? ¿Hemos perdido el sentido de lo sagrado? ¿Nos hemos acomodado a una cultura que quiere relegar la fe al ámbito privado?
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