PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Universidad de Futbol • Luz de Luz

Por: Alonso Angeles

La iglesia del Sagrado Corazón de Jesús dio inicio al Año Jubilar Guadalupano, una conmemoración que enlaza fe y memoria histórica. 

El acto reunió a fieles, estudiantes de la Universidad del Fútbol y Ciencias del Deporte (UFD), colaboradores de Grupo Pachuca y a la familia Martínez Murguía, herederos de una historia estrechamente ligada a la defensa del culto guadalupano durante la persecución religiosa del siglo XX.

Desde hace ocho años, en este templo se venera una réplica fiel del Sagrado Ayate de Santa María de Guadalupe, obra del artista poblano Rafael Aguirre. 

La imagen representa un testimonio histórico de resistencia: fue elaborada en el contexto de la Guerra Cristera (1926–1929).

Ante la creciente presión contra la Iglesia, el entonces abad de la Basílica de Guadalupe, Feliciano Cortés, consciente de la responsabilidad de proteger la Sagrada Tilma, convocó al cabildo y manifestó su preocupación por la seguridad del ayate original. 

La situación fue también comunicada al arzobispo primado de México José Mora y del Río, quien respaldó la decisión de buscar una solución que permitiera salvaguardar la imagen guadalupana.

Fue así como se encargó al artista Rafael Aguirre la realización de una réplica exacta, destinada a preservar el original.

Entre el 30 de julio de 1926 y el 15 de julio de 1927, la imagen original fue resguardada en el hogar de Luis Felipe Murguía, gesto que implicó un alto riesgo personal en un contexto de persecución religiosa. 

Concluido el conflicto armado, el cabildo de la época obsequió la réplica al ingeniero Murguía y a su familia, como muestra de gratitud por su valentía y compromiso con la fe.

Durante la celebración litúrgica de apertura del Año Jubilar, Mons. Óscar Roberto Domínguez Couttolenc, M.G., invitó a los fieles a vivir una devoción mariana auténtica.

El Año Jubilar Guadalupano se proyecta así como un tiempo de reflexión y renovación espiritual, que invita a mirar el pasado no como un recuerdo lejano, sino como una herencia viva. 


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