PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Vocación • Luz de Luz

† En la celebración participaron familiares, seminaristas y padres del equipo formador


En el marco de la fiesta de San Felipe de Jesús y del 62 aniversario del Seminario Diocesano de Tula, la comunidad formativa vivió una significativa jornada con la celebración Eucarística en la que cuatro seminaristas recibieron el ministerio del lectorado y uno más fue admitido oficialmente como candidato a las Órdenes Sagradas.

La Misa fue presidida por Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez, quien durante su homilía recordó que “ser mártir es una gracia”, al destacar el testimonio de San Felipe de Jesús como ejemplo de entrega total por amor a Jesucristo. 

Asimismo, el señor obispo de Tula exhortó a los jóvenes a perseverar en su vocación y a vivir con fidelidad el llamado al servicio de la Iglesia.

El grado de lectorado es instituido para proclamar la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica —con excepción del Evangelio—, y colaborar en la formación cristiana de los fieles, preparando a niños, jóvenes y adultos para una participación más consciente en los sacramentos. 

Este ministerio implica también un compromiso espiritual profundo, pues quien anuncia la Buena Nueva está llamado a ser testigo de ella con su propia vida.

Como parte de este rito, los seminaristas se vistieron con el alba, vestidura litúrgica que simboliza el servicio dentro de la celebración.

Esta admisión representa una etapa decisiva en su formación, al manifestar públicamente su voluntad de consagrar su vida al ministerio sacerdotal.

En la celebración participaron familiares, seminaristas y padres del equipo formador, quienes se unieron en acción de gracias por el don de las vocaciones y por más de seis décadas de servicio del Seminario en la formación de sacerdotes para la Iglesia.

La fiesta no solo evocó el legado de su santo patrono, también reafirmó la esperanza puesta en las nuevas generaciones que, inspiradas por su testimonio, continúan respondiendo con generosidad al llamado de Dios.

† Luz de Luz buscó un testimonio en torno a la festividad de San Ramón Nonato, patrono de las embarazadas y recién nacidos, y encontró un caso de cómo Dios actúa directamente desde el vientre materno.

Por: Filiberto Monter

“A San Ramón le rezan las mujeres que van a tener un hijo, para que les conceda la gracia de dar a luz sin peligro ni tormentos”, refiere EWTN en su apartado del santoral dedicado a este santo del 31 de agosto.

Luz de Luz buscó un testimonio en torno a la festividad de San Ramón Nonato, patrono de las embarazadas y recién nacidos, y encontró un caso de cómo Dios actúa directamente en el milagro de la vida.

Amor de pareja

Anahi Ángeles Moreno y Josué Cruz Chávez conforman un matrimonio joven, de poco más de dos años, pero con una historia de una década juntos que los llevó al compromiso de ser padres.

“Duramos aproximadamente ocho años de novios y hace dos fue cuando decidimos casarnos: fue un 13 de mayo del 2023”, contaron para Luz de Luz.

Matrimonio

Josué fue quien buscó y encontró la fecha y lugar especial para pedir matrimonio, siempre de Dios como testigo: a los 80 meses del noviazgo se dio.

Se casaron el día de la Virgen de Fátima, fecha también buscada por ellos, pero sin conocer lo que significaría dos años después.

“Desde que supimos que sería 13 de mayo pusimos todo en manos de Dios, principalmente, y sí, también bajo la protección de la Virgen de Fátima”.

Vocación

Concientes estaban de que su vocación era el matrimonio, algo que experimentaron en el día a día durante un año hasta que nuevamente despertaría la inquietud por ser padres.

“Siempre estuvo en la mente. Siempre estuvo en la mente de querer tener un hijo”, compartieron.

La alegría al saber que serían padres los hizo pensar muchas cosas, pero sobre todo emocionarse con la noticia y los preparativos.

Los planes de Dios

Para ellos, conocer el descenlace de la historia era que Fátima, la pequeña Fati, no naciera de nueve meses, sino de siete, prematura a causa de complicaciones en el embarazo a semanas del nacimiento.

Ambas, Anahi y Fati fueron hospitalizadas, la pequeña durante casi un mes en el que sus padres conocerían el milagro de la vida más de una vez.

“Cuando te dicen en el hospital que tu bebé o tú están en peligro, es ahí donde las cosas cambian para el parto”, compartió la mamá.

“Yo en todo momento, desde que me ingresaron al hospital, sentí la mano de Dios en todo”, a pesar de estar en terapia intensiva, y Fati grave también, prematura.

“Tuve que visitar a Fati durante 25 días, y darle todo el ánimo en en el hospital”, agregó Anahí.

Josué, ante la gravedad del pronóstico, se dipuso a orar a Dios, a encomendarlas a la Virgen de Fátima, al padre Javier Hernández “y a toda la corte celestial”, narró.

Momentos de fe

“La mano de Dios estuvo en cada instante, en cada momento y yo nunca perdí la fe, la esperanza. Sabía que íbamos a salir de esto, pero teníamos que aguantar”, compartió Anahi.

Y es que fue en el hospital donde vivió uno de los momentos más complicados del momento: “Cuando por fin puedo ver a Fati me derrumbé, porque pues era ver a una bebecita conectada a muchos aparatos, luchando desde el día uno que nació”.

Ante la gravedad, la pequeña Fati tuvo que recibir el Bautismo en el hospital, el 6 de mayo, lo que marcó su camino de recuperación.

Buscamos un testimonio a la luz de la festividad de San Ramón Nonato, patrono de las embarazadas y recién nacidos, encontramos un caso de cómo Dios actua desde el vientre materno.

El milagro de la vida

Fueron 20 días en los que Anahi y Josué acompañaron a Fati, viendo cómo evolucionaba, cómo crecía y cómo le iban quitando aparatos día a día… “los pies, las manos, los chuponcitos, el respirador”.

“Dios está aquí presente y por toda esa razón es que Fati se llama Fátima. El 13 de mayo, día en el que se celebra a la Virgen y día en el que nos casamos”, dijo Josué.

Al compartir que aunque hubo miedo de que Fati se fuera, coincidieron en que fue el Espíritu Santo quien los impulsaba a pensar positivo hasta que les permitiera salir del hospital.

“Yo dije: ‘Si Dios permitió el milagro de la vida de Fati, es porque Dios va a permitir que salga del hospital, Dios va a permitir que tenga una infancia feliz y que sea una niña que cumpla su misión’”, expresó Anahi.

Las promesas

Junto a Fati, Anahi y Josué se han dispuesto cumplir las promesas hechas durante los momentos difíciles, como presentar a su pequeña ante la Virgen de Guadalupe y llevarla ante el Señor de Jalpan.

Pendientes tienen su visita a Fátima, en Portugal, y una muy especial para Josué, con causa para la Diócesis de Tula, pues en los momentos difíciles también pidió la intercesión del padre Javier Hernández, quien está en proceso de beatificación.

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