Sacerdocio, don en medio del dolor
En muchas regiones, el sacerdote es quien permanece cuando otros se han ido
En un contexto social marcado por la violencia, la pobreza y la incertidumbre, hablar del sacerdocio no es un tema abstracto.
Es una realidad concreta que se hace visible en hombres que han decidido entregar su vida al servicio de los demás; el sacerdocio no es un privilegio ni una posición de poder: es un don.
Como afirmaba San Carlos Borromeo: “El sacerdocio es un don tan grande que exige una vida totalmente entregada”.
Esta frase no solo define una vocación, sino que ilumina el testimonio de tantos sacerdotes que hoy sirven en comunidades golpeadas por la violencia o la marginación.
En muchas regiones, el sacerdote es quien permanece cuando otros se han ido; es quien celebra la fe en medio del miedo, acompaña a las familias en el dolor y escucha cuando no hay a quién acudir; su presencia no suele ocupar titulares, pero sostiene la vida de comunidades enteras.
Ahí el sacerdocio revela su rostro más auténtico: en la cercanía con el sufrimiento, porque el sacerdote que camina con su pueblo, que no se esconde ante el peligro y que sigue anunciando esperanza, se convierte en signo vivo de Cristo.
Si queremos entender el sacerdocio hay que mirar a estos hombres concretos, pues en ellos se refleja el Buen Pastor que no abandona a sus ovejas.
Hoy más que nunca es necesario reconocer este don que se vuelve presencia, consuelo y esperanza donde más se necesita.

Sacerdote de la Arquidiócesis de Guadalajara
Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal para la Pastoral de la Comunicación
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