El amor discursivo y efectivo
Dios demanda un ayuno que supera el rito y da paso a la presencia y acción social
Dice Alberto Nolan, O.P., teólogo: “Dios está enojado por el intolerable sufrimiento que se inflige a tantos seres humanos por parte de un sistema que Él aborrece y detesta. Es Dios quien está siendo crucificado y contra quien se está pecando” (Dios es Sudáfrica, Ed. Sal Terrae, p. 193).
Más allá de juzgar si Dios se enoja o no se enoja, bien vale la pena reflexionar sobre el momento histórico de nuestro mundo y nuestra patria, donde los grandes discursos, homilías y frases bonitas permean el panorama social, pero desafortunadamente un amor discursivo es voz que se pierde sin siquiera tocar el horizonte donde cielo y tierra.
Pues refiere a Dios amor, pero se participa de formas herméticas y excluyentes; se enfatiza el gran elenco de leyes que salvaguardan los derechos humanos, pero sin oír a las víctimas, mostrando indiferencia a las ondas heridas por los abusos, injusticias, chantajes, extorsiones… porque se pone a los pobres como titulares de discursos y pancartas, pero víctimas de la no presencia, no asistencia y no inclusión.
“Los grandes discursos, homilías y frases bonitas permean el panorama social, pero desafortunadamente un amor discursivo es voz que se pierde sin siquiera tocar el horizonte donde cielo y tierra”.
Dios demanda un ayuno que supera el rito y da paso a la presencia y acción social; Dios demanda pasar del discurso a la presencia, donde el amor afectivo se hace efectivo abrazando nuestra realidad psicosomática, donde los anhelos de cielo se hacen palpables en la tierra, en nuestra historia.

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