El silencio sagrado en la Misa
Necesitamos encontrarnos con Dios para escucharlo
Pareciera contradictorio que Sacrosanctum Concilium, en el No. 30 nos diga que para promover la participación activa en la asamblea debe guardarse a su debido tiempo el silencio sagrado, ya que para nosotros el silencio es algo pasivo, meramente ausencia de sonidos.
La Ordenación de las Lecturas de la Misa (OLM) dice: «El diálogo entre Dios y los hombres, que se realiza con la ayuda del Espíritu Santo, requiere breves momentos de silencio, adecuados a la Asamblea presente, para que en ellos la Palabra de Dios sea acogida interiormente y se prepare una respuesta por medio de la oración» (OLM 28).
La Introducción General del Misal Romano (IGMR) dice: «La liturgia de la Palabra debe ser celebrada de tal manera que favorezca la meditación, por eso se debe evitar absolutamente toda forma de apresuramiento que impida el recogimiento. En ella son convenientes también unos breves momentos de silencio, acomodados a la Asamblea reunida, en los cuales, con la ayuda del Espíritu Santo, se perciba con el corazón la Palabra de Dios y se prepare la respuesta por medio de la oración» (IGMR 56).
El silencio sagrado es el «momento del Espíritu»; vivimos en un mundo de muchos ruidos internos y externos, necesitamos el silencio para encontrarnos con Dios, para escucharlo, para que su Palabra resuene en nuestro interior y dejar que el Espíritu actúe en nosotros.
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