Realidades que no podemos callar
Por: Obispos de México
Como pastores tenemos el deber de hablar con claridad sobre la realidad de nuestro país; no lo hacemos desde una posición política ni partidista, sino desde la responsabilidad que se nos ha confiado como servidores del Evangelio.
“Vivimos tiempos difíciles, la violencia se ha vuelto cotidiana: ese cáncer del crimen organizado que padecemos desde hace años ha extendido sus tentáculos a muchos rincones del país”.
No podemos ser indiferentes ante el sufrimiento de nuestro pueblo, no podemos permanecer neutrales cuando está en juego la dignidad de las personas; nuestra misión de anunciar el Evangelio nos exige anunciar la verdad con amor.
En estos tiempos observamos con preocupación cómo algunos discursos públicos construyen una narrativa que no corresponde a la experiencia cotidiana de millones de mexicanos.
Nos dicen que la violencia ha disminuido, pero muchas familias que han perdido seres queridos o poblaciones enteras que viven con miedo constante experimentan otra realidad.
Nos dicen que se combate la corrupción, pero ante casos graves y escandalosos no se percibe la voluntad de esclarecerlos, por lo que prevalece la impunidad.
“Sacerdotes, religiosas, agentes de pastoral, incluso algunos políticos han sido amenazados y asesinados ante la impotencia ciudadana; sentimos el dolor por todos aquellos que buscando el bien han sido sacrificados”.
Nos dicen que la economía va bien, pero muchas familias que no pueden llenar su canasta básica y muchos jóvenes que no encuentran oportunidades de trabajo, nos hacen ver que esto no es verdad.
Nos dicen que se respetan las libertades, pero quienes expresan opiniones críticas son descalificados y señalados desde las más altas tribunas del poder.
Nos dicen que somos el país más democrático del mundo, pero la realidad es que hemos visto cómo han comprometido los organismos y las instituciones que garantizaban la auténtica participación ciudadana para concentrar el poder arbitrariamente.
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