8M: día para una agenda que no beneficia a todas las mujeres
† Algunas conmemoran, otras celebran; las mujeres son distintas y el movimiento no es homogéneo
El 8 de marzo es el Día Internacional de la Mujer, pero hay quienes insisten en que no es una celebración, sino una “conmemoración”, ya que la propaganda mundial nos dice es “una jornada de resistencia y movilización social”.
En 1975 la ONU instó a los países a reconocer esta fecha como un día por los derechos de las mujeres.
A partir de entonces, año con año, gobiernos, medios de comunicación y organizaciones internacionales han utilizado esta fecha para sensibilizar al mundo respecto a la igualdad entre los dos sexos, la violencia contra las mujeres y la falta de acceso a la justicia.
Pero también se ha utilizado este día para promover una agenda que se dice, es para “ayudarnos”.
Es verdad que las mujeres somos un gran sector de lo población que no siempre ha sido tratado con respeto.
Estando en pleno siglo XXI la explotación de las mujeres ha incrementado, no solo en número de víctimas, sino también en diferentes modalidades: sexual (prostitución), reproductiva (vientres de alquiler) y laboral (esclavitud y otras formas denigrantes de trabajo), por mencionar algunos retos.
La violencia contra las mujeres es una constante social y las políticas públicas que se han implementado no han mejorado las circunstancias de vida de miles de nosotras.
Los grupos feministas hegemónicos promueven el aborto y el borrado de las mujeres, y nuestras activistas y políticas femeninas más icónicas se han conformado con un rol de “activistas performativas”: hacen ruido, pero no promueven soluciones.
Llegó una mujer a la presidencia de la República, pero no llegamos todas, solo algunas, las que están de acuerdo con ella y con la agenda global.
El día de la mujer es una fecha cuyo origen es socialista (concretamente los movimientos de mujeres socialistas del siglo XIX y comienzos del siglo XX).
Pero la lucha de las mujeres es anterior a esta ideología, incluso podríamos contrastar que el movimiento sufragista fue de mujeres burguesas que no promovían cambiar el orden social ni abolir el capitalismo.
Es decir, dentro del movimiento hubo (y hay) mujeres con diferentes contextos, ideologías y anhelos.
Las mujeres somos distintas y el movimiento no es homogéneo; sin embargo, el feminismo del siglo XX y XXI ha querido uniformar todas las opiniones y por eso, ha perdido legitimidad.
Si a esto sumamos que desde hace algunos años cada 8 de marzo se organizan marchas de mujeres que promueven el odio al hombre, vandalizan las calles y la propiedad privada, y que promueven agendas que no resuelven nuestros verdaderos problemas, pues entenderemos con mayor claridad que las mujeres que queremos mejorar nuestras circunstancias y elevar nuestras propuestas al ámbito público, debemos buscar nuevas formas de incidir.
Algunas personas conmemoran, otras celebran, da igual, pues si me felicitan o si quieren reflexionar conmigo, lo agradeceré mucho.
Lo verdaderamente importante es recordar que no se requiere de ningún “ismo” para ser buena persona.
Lo que necesitamos es activarnos en grupos con los demás para promover cambios sociales a profundidad, y para eso nos necesitamos todos; empecemos con propuestas en lo local.
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