Iglesia católica y otros credos
† Desde el siglo XX se ha mirado con buenos ojos abrir las puertas a todo mundo cristiano
“No era que sintiera el deber de convertirme, sino que veía que ya era católico de corazón y que negar esa realidad sería faltar a mi conciencia” (Apología Pro Vita Sua-San John Henry Newman).
Esas eran las palabras que este gran santo del siglo XIX hacía como parte de su conversión del anglicanismo al catolicismo.
Desde el siglo XX la Iglesia ha mirado con buenos ojos el abrir las puertas a todo mundo cristiano: «También tengo otras ovejas que no son de este redil» (Jn 10,16).
El Concilio Vaticano II transformó radicalmente la postura de la Iglesia católica hacia otras comunidades cristianas, reemplazando la antigua exclusividad por el diálogo ecuménico, la libertad religiosa y el reconocimiento de valores compartidos.
San Jaun XXIII, San Pablo VI, San Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y actualmente León XIV nos han mostrado y proclaman que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa, y que ningún estado o institución debe coaccionar a las personas a actuar contra su conciencia ni impedirles profesar su fe en privado o en público.
Si queremos saber cómo tal cual es la postura de la Iglesia católica ante lo que es el abrir las puertas a otros credos cristianos, basta con ser partícipes y ver diálogos interreligiosos con mucho éxito.
Por lo tanto, el documento por excelencia e histórico que marca un antes y un después en las relaciones con las grandes tradiciones espirituales, es la declaración Nostra Aetater.
Otro que es de sumo interés en nuestro tema es la Dignitatís Humanae, en la que la Iglesia proclama que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa; marca la postura que a la fecha la Iglesia proclama ante otros credos cristianos.
Como hombres y mujeres de fe tenemos que tomar en cuenta que nuestra apertura y nuestra relación con otras tradiciones siempre tiene que ser en diálogo, respeto y libertad.
Vivamos nuestra fe como Cristo no ha enseñado, viviendo la verdad, pero respetando la dignidad de la persona.
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