Luchemos en este tiempo pascual, al menos por uno de nuestros objetivos
Después de ver y escuchar durante varios años, propongo que luchemos en este tiempo pascual, al menos por uno de los siguientes objetivos.
Primero: hacer crecer nuestras raices… ¿cuáles raíces? La raíz de la fe, la raíz de la esperanza, la raíz de la caridad y la raíz de la razón.
¿Qué hacer para hacerlas crecer? Primero, oración; segundo, reflexión sobre el Evangelio de cada domingo; y tercero, practicar la caridad haciendo una obra de misericordia cada semana.
Segundo objetivo: reafirmar en nuestra mente y en nuestro corazón estas grandes verdades: primera, el Señor Jesús es la Resurrección y la vida… ¡Ha resucitado!
Segunda, quien cree en el Señor Jesús y lo obedece, tendrá la vida para siempre… ¡Resucitará!
Tercera, el Señor Jesús vive con un corazón lleno de amor por nosotros… ¡Hay que sentirlo!
¿Qué hacer para que estas tres grandes verdades entren en nuestra mente y en nuestro corazón?
Primero, hacer oración; segundo, reflexionar en el Evangelio de domingo; y tercero, practicar la misericordia.
Tercer objetivo: grabar en nuestra mente y en nuestro corazón, al menos, tres enseñanzas: primera, es mejor sufrir haciendo el bien, que sufrir haciendo el mal.
Segunda, es mejor morir para vivir, que vivir para morir; y tercera, es mejor reavivar nuestra fe, que reavivar nuestra comodidad o nuestro poder.
Hablar y escuchar son dos grandes dones que Dios nos ha dado, porque estamos creados a su imagen y semejanza.
Hablar y escuchar son dos grandes fuerzas y oportunidades que tenemos como seres humanos; por lo tanto, una gran debilidad de nuestro tiempo es callar y guardar silencio, otra debilidad es estar aislados y vivir sin escuchar y sin hablar.
¡Urge! Hablemos y escuchemos con el fin de aprovechar estos dones y aprovechar estas fuerzas para vencer nuestras debilidades.
Hablar y escuchar es una urgencia con frutos a la puerta, es una necesidad que nos acerca a la paz.
Por no hablar y escuchar hay guerras en el mundo, por no hablar y escuchar hay violencia en los hogares.
Hablar y escuchar es una oportunidad para vivir más sanos y más contentos; por lo tanto, no te quedes sordo y no te quedes mudo: ¡habla y escucha!
Papás: hablen y escuchen, pues los hijos necesitan sus consejos, y los hijos tienen necesidad de ser escuchados.
Maestros: no pierdan la ocasión para hablar y escuchar a sus alumnos.
Hermanos y hermanas: hablando es como enseñamos y escuchando es como aprendemos; por lo tanto, no seamos sordos y mudos.
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