Tres rasgos indispensables de la homilía
Pbro. Lic. Oscar José García
Continuando con nuestro artículo sobre la homilía, hablamos ahora sobre tres rasgos indispensables que debe tener.
Debe partir siempre de la Palabra de Dios que se ha proclamado; debe estar en relación directa con el sacramento, ya que es proclamada en un contexto litúrgico-celebrativo especial: sacramento, tiempo, fiesta.
Debe estar dirigida a un pueblo concreto, con un lenguaje, características culturales, experiencia vital, situación concreta.
Tampoco es una exposición de experiencias o vivencias personales, un momento de avisos o regaños, un momento interminable de repetición de ideas.
“La homilía no es un discurso, un sermón, un ensayo de oratoria, una exégesis bíblica, una catequesis o cátedra de teología dogmática o moral; tampoco es una exposición de experiencias o vivencias, un momento de avisos o regaños, un momento interminable de repetición de ideas”.
La homilía es: anuncio-kerygma; enseñanza-didascalía; exhortación-paráclesis o parenésis; introducción al misterio-mistagogia
La homilía debe decirse desde la sede o desde el ambón, nunca desde el altar ni mucho menos paseando por el pasillo central de la asamblea como si se tratara de una charla o plática común.
No se privilegien los supuestos argumentos “pastorales” sobre el verdadero sentido teológico del misterio.
A CONSIDERAR
Había una higuera seca en el patio de su casa donde vivía, que cuando su nana, harta de sus travesuras, decía: “¡Ay, Felipe! Tú serás santo cuando esa higuera reverdezca”; lo curioso es que, según, la higuera floreció el día de su martirio.
Deja un comentario