† Luchemos en este tiempo pascual, al menos por uno de nuestros objetivos
Después de ver y escuchar durante varios años, propongo que luchemos en este tiempo pascual, al menos por uno de los siguientes objetivos.
Primero: hacer crecer nuestras raices… ¿cuáles raíces? La raíz de la fe, la raíz de la esperanza, la raíz de la caridad y la raíz de la razón.
¿Qué hacer para hacerlas crecer? Primero, oración; segundo, reflexión sobre el Evangelio de cada domingo; y tercero, practicar la caridad haciendo una obra de misericordia cada semana.
Segundo objetivo: reafirmar en nuestra mente y en nuestro corazón estas grandes verdades: primera, el Señor Jesús es la Resurrección y la vida… ¡Ha resucitado!
Segunda, quien cree en el Señor Jesús y lo obedece, tendrá la vida para siempre… ¡Resucitará!
Tercera, el Señor Jesús vive con un corazón lleno de amor por nosotros… ¡Hay que sentirlo!
¿Qué hacer para que estas tres grandes verdades entren en nuestra mente y en nuestro corazón?
Primero, hacer oración; segundo, reflexionar en el Evangelio de domingo; y tercero, practicar la misericordia.
Tercer objetivo: grabar en nuestra mente y en nuestro corazón, al menos, tres enseñanzas: primera, es mejor sufrir haciendo el bien, que sufrir haciendo el mal.
Segunda, es mejor morir para vivir, que vivir para morir; y tercera, es mejor reavivar nuestra fe, que reavivar nuestra comodidad o nuestro poder.
Pbro. Lic. Oscar José García
Continuando con nuestro artículo sobre la homilía, hablamos ahora sobre tres rasgos indispensables que debe tener.
Debe partir siempre de la Palabra de Dios que se ha proclamado; debe estar en relación directa con el sacramento, ya que es proclamada en un contexto litúrgico-celebrativo especial: sacramento, tiempo, fiesta.
Debe estar dirigida a un pueblo concreto, con un lenguaje, características culturales, experiencia vital, situación concreta.
Tampoco es una exposición de experiencias o vivencias personales, un momento de avisos o regaños, un momento interminable de repetición de ideas.
“La homilía no es un discurso, un sermón, un ensayo de oratoria, una exégesis bíblica, una catequesis o cátedra de teología dogmática o moral; tampoco es una exposición de experiencias o vivencias, un momento de avisos o regaños, un momento interminable de repetición de ideas”.
La homilía es: anuncio-kerygma; enseñanza-didascalía; exhortación-paráclesis o parenésis; introducción al misterio-mistagogia
La homilía debe decirse desde la sede o desde el ambón, nunca desde el altar ni mucho menos paseando por el pasillo central de la asamblea como si se tratara de una charla o plática común.
No se privilegien los supuestos argumentos “pastorales” sobre el verdadero sentido teológico del misterio.
A CONSIDERAR
Había una higuera seca en el patio de su casa donde vivía, que cuando su nana, harta de sus travesuras, decía: “¡Ay, Felipe! Tú serás santo cuando esa higuera reverdezca”; lo curioso es que, según, la higuera floreció el día de su martirio.
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