† Un futuro con figuras e imágenes como código para interpretar lo que Dios pide
Te he presentado a mis amigos los Profetas, quienes supieron escuchar a Dios en el contexto histórico que estaba viviendo su pueblo y supieron traducir el mensaje de salvación e invitación a la conversión en sus propias palabras, con su propio estilo literario y según podía entenderlo el pueblo sencillo.
Supieron escuchar a Dios en el contexto histórico que estaba viviendo su pueblo y tradujeron el mensaje de salvación e invitación a la conversión en sus propias palabras, con su propio estilo literario y según podía entenderlo el pueblo sencillo.
Por eso sus oráculos son breves y fáciles de memorizar, y con el paso del tiempo se fueron recogiendo y agrupando en la forma en que han llegado a nosotros actualmente.
Sin embargo, la Palabra que Dios nunca deja de comunicar a su pueblo santo no siempre fue pronunciada ni por la Ley, que es una sola y no se le puede hacer ninguna añadidura ni corrección; ni por los Profetas, que supieron interpretar la Ley como Palabra de Dios y aplicarla a las situaciones concretas del pueblo.
Sino que también fue tomando otras formas literarias propias del devenir de la historia y así es como se pasa de la Profecía a la Apocalíptica.
Podemos considerar la Apocalíptica heredera de la Profecía, pero nunca como un tipo de profecía; más bien llega a anunciar un futuro también inmediato con figuras e imágenes que son un código para interpretar lo que Dios pide al pueblo.
El apocalíptico conoce la realidad divina como modelo ideal a realizar en la concreción histórica y decodifica de tal manera el mensaje que se vuelve necesaria
la interpretación para comprender adecuadamente el mensaje de salvación; así es como surge la Apocalíptica en Israel y en el mundo bíblico.
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