PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Diócesis de Huejutla • Luz de Luz

† El VII obispo de Huejutla cumple una década en la diócesis que lo vio nacer y a la que considera como una madre en su formación y servicio



Platicamos con Mons. José Hiraís Acosta Beltrán, VII obispo de la Diócesis de Huejutla, a 10 años de su ordenación episcopal en la Iglesia particular que lo vio nacer y a la que considera como una madre en el caminar a lo largo de su vida.


¿Cómo se encuentra hoy?

“Estoy muy contento, muy feliz a diez años de estar sirviendo a la Diócesis de Huejutla como obispo que se cumplen el 14 de de marzo”.

“Afortunadamente al ser llamado para este servicio ya conocía la diócesis, pues soy originario de la Diócesis de Huejutla. En una satisfacción de felicidad, alegría y esperanza”.

Nárrenos cómo se dio su llamado

“Fue un momento lleno de felicidad pero también de muchas dudas, de sentimientos encontrados”.

“Previamente me habían nombrado administrador diocesano al quedar vacante la diócesis después de la salida de Mons. Salvador Rangel Mendoza”.

“Entonces como administrador diocesano fui llamado a la Nunciatura Apostólica en enero de 2016, y bueno al ir a la Nunciatura yo esperaba que me dijeran que preparara a la diócesis para recibir al nuevo obispo”.

“Una noticia que yo no esperaba. No me pasaba por la mente de ninguna manera que fuera a ser nombrado obispo”.

“Después de reflexionar ante el Santísimo le presenté al Nuncio algunas objeciones, sobre todo cuestiones de salud e inexperiencia; ante ello me preguntó: ‘Pero confías en el Señor, ¿no?’”.

Y bueno, pues le dije: “Sí, confío en el Señor”. Proseguí: “Bueno, pues estoy dispuesto a servir contando con la ayuda del Señor y de la Santísima Virgen de Guadalupe”. 

¿Dio la noticia o esperó a que lo comunicara la Santa Sede?

“La exhortación del Nuncio es a mantener el secreto, y así me mantuve hasta que la Santa Sede publicó la noticia el 28 de enero. Mientras tanto yo como la Virgen María, guardaba estas cosas en en mi corazón (risas)”. 

¿Su familia cómo lo tomó?

“Mi mamá con mucha alegría, pero también con sus temores. Ella, al ser entrevistada por este medio (Luz de Luz), recuerdo que dijo: ‘Es una gran responsabilidad, una gran misión, pero bueno, pedimos por él para que el Señor lo lo ilumine en esta misión a la que lo ha llamado’”. 

“Mucha alegría también por parte de mis hermanos, familiares y seres queridos”.

¿Recuerda el momento de su ordenación episcopal?

“Fue también de una gran emoción, y al mismo tiempo ya pensaba en la diócesis y en ese gran compromiso que el Señor me encomendaba”.

“Lo viví con mucha fe, con mucha esperanza en que el Señor no me abandonaría, como hasta el momento he experimentado su ayuda, su presencia”.

Descríbanos su escudo episcopal

“En primer lugar el lema: ‘Aquí estoy, envíame’, por el profeta Isaías”.

“Del logotipo, en la diócesis se venera a Totata Jesús, una imagen del Nazareno que es muy querida por la gente, que representa también a Cristo Rey”.

“También un sauce que da referencia al significado de Huejutla, un cerro en alusión al que está en Calnali como parte de la Sierra”.

“Además el símbolo de la cultura náhuatl que significa el habla, la voz, la palabra, la palabra de Dios que se ha de anunciar”. 

¿Cuáles fueron sus primeras renovaciones en la diócesis?

“Lo primero que vimos con el presbiterio fue actualizar el Plan Diocesano de Pastoral, y desde entonces hemos trabajado en cuatro prioridades: ‘Familia y jóvenes’, ‘Realidades emergentes’, ‘Comunión y participación’, e ‘Inculturación del Evangelio’”. 

“Y bueno, esta actividad pastoral se ha iluminado por medio del Proyecto Global de Pastoral de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM)”.

¿Cómo considera que ha sido su caminar como pastor?

“En general han sido años de mucha alegría, de mucha satisfacción, aunque como obispos también nos enfrentamos a varios problemas como la acusación de algunos sacerdotes, también en algunas comunidades de tipo pastoral, la aceptación a los criterios para la la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana”.

“¿Qué es lo que más le gusta de ser obispo?”

“Atender a los sacerdotes en sus dificultades, en sus problemas y también a los pueblos, especialmente a los pueblos originarios que tienen sus dificultades propias”.

“También el acompañar los procesos de pastoral que se van llevando a cabo, tanto a nivel diócesis como en la provincia. Pero también algo importante que debo señalar es la comisión que me ha confiado la CEM, de coordinar el trabajo de la Dimensión Pastoral de Pueblos Originarios a nivel nacional”.

¿Qué es para usted la Diócesis de Huejutla?

“Es la diócesis que me ha formado desde adolescente que llegué al Seminario Menor; es como una madre, la madre Iglesia que ha sido mi formadora”.

¿Objetivos por cumplir?

“Algo importante en lo que hemos estado trabajando es en la construcción de la casa sacerdotal para padres mayores, llevamos dos o tres años en este proyecto de construcción, falta por terminar pero son varias etapas”.

“Algo que me interesa mucho es ver, si no concluida, por lo menos con un gran avance, y que ya puedan vivir allí algunos sacerdotes”.

“Esta casa también tiene como finalidad que sea de encuentros, de retiros, de ejercicios espirituales, de usos múltiples, y bueno, tengo la esperanza de que vamos a ir avanzando”.

Agradecimientos

“Quiero agradecer a a mis hermanos obispos de la provincia: Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez (Diócesis de Tula), Mons. Óscar Roberto Domínguez Couttolenc (Arquidiócesis de Tulancingo) y también a Mons. Domingo Díaz Martínez, arzobispo emérito de la Arquidiócesis de Tulancingo”.

“Pero también agradecer a todo el presbiterio de la diócesis, a la vida consagrada y a todos los laicos por su oración, por su cercanía para conmigo, por el empeño en el trabajo conjunto, a caminar como lo han pedido nuestros últimos dos Papas, en sinodalidad”.

Testimonio

Ha promovido el desarrollo de los pueblos, el amor por la lengua, la práctica de las costumbres y tradiciones, y el amor por la persona humana.

Durante su episcopado se ha preocupado por seminarios, parroquias y sacerdotes.

Un obispo cercano al Pueblo de Dios con atención a las necesidades pastorales, espirituales, administrativas y de caridad.

Las personas lo ven como un pastor comprensivo y humilde.



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† Entronicemos la Sagrada Escritura, meditemos con la Lectio Divina y hagámosla vida, y con ella reavivemos nuestra esperanza

Por: Mons. José Hiraís Acosta Beltrán

Septiembre es el mes dedicado especialmente a las Sagradas Escrituras, por ello es llamado el mes de la Biblia.  El Episcopado Mexicano exhorta a todos los fieles laicos, consagrados y consagradas a celebrar este mes la Palabra del Señor. 

En este año 2025, Año Jubilar de la Esperanza, la Dimensión de Animación Bíblica ofrece un subsidio con meditaciones sobre la esperanza cristiana para meditarlas en comunidad o en familia. Dichas meditaciones tienen la finalidad de conducirnos al encuentro con Cristo o de afianzar nuestro encuentro con Él, que es nuestra esperanza.

Podemos iniciar el mes de la Biblia entronizándola en nuestros templos o capilla, así como en nuestros hogares en una especie de trono o un lugar especial para su veneración y lectura, que se ponga en primer lugar, no solamente como lectura, sino para aplicarla en nuestra vida, de modo que la Palabra de Dios se convierta en un faro para nuestra existencia, así, con la Palabra podemos iluminar nuestras decisiones e inspirar nuestras acciones de acuerdo con la voluntad de Dios. 

Las meditaciones que se nos ofrecen para celebrar la Palabra son: Abraham creyó y esperó (Génesis 15,1-6); Padre: aparta de mí este cáliz (Lucas 22, 39-46); Si morimos con Él, también viviremos con Él (I Corintios 15,1-8. 12-20); Felipe visita Samaria (Hechos de los Apóstoles 8,4-8.4-17); y Alégrate María (Lucas 26-28. 39-42).


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