Por: Pbro. Cutberto Ramírez Gutiérrez
El Concilio en el número 30 reconoce dos aspectos importantes: la misión salvífica de la Iglesia no sólo se logra con la labor y servicio de los pastores, incluso podríamos decir que es insuficiente.
Su tarea de guiar como pastores al pueblo a ellos confiados implica colaborar con ellos, reconocer el bien que hacen a la Iglesia, su servicio y sus carismas en orden a la misma tarea común.
Algo peculiar del laico es que no es un ayudante de los pastores, sino colaborador, y como miembro activo de la Iglesia, Pueblo de Dios, también tiene responsabilidad en la búsqueda de la salvación del mundo.
La Iglesia denomina “laicos” a los bautizados que no participan del estado clerical ni religioso; es decir, que no son curas, ni monjes, ni monjas.
La intención de este día es agradecer y promover su presencia en la vida de la Iglesia: desde su asistencia a Misa y otras celebraciones litúrgicas, hasta pertenecer y participar en diferentes servicios y ministerios laicales. El día del laico se celebra un sábado antes de la Solemnidad de Cristo Rey, por lo que este año se festejará el sábado 22 de noviembre.
Día del Laico
Su origen se remonta a 2018, cuando el beato Anacleto González Flores fue declarado patrono de los laicos mexicanos.
Llamado y testimonio
Desde los cuidados temporales, los laicos están llamados a la tarea evangelizadora y a la construcción del Reino de Dios.
Ellos anuncian el Evangelio y construyen el Reino de Dios desde su testimonio de vida; ellos han sido fortalecidos por la fe y la gracia de la palabra (Cf Hech 2,17-18), por ello el anuncio que hacen del Evangelio es con su palabra y con su testimonio de vida.
Un testimonio importante es el de la familia y la relación entre los cónyuges; la familia cristiana debe proclamar los valores del Reino ya presentes y la esperanza en la vida eterna (Cf LG35).
El alma del mundo
«Como el alma es al cuerpo, los cristianos al mundo» (LG 38), con esta frase de la Carta a Diogneto, el Concilio invita a cada laico, todos juntos, a ser el alma del mundo: ser testigos del Dios vivo.
Hoy en día la Iglesia necesita potenciar la misión de Cristo, hacerla más presente más visible, más plena, y no es fácil vivir la fe en medio de un mundo tan confuso y con realidades tan diversas, pero también tan dolorosas en medio de nuestros pueblos.
Es ahí en donde laicos en comunión y participación con los pastores debemos trabajar para ser verdaderamente el alma del mundo.
Diálogo y servicio
En esta proyección de buscar el alma del mundo debemos de tener entre otras actitudes: respetar y reconocer el valor propio de las cosas temporales en los diferentes ámbitos de la vida, sin pretender subordinar lo temporal al poder religioso.
Tener una actitud de diálogo y de servicio incondicional, no poder dominante o que en lugar de diálogo se vuelva un monólogo.
Buscar colaborar con todos los hombres sin temor, abiertos, firmes en la fe, pero dispuestos al diálogo, buscar, descubrir y reconocer los valores evangélicos que hay en el mundo, y en colaboración promoverlos para hacer presente el Reino de Dios que incluye a todos.
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