Tras los hechos registrados en el país durante este domingo, los obispos de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) emitieron un comunicado dirigido al pueblo de Dios que peregrina en nuestro país.
“En medio de los momentos de violencia que se viven en diversas regiones de nuestro país, como reacción al operativo contra el líder de un grupo criminal, queremos hacernos cercanos a cada uno de ustedes, a sus familias y comunidades compartiendo su preocupación e invitándolos a la prudencia y oración”, se lee en el documento.
Ante ello, los obispos de nuestro país llamaron al Pueblo de Dios a reforzar las medidas de seguridad personal y comunitaria, a resguardarse en sus hogares y evitar desplazamientos innecesarios, atendiendo las indicaciones de las autoridades civiles.
Asimismo, exhortaron a intensificar la oración por la paz que tanto necesita nuestra nación: en las familias, en las parroquias, en la Eucaristía dominical y en cada comunidad.
“Que nuestra oración sea súplica confiada a Jesucristo, Señor de la historia y Príncipe de la Paz; pero también compromiso para ser sembradores de reconciliación y fraternidad”.
Por su parte, el Emmo. Card. José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, exhortó a los fieles a intensificar la oración ante los acontecimientos recientes en la Zona Metropolitana y el interior del estado, pidiendo que no haya personas inocentes afectadas y que retorne la tranquilidad.
Llamó a seguir las indicaciones de las autoridades y a confiar en la intercesión de la Virgen de Zapopan, Patrona y Pacificadora.
Los obispos de México piden a la nación mexicana como Iglesia que sufre, ora y espera, encomendarse a la Virgen de Guadalupe , para que proteja a las familias y restaure la paz.
“Que el Señor nos fortalezca y nos conceda vivir estos momentos unidos, con
prudencia, solidaridad y fe”, concluye el comunicado.
† La Iglesia condena los homicidios de personas que han levantado la voz
Por: Obispos de México
El asesinato de Carlos Manzo, alcalde de Uruapan, que abiertamente desafió el estado violentado que se vivía en su municipio, se suma a una serie de asesinatos de personas que se han atrevido a levantar la voz y enfrentar la falta de Estado de Derecho en sus tierras, comercios y otros espacios.
Hoy ya no basta aprehender al asesino: hay que combatir con determinación la causa de todos estos asesinatos.
La presencia ordinaria de grupos armados, que controlan la vida pública de los ciudadanos en varias regiones del país, es el verdadero crimen a enfrentar; los retenes en carreteras, el despojo de tierras, las amenazas constantes a los productores, comerciantes y gobernantes, reflejan un grave debilitamiento del orden constitucional que los gobiernos, a nivel municipal, estatal y federal están obligados a garantizar.
Como Iglesia seguimos caminando cercanos a nuestros pueblos: sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral, aún en medio de contextos marcados por la violencia, permanecen fieles a su misión de anunciar el Evangelio, acompañar a las comunidades y abrir caminos de esperanza.
La entrega silenciosa y valiente de estas personas es un signo vivo de la presencia de Cristo en medio de su pueblo, recordándonos que la luz nunca se extingue frente a la oscuridad.
Llamamos a todos los mexicanos que están provocando esta violencia fratricida a detenerla y respetar la vida de todos, pues cada hermano es un don de Dios del que se nos pedirán cuentas cuando estemos ante El: "Caín, ¿dónde está tu hermano?" (Gn 4,9).
Nadie nació para hacer el mal y nadie encontrará su camino de felicidad transgrediendo la dignidad de su prójimo.
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