PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Resurrección • Luz de Luz


Es cierto, Jesús murió por nosotros, y durante la Semana Santa lo acompañamos en su Viacrucis, desde la entrada triunfal en Jerusalén hasta su muerte, el Viernes Santo, en el monte Calvario.

Pero su camino no terminó ahí, Él prometió resucitar al tercer día y lo hizo.

Vale la pena también acompañarlo en su Via Lucis que nos lleva a celebrar la Pascua del Señor.

1ª Estación. El sepulcro 

El primer día de la semana, muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena, María la madre de Santiago, Juana y Salomé fueron al sepulcro; llevaban perfumes para ungir el cuerpo de Jesús. 

Iban preocupadas, preguntándose quién movería la piedra, pero al llegar vieron que la piedra ya había sido removida; entraron... y no encontraron el cuerpo del Señor. 

Desconcertadas y con lágrimas en los ojos permanecían fuera del sepulcro, cuando se les apareció una persona con vestidura brillante, y les dijo: «¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo? No está aquí. Ha resucitado.
Recuerden lo que Él les dijo en Galilea».

Las mujeres sintieron miedo... pero también esperanza. En ese momento, Jesús salió a su encuentro y les dijo: «Alégrense. No tengan miedo. Vayan y anuncien a mis hermanos que me verán».

Ellas se postraron ante Él y luego corrieron a dar la noticia.

2ª Estación. Camino a Emaús 

Ese mismo día, dos discípulos caminaban hacia un pueblo llamado Emaús; iban tristes y confundidos. 

Mientras conversaban, Jesús se acercó y caminó con ellos, pero no lo reconocieron; Él les preguntó qué les preocupaba. 

Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: «Lo referente a Jesús, el Nazareno». 

Entonces Jesús les explicó, con paciencia, lo que las Escrituras decían sobre el Mesías: que debía sufrir y luego entrar en su gloria. 

Al llegar al pueblo, el otro discípulo le dijo a Jesús que se quedara con ellos porque ya era tarde. 

Entraron al lugar para poder cenar y se sentaron a la mesa. Cuando Jesús partió el pan, sus ojos se abrieron... y lo reconocieron, pero Él desapareció de su vista.

Entonces se dijeron: «¿No ardía acaso nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». 

En ese mismo momento se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén a donde estaban reunidos los once. 

3ª Estación. Jesús se aparece en el Cenáculo 

Los discípulos estaban reunidos en el Cenáculo, con ellos estaban también algunas mujeres y María, la madre de Jesús; todos permanecían en oración. 

Entonces María, la madre de Jesús, dijo: “No pierdan la esperanza. Él siempre cumple su palabra”. 

De pronto, Jesús se presentó en medio de ellos y dijo: «La paz esté con ustedes».  Ellos se asustaron, pero Jesús les mostró sus manos y sus pies.

Les dijo: «Como el Padre me envió, así también yo los envío», y sopló sobre ellos diciendo: «Reciban el Espíritu Santo. A quienes perdonen los pecados, les quedarán perdonados; a quienes no se les perdonen, les quedarán sin perdonar». 

Los discípulos que venían de Emaús llegaron al Cenáculo y Tomás llegó al tiempo con ellos, entonces le dijeron que habían visto al Señor Jesús, que había resucitado. 

Pero Tomás dijo: “Mientras no vea yo la marca de los clavos en sus manos, y meta mi mano en su costado, no creeré”.

Jesús se acercó a Tomás, y le dijo: «Acerca tu mano y métela en mi costado y no seas incrédulo. Sino hombre de fe»; Tomás exclamó: “¡Señor mío y Dios mío!”.

«Tomás porque me has visto, has creído -le dijo Jesús–, dichosos los que no han visto y sin embargo creen». Y se retiró del lugar. 

4ª Estación. A orillas del Lago de Tiberíades 

Días después, algunos discípulos volvieron a pescar; trabajaron toda la noche... y no pescaron nada; al amanecer Jesús estaba en la orilla, pero no lo reconocieron. 

Él les dijo que echaran la red a la derecha. Lo hicieron... y la red se llenó de peces. Entonces comprendieron: era el Señor. 

Al llegar a tierra las mujeres ya los esperaban, Jesús les dijo: «Traigan los peces y comamos».

Después de comer con ellos, Jesús llamó a Pedro y se alejaron de los demás… le preguntó tres veces si lo amaba. 

Y cada vez que él respondía que sí, Jesús le confió la misión: «Apacienta mis ovejas».

Juan da testimonio de lo que escuchó. 

5ª Estación. La Ascensión 

Días después Jesús llevó a sus discípulos a un monte, cerca de Betania; allí, levantando las manos, los bendijo y les dijo: «Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».

«Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo; permanezcan en la ciudad hasta recibir al Espíritu Santo», continuó. 

Después de decir esto, fue elevado al cielo y una nube lo ocultó de su vista; mientras miraban al cielo, una persona vestida de blanco les dijo: «¿Por qué se quedan mirando al cielo? Así como lo han visto irse, volverá». 

Entonces regresaron a Jerusalén con gran alegría; María caminaba con ellos, fortaleciendo su fe. 

6ª Estación. Elección de Matías y Pentecostés 

En el Cenáculo los apóstoles perseveraban unidos en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús. 

Pedro propuso elegir a uno más para completar el número de los doce, ya que el lugar de Judas nadie lo había tomado aún; oraron... y fue elegido Matías. 

Al llegar el día de Pentecostés, de repente se escuchó un fuerte viento que llenó la casa. 

Aparecieron lenguas como de fuego que se posaron sobre cada uno de ellos; todos quedaron llenos del Espíritu Santo. 

Comenzaron a hablar en distintas lenguas, proclamando las maravillas de Dios, y todos se entendían entre sí. 

La gente se reunió sorprendida, entonces Pedro levantó la voz y anunció: “Dios ha derramado su Espíritu sobre hijos e hijas. Jesús es el Señor”.

Y desde ese día, la Iglesia comenzó su misión. 



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