PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Tradiciones • Luz de Luz

Le han cantado a Veracruz, a San Luis y a Tamaulipas, con gusto le canto a Hidalgo que tiene cosas bonitas. Nicandro Castillo



Para mí es un gran honor poder escribir y hablar de un lugar que me ha permitido conocerlo, estudiarlo, valorarlo y rescatar muchos elementos suyos, llenos de historia, expresión y de identidad que le han dado mucho sentido de ser a esta tierra, la cual quiero, me ha enseñado y me ha dado elementos para mi vida personal y vocacional: hablo sin duda alguna de la “Huasteca hidalguense”.

Te invito a que juntos conozcamos esta parte linda que tiene nuestro estado de Hidalgo, porción de tierra que nos da gran orgullo e identidad porque ha aportado exquisitos y bellos elementos para nuestra identidad nacional.

La Huasteca hidalguense se distingue por tantas expresiones culturales e históricas que contiene, rica en todos los aspectos y por donde la veas, siempre enseñándonos a amar nuestras raíces, memoria, identidad e historia, pues está cargada de tantos elementos constitutivos en su ideario vivencial.      

Ir a la Huasteca es disfrutar de sus olores, magia, sabor y la maravillosa oportunidad de ver la alegría con la que viven.

Observar a un huasteco, a una persona originaria, es ver con profundidad, amor y respeto nuestra identidad, pues ellos aman con tanto fervor su ser, sus raíces y la búsqueda de Dios en sus vidas.

Un elemento importante que podemos contemplar y puede llenarnos de ternura, y aprender de ellos, es la piedad que tienen para acercarse a Dios; ver a un huasteco cuando va a vivir su fe, camina con alegría, paso firme, seguro de sus decisiones.

En una mano un ramo de flores bellas y coloridas recién cortadas, en la otra un copalero con carbón al rojo vivo, humeando con copal, ese incienso que sube a Dios para glorificar su naturaleza; en sus labios el canto y la oración, pero sobre todo es sublime poder observar que en medio de esos elementos que trae consigo, tiene un corazón bien dispuesto, para buscar, encontrar, escuchar y hablar con Dios.

Es de verdad una joya poder contemplar esta hermosa postal de la vida de un pueblo que mantiene viva su memoria y se aferra a seguir existiendo, y que se nos ofrece en la cotidianidad de nuestros días, pues así es Dios nos busca, nos habla y nos llama en esa cotidianidad de nuestra vida.



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