PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Vida Laical • Luz de Luz

Por: Pbro. Cutberto Ramírez Gutiérrez

El Concilio en el número 30 reconoce dos aspectos importantes: la misión salvífica de la Iglesia no sólo se logra con la labor y servicio de los pastores, incluso podríamos decir que es insuficiente.

Su tarea de guiar como pastores al pueblo a ellos confiados implica colaborar con ellos, reconocer el bien que hacen a la Iglesia, su servicio y sus carismas en orden a la misma tarea común. 

La Iglesia denomina “laicos” a los bautizados que no participan del estado clerical ni religioso; es decir, que no son curas, ni monjes, ni monjas.

La intención de este día es agradecer y promover su presencia en la vida de la Iglesia: desde su asistencia a Misa y otras celebraciones litúrgicas, hasta pertenecer y participar en diferentes servicios y ministerios laicales. El día del laico se celebra un sábado antes de la Solemnidad de Cristo Rey, por lo que este año se festejará el sábado 22 de noviembre.

Llamado y testimonio

Desde los cuidados temporales, los laicos están llamados a la tarea evangelizadora y a la construcción del Reino de Dios. 

Ellos anuncian el Evangelio y construyen el Reino de Dios desde su testimonio de vida; ellos han sido fortalecidos por la fe y la gracia de la palabra (Cf Hech 2,17-18), por ello el anuncio que hacen del Evangelio es con su palabra y con su testimonio de vida. 

Un testimonio importante es el de la familia y la relación entre los cónyuges; la familia cristiana debe proclamar los valores del Reino ya presentes y la esperanza en la vida eterna (Cf LG35).

El alma del mundo

«Como el alma es al cuerpo, los cristianos al mundo» (LG 38), con esta frase de la Carta a Diogneto, el Concilio invita a cada laico, todos juntos, a ser el alma del mundo: ser testigos del Dios vivo. 

Hoy en día la Iglesia necesita potenciar la misión de Cristo, hacerla más presente más visible, más plena, y no es fácil vivir la fe en medio de un mundo tan confuso y con realidades tan diversas, pero también tan dolorosas en medio de nuestros pueblos. 

Es ahí en donde laicos en comunión y participación con los pastores debemos trabajar para ser verdaderamente el alma del mundo.

Diálogo y servicio

En esta proyección de buscar el alma del mundo debemos de tener entre otras actitudes: respetar y reconocer el valor propio de las cosas temporales en los diferentes ámbitos de la vida, sin pretender subordinar lo temporal al poder religioso. 

Tener una actitud de diálogo y de servicio incondicional, no poder dominante o que en lugar de diálogo se vuelva un monólogo.

Buscar colaborar con todos los hombres sin temor, abiertos, firmes en la fe, pero dispuestos al diálogo, buscar, descubrir y reconocer los valores evangélicos que hay en el mundo, y en colaboración promoverlos para hacer presente el Reino de Dios que incluye a todos.


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