Felices en la tierra, felices en el cielo
† Estas son las enseñanzas de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei
La felicidad del cielo es para los que saben ser felices en la tierra. Existen personas para quienes esta vida es una aventura maravillosa.
Un deseo de plenitud que los lleva a buscar, en las cosas ordinarias, encontrarse con Dios; que no esperan momentos especiales y extraordinarios ni buscan a Dios allá lejos donde brillan las estrellas, sino en lo menudo de cada día, bien hecho y ofrecido por amor y por servir a los demás.
Estas son las enseñanzas de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, quien dedicó su vida a difundir desde 1928, fecha en que recibió ese encargo de parte de Dios de hacer ver a todas las almas el valor santificador del trabajo ordinario, de forma especial a los laicos, lo cual constituía cierta novedad: hacerse santos en medio del mundo con una tarea secular, amando el mundo sin ser mundanos.
Tal como vivieron los primeros cristianos, pasando desapercibidos, muchas veces sin reconocimiento en este mundo, esperando ese premio del cielo con la condición de que se trabaje procurando realizar lo que tenemos entre manos con la mayor perfección posible dentro de las limitaciones de cada uno.
Repetía San Josemaría: “¡Todo por amor! Este es el camino de la santidad, de la felicidad. Afronta con este punto de mira tus tareas intelectuales, las ocupaciones más altas, lo mismo las más comunes y vivirás muy feliz aquí, y harás felices a quienes estén a tu alrededor”.
“El que tiene la felicidad, el bien, procura darlo a los demás”; este es el camino de quienes Dios llama a su Opus Dei, -que significa: trabajo de Dios.
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