PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Psic. Gerardo de Jesús Sánchez • Luz de Luz


Algunos consideran que amar es una emoción, otros que es un sentimiento y otros que es una meta.

Para Fromm, el amor es un arte que hay que desarrollar; mientras que para Frankl es lo que le puede dar sentido a la vida. 

Lamentablemente las tres primeras percepciones son las que más predominan, de manera que asociándola a una emoción solo “aman” cuando lo sienten. 

Otros lo calculan, lo planifican y7o negocian, y otras personas hacen lo que sea para que los amen (incluso dejarse de amar).

Podemos definir que el amor es un acto de voluntad que implica aprender, reaprender, aceptar, perdonar, perseverar, cuidar y alimentar.

Aprender que el amor no está peleado con la verdad, que aunque es subjetivo (puede estar sujeto a diversas interpretaciones) tiene un objetivo, y es buscar el bien mayor del amado.

Reaprender que me puedo equivocar en las formas y que tal vez otros se equivocaron conmigo, pero se tiene la capacidad de amar y ser amados.

Si buscamos perfección en la imperfección nos vamos a frustrar y desilusionar, pero si nos guiamos en el amor perfecto cada vez lo podemos hacer mejor.

Aceptar que el otro es diferente a nosotros, pero igualmente merecedor y emisor de amor; que el otro tiene un pasado que no lo define, pero lo puede condicionar para llevar a cabo esa importante labor.

Perdonar es ir al pasado y regresar sano y salvo, y es que tal vez algunos no nos amaron como queríamos, sino como podían (hay varios lenguajes del amor). 

Tal vez a otros les ganaron sus miedos y otros quizá no aprendieron, se quedaron en sus heridas emocionales; mirar atrás sería indispensable para entenderlos y comprendernos.


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Comúnmente nos damos cuenta que más cosas ya no duran como antes, pierden funcionalidad o sólo por no ser la versión moderna terminan descartadas.

El ser humano se deja llevar por sus sentidos, por la apariencia, una bonita imagen, el olor a nuevo, el elogio de terceros.

En pocas palabras son reforzadores del ego; es decir, ponen en opiniones y cosas el valor de su persona, cuando nuestra valía es intrínseca, dada de forma natural, independientemente de lo que tengamos o hagamos.

Resulta que una postura así termina perjudicando a nosotros y a los que nos rodean, incluyendo el medio ambiente; aquí se distingue entre compensar y reparar.

Un ejemplo sería cuando se descuida a los seres queridos y luego se quiere compensar llenándolos de regalos o cosas que no siempre necesitan, por el contrario una postura reparadora sería no perder el tiempo en cosas innecesarias o secundarias y priorizar en el ser querido; es decir, cambiar desde la voluntad y no actuar por la culpa.


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El pasado 10 de octubre celebramos el Día Mundial de la Salud Mental, por lo que es indispensable atenderla ya que afecta todas las áreas de vida. 

Una persona con malestar o enfermedad mental puede perder la capacidad de disfrutar su vida y afectar inadecuadamente la de los demás, disminuir considerablemente su rendimiento académico, laboral, interacción social, descuidar diversas responsabilidades en el ámbito familiar, económico y de su salud en general, principalmente al no tener adherencia a los tratamientos médicos y de otras especialidades, y ponerse en situación de riesgo siendo propensa a excesos o negligencias. 

Esto ha aumentado porque muchas personas descuidan su salud mental al estar distraídos en acumular bienes materiales, físicos, intelectuales y/o económicos; se sobreestimulan en una área de sus vidas pero descuidan las otras.

Pero ¿qué significa salud? La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que es un estado completo de bienestar biológico, psicológico y social, y no sólo la ausencia de enfermedades. 

Por salud mental podríamos añadir que es el equilibrio en nuestras áreas de vida, estar satisfechos por lo que realizamos y tenemos, aceptación de nuestro pasado y motivación y confianza para emprender objetivos nuevos.

Es decir que cuidar y fomentar nuestra salud mental es un reto imprescindible de asumir, ya que requiere una atención integral.

Nuestro cuerpo y la sociedad estarán funcionando favorablemente a medida de que la mente esté sana y paradójicamente lo va a estar a medida que se vea contribuida por los dos elementos primeros (físico y social).

Implica el autocuidado, la ayuda inteligente al otro (darle al otro lo que él necesita más allá de lo que pida siempre y cuando no lo pueda alcanzar por sí mismo), construir adecuadas redes de apoyo y el cuidado de la casa común, como diría su Santidad el Papa Francisco, que en gloria esté.

Del autocuidado podemos considerar cinco puntos: estimulación cognitiva, actividad física, higiene del sueño (dormir adecuadamente), alimentación saludable y desarrollo de inteligencia emocional (equilibrio entre la emoción y la razón).


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Según el conductismo (corriente psicológica) menciona que un estímulo neutro (suceso) es capaz de producir la misma respuesta de un estímulo incondicionado cuando estos se presentan continuamente juntos. 

Esto lo menciono como antecedente porque es llamativo cómo en el mes de septiembre, y otras fechas en las que se conmemoran fiestas, a algunos les genera angustia, miedo y ansiedad, entre otras sensaciones, emociones y sentimientos “negativos”; mientras que a otros les incita a la alegría, júbilo, euforia y amor.

Esto podría revelarnos y reafirmarnos que nuestras respuestas no dependen de los sucesos en sí mismos, si no de cómo los interpretamos y a qué los asociamos. 

Por tanto, hay que tener cuidado de qué pensamos y cómo lo pensamos: conviene que nuestras ideas provengan de verdades absolutas las cuales emanan de Dios y que actuemos coherentemente porque si no vivimos como pensamos, vamos a terminar pensando como vivimos.


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Nuestra historia, sentimientos  y emociones pueden ser sanados en la medida que asumamos nuestras heridas: Dios sana y transforma cada etapa de la vida para que demos fruto en abundancia. 

Hay dos expresiones a las cuales convendría ponerle atención: lo que no hablas te somete, lo somatizas, expresándose en el cuerpo con enfermedades, y el que no conoce su historia estará condenado a repetir los mismos errores. 

Probablemente todos hemos tenido alguna herida emocional (a veces desde la gestación), porque uno de los cimientos de nuestra personalidad es la historia de vida; algunas personas experimentaron estas heridas provocadas por sus padres o sus tutores, cuando son los primeros que tendrían que amarlos.  

Es crucial recordar que los niños tienen derecho a unos padres y no al revés; es decir, los pequeños requieren de educadores adecuados con salud integral.  

Los padres les han quedado a deber a algunos de los niños, porque a veces sus progenitores traen cargando sus propias heridas, ven en sus vástagos la extensión de su ser y creen tener la oportunidad de alcanzar sus propios deseos en ellos.  

Por ejemplo, un papá que de niño anheló ser futbolista, y presiona u obliga para que el pequeño desarrolle habilidades en este deporte sin consultarlo ni observar si tiene capacidad para ello o si es de su agrado.  

Se les olvida a algunos papás que los niños a pesar de su edad tienen derechos, y que aún cuando estén bajo tutela tienen su propia individualidad. 

Al final el hijo no tiene la culpa de nada y es importante sanar nuestro pasado para no ponerles una carga que no les corresponde.  

No es fácil educar, será más fácil ver si somos capaces de perdonar a nuestros propios padres, ya que en la mayoría de los casos hicieron lo mejor que pudieron con los recursos que tenían.  

Los hijos se equivocan y generalmente no lo hacen con malicia, aunado a que para que aprendan de esos errores necesitan ser corregidos con sabiduría, de lo contrario no hay aprendizaje.  

Hay que emplear toda nuestra energía en sanar, enfocarse en el crecimiento humano y espiritual en la realización de nuestra meta o ideal personal: sí es posible renacer, revivir y resurgir, desarrollándonos armoniosamente. 


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