Diversos reportes de tendencias digitales señalan que la palabra ‘Therian’ incrementó hasta en 500 % sus búsquedas en internet durante la última semana, lo que refleja un interés creciente entre adolescentes y jóvenes.
Su expansión masiva se consolidó entre 2020 y 2024 en plataformas como TikTok e Instagram, particularmente en generaciones de entre 12 y 18 años.
Se trata de adolescentes y jóvenes que atravesaron una etapa crucial de su desarrollo —entre los 8 y 14 años— en pleno confinamiento por Covid-19 (2020–2022), marcada por aislamiento social, clases virtuales y una disminución significativa del contacto físico.
Estudios internacionales sobre el impacto de la pandemia reportaron un aumento en sentimientos de soledad y dificultades de socialización en población adolescente, un contexto en el que la construcción de identidad migró con mayor fuerza al entorno digital y el sentido de pertenencia adquirió un papel central.
De acuerdo con información difundida por la agencia El País México, el repunte en búsquedas posicionó el concepto en la conversación pública.
La tendencia, que surgió en Europa, se extendió a Sudamérica y en cuestión de días llegó a México, incluso a la ciudad de Pachuca, en la Provincia de Hidalgo, donde una convocatoria que comenzó como broma derivó en un encuentro de curiosos que acudieron a una cita de ‘Therians’ sin la presencia de integrantes de esta comunidad.
En medio del debate digital, el medio local Al Día Noticias reportó que, tras un sondeo realizado en la capital hidalguense, estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) consideraron que el fenómeno responde más a una tendencia viral que a una identidad consolidada.
El apunte psicólogico
¿Qué es un Therian? Por su definición etimológica viene de un vocablo griego que significa “bestia”.
Son personas que se identifican interna o espiritualmente con animales no humanos; aunque son conscientes de su corporeidad y realizan actividades humanas, pueden estar en modo shift (estado en el que adoptan conductas de un animal específico).
Es una tendencia que principalmente se está dando en la adolescencia, etapa en la que el individuo se encuentra en una fase de desarrollo cerebral y de madurez.
El cerebro reorganiza la identidad, algo que puede surgir desde la infancia al percibirse el individuo como extraño, por tanto habría que considerar qué es lo extraño.
Para fines prácticos diríamos que lo extraño es lo diferente, por consiguiente, probablemente todos lo hemos experimentado, ya que nuestra naturaleza es ser distintos en expresividad, en formas, aunque semejantes en dignidad.
La cuestión es que algunas personas perciben esas diferencias más enfatizadas en ellos, y el origen se da cuando no se aceptan precisamente estas diferencias y esa individualidad, lo cual ameritaría que surgiera en las familias.
Cuando no se valida a la persona, sus emociones y sus necesidades como la de construir su concepto muchas veces está sesgado por estigmas, estereotipos, prejuicios y/o etiquetas.
Así van creciendo las personas, creyendo ser lo que no son, y cuando encuentran en redes sociales y en internet, que no son los únicos que se sienten extraños, ven satisfecha otra de sus necesidades que es la de pertenencia, lo cual implica también tener voz y ser escuchados, tener la sensación de protección, de fortaleza y libertad.
Estas características que predominan en las especies con las que se identifican, que generalmente andan en manada, se rigen por el instinto, sienten y atienden lo inmediato y práctico.
Por tanto, este fenómeno ‘Therian’ puede ser ontológico (rama de la metafísica que estudia el ser), y sus cuatro principios son: de identidad, de no contradicción, del tercero excluido y razón suficiente.
Los podríamos resumir en que el ser es y no puede dejar de ser, por lo que la esencia es lo que permanece, aunque se corre el riesgo de creer que se es y actuar, por consiguiente se generaría un conflicto de percepción y de un autoconcepto erróneo; quiero decir que las palabras tienen un gran poder, que las personas van a comportarse como creen que son.
Tal cual, como lo sugiere Paul MacLean, con su modelo de cerebro triuno, en el que menciona que el cerebro humano se integra de 3 estructuras.
Cerebro reptiliano: compuesto por el cerebelo, vital para actividades motrices y el tronco encefálico, encargado de trasmitir información sensorial; podríamos decir que se rige por el instinto.
Cerebro límbico: es el que compartimos con los mamíferos y que se rige por las emociones.
Neocorteza: es propio de los seres humanos, el cerebro más evolucionado que se distingue de los otros dos por el lenguaje, raciocinio y la voluntad.
De tal manera que aunque tendamos al instinto de supervivencia, experimentemos sucesos desagradables como la traición, la anulación, el rechazo, el juicio entre otros, podemos gestionar las emociones, albergar sentimientos favorables, analizar las experiencias objetivamente e inclinar nuestra voluntad para elevar nuestra esencia y no atormentarnos por el pasado o futuro.
Los seres humanos estamos llamados a trascender, somos seres sociales, afectivos y necesitamos del otro, somos influenciados por el entorno, por nuestra historia de vida, pero esta no nos define, poseemos autodeterminación.
En conclusión, una persona que sigue la tendencia therian no está mal de sus facultades mentales; es diferente (como todos lo somos).
Tiene necesidades (al igual que todos), dentro de las principales aparte de las fisiológica, está la de autoconocimiento y de autoaceptación, y como diría Maslow, de autorrealización.
Sin embargo, no se basta solo para lograrlo, necesita construir vínculos sociales y afectivos sanos que lo impulsen a desarrollar todas sus potencialidades y requiere de contacto físico - psicológico desde el amor y no la cosificación.
Estamos en el entendido de que se trata de una tendencia en redes sociales, aunque estas expresiones deben analizarse con cautela, como los mismos jóvenes lo piden.
Basta recordar lo advertido por el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (JMCS) de 2019, en el que describió al internet como un lugar rico en recursos, pero también peligroso.
Y en el que señala que «las redes sociales pueden aumentar el aislamiento si se usan mal y aboga por una red que ayude a reconocer la dignidad de cada ser humano».
Algunos consideran que amar es una emoción, otros que es un sentimiento y otros que es una meta.
Para Fromm, el amor es un arte que hay que desarrollar; mientras que para Frankl es lo que le puede dar sentido a la vida.
Lamentablemente las tres primeras percepciones son las que más predominan, de manera que asociándola a una emoción solo “aman” cuando lo sienten.
Otros lo calculan, lo planifican y7o negocian, y otras personas hacen lo que sea para que los amen (incluso dejarse de amar).
Podemos definir que el amor es un acto de voluntad que implica aprender, reaprender, aceptar, perdonar, perseverar, cuidar y alimentar.
Aprender que el amor no está peleado con la verdad, que aunque es subjetivo (puede estar sujeto a diversas interpretaciones) tiene un objetivo, y es buscar el bien mayor del amado.
Reaprender que me puedo equivocar en las formas y que tal vez otros se equivocaron conmigo, pero se tiene la capacidad de amar y ser amados.
Si buscamos perfección en la imperfección nos vamos a frustrar y desilusionar, pero si nos guiamos en el amor perfecto cada vez lo podemos hacer mejor.
Aceptar que el otro es diferente a nosotros, pero igualmente merecedor y emisor de amor; que el otro tiene un pasado que no lo define, pero lo puede condicionar para llevar a cabo esa importante labor.
Perdonar es ir al pasado y regresar sano y salvo, y es que tal vez algunos no nos amaron como queríamos, sino como podían (hay varios lenguajes del amor).
Tal vez a otros les ganaron sus miedos y otros quizá no aprendieron, se quedaron en sus heridas emocionales; mirar atrás sería indispensable para entenderlos y comprendernos.
Comúnmente nos damos cuenta que más cosas ya no duran como antes, pierden funcionalidad o sólo por no ser la versión moderna terminan descartadas.
El ser humano se deja llevar por sus sentidos, por la apariencia, una bonita imagen, el olor a nuevo, el elogio de terceros.
En pocas palabras son reforzadores del ego; es decir, ponen en opiniones y cosas el valor de su persona, cuando nuestra valía es intrínseca, dada de forma natural, independientemente de lo que tengamos o hagamos.
Resulta que una postura así termina perjudicando a nosotros y a los que nos rodean, incluyendo el medio ambiente; aquí se distingue entre compensar y reparar.
Un ejemplo sería cuando se descuida a los seres queridos y luego se quiere compensar llenándolos de regalos o cosas que no siempre necesitan, por el contrario una postura reparadora sería no perder el tiempo en cosas innecesarias o secundarias y priorizar en el ser querido; es decir, cambiar desde la voluntad y no actuar por la culpa.
El pasado 10 de octubre celebramos el Día Mundial de la Salud Mental, por lo que es indispensable atenderla ya que afecta todas las áreas de vida.
Una persona con malestar o enfermedad mental puede perder la capacidad de disfrutar su vida y afectar inadecuadamente la de los demás, disminuir considerablemente su rendimiento académico, laboral, interacción social, descuidar diversas responsabilidades en el ámbito familiar, económico y de su salud en general, principalmente al no tener adherencia a los tratamientos médicos y de otras especialidades, y ponerse en situación de riesgo siendo propensa a excesos o negligencias.
Esto ha aumentado porque muchas personas descuidan su salud mental al estar distraídos en acumular bienes materiales, físicos, intelectuales y/o económicos; se sobreestimulan en una área de sus vidas pero descuidan las otras.
Pero ¿qué significa salud? La Organización Mundial de la Salud (OMS) dice que es un estado completo de bienestar biológico, psicológico y social, y no sólo la ausencia de enfermedades.
Por salud mental podríamos añadir que es el equilibrio en nuestras áreas de vida, estar satisfechos por lo que realizamos y tenemos, aceptación de nuestro pasado y motivación y confianza para emprender objetivos nuevos.
Es decir que cuidar y fomentar nuestra salud mental es un reto imprescindible de asumir, ya que requiere una atención integral.
Nuestro cuerpo y la sociedad estarán funcionando favorablemente a medida de que la mente esté sana y paradójicamente lo va a estar a medida que se vea contribuida por los dos elementos primeros (físico y social).
Implica el autocuidado, la ayuda inteligente al otro (darle al otro lo que él necesita más allá de lo que pida siempre y cuando no lo pueda alcanzar por sí mismo), construir adecuadas redes de apoyo y el cuidado de la casa común, como diría su Santidad el Papa Francisco, que en gloria esté.
Del autocuidado podemos considerar cinco puntos: estimulación cognitiva, actividad física, higiene del sueño (dormir adecuadamente), alimentación saludable y desarrollo de inteligencia emocional (equilibrio entre la emoción y la razón).
Según el conductismo (corriente psicológica) menciona que un estímulo neutro (suceso) es capaz de producir la misma respuesta de un estímulo incondicionado cuando estos se presentan continuamente juntos.
Esto lo menciono como antecedente porque es llamativo cómo en el mes de septiembre, y otras fechas en las que se conmemoran fiestas, a algunos les genera angustia, miedo y ansiedad, entre otras sensaciones, emociones y sentimientos “negativos”; mientras que a otros les incita a la alegría, júbilo, euforia y amor.
Esto podría revelarnos y reafirmarnos que nuestras respuestas no dependen de los sucesos en sí mismos, si no de cómo los interpretamos y a qué los asociamos.
Por tanto, hay que tener cuidado de qué pensamos y cómo lo pensamos: conviene que nuestras ideas provengan de verdades absolutas las cuales emanan de Dios y que actuemos coherentemente porque si no vivimos como pensamos, vamos a terminar pensando como vivimos.
Nuestra historia, sentimientos y emociones pueden ser sanados en la medida que asumamos nuestras heridas: Dios sana y transforma cada etapa de la vida para que demos fruto en abundancia.
Hay dos expresiones a las cuales convendría ponerle atención: lo que no hablas te somete, lo somatizas, expresándose en el cuerpo con enfermedades, y el que no conoce su historia estará condenado a repetir los mismos errores.
Probablemente todos hemos tenido alguna herida emocional (a veces desde la gestación), porque uno de los cimientos de nuestra personalidad es la historia de vida; algunas personas experimentaron estas heridas provocadas por sus padres o sus tutores, cuando son los primeros que tendrían que amarlos.
Es crucial recordar que los niños tienen derecho a unos padres y no al revés; es decir, los pequeños requieren de educadores adecuados con salud integral.
Los padres les han quedado a deber a algunos de los niños, porque a veces sus progenitores traen cargando sus propias heridas, ven en sus vástagos la extensión de su ser y creen tener la oportunidad de alcanzar sus propios deseos en ellos.
Por ejemplo, un papá que de niño anheló ser futbolista, y presiona u obliga para que el pequeño desarrolle habilidades en este deporte sin consultarlo ni observar si tiene capacidad para ello o si es de su agrado.
Se les olvida a algunos papás que los niños a pesar de su edad tienen derechos, y que aún cuando estén bajo tutela tienen su propia individualidad.
Al final el hijo no tiene la culpa de nada y es importante sanar nuestro pasado para no ponerles una carga que no les corresponde.
No es fácil educar, será más fácil ver si somos capaces de perdonar a nuestros propios padres, ya que en la mayoría de los casos hicieron lo mejor que pudieron con los recursos que tenían.
Los hijos se equivocan y generalmente no lo hacen con malicia, aunado a que para que aprendan de esos errores necesitan ser corregidos con sabiduría, de lo contrario no hay aprendizaje.
Hay que emplear toda nuestra energía en sanar, enfocarse en el crecimiento humano y espiritual en la realización de nuestra meta o ideal personal: sí es posible renacer, revivir y resurgir, desarrollándonos armoniosamente.
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