Miss. Sofía: mujer de fe, mujer de Iglesia
† Sofia Olvera Cortés esta por cumplir 95 años de edad, de los que 70 fueron dedicados al servicio en La Merced y 50 a la Academia Minerva. Mujer de fe que le entregó su vida a Dios en la Arquidiócesis de Tulanincgo
En una entrevista que había quedado en el tintero, Luz de Luz pudo platicar con la señorita Sofía Olvera Cortés, mujer de fe que le dedicó su vida a la Iglesia de Tulancingo.
Alegre, sonriente, pasiva, atenta y sincera, así atendió cada una de las preguntas realizadas para permitirnos conocer más de ella y de su intención, desde muy joven, de ofrecer su servicio en la capilla de La Merced, donde ha visto el paso de varios rectores del Seminario de Tulancingo.
Contrariada por las cámaras y luces, la señorita Sofía llegó un tanto nerviosa a La Merced, foro testigo de su vida, templo que si hablara daría grandes referencias de ella como ejemplo de mujer.
Tomó asiento mientras le era colocado el micrófono y realizábamos las últimas pruebas en las cámaras, pero mientras soltaba una que otra broma para amenizar la espera.
Luego comenzó a hablar de su historia que se remonta a los años de 1950, cuando decidió adherirse por completo a la que llama su iglesia, La Merced.
Su iglesia La Merced
“Ha sido mi iglesia, se puede decir, siempre fue mi iglesia por la cercanía a la casa (su casa), y también porque aquí he tenido muchas gracias que el Señor Dios me ha concedido”, explicó.
Sacerdotes y capellanes
Sentada frente a la cámara y teniendo la vista de la nave del templo histórico ubicado en Tulancingo, accedió a que le llamáramos Miss, como se dirigían a ella en el Seminario de San José.
Luego, a pregunta expresa sobre sacerdotes que recodaba puso en la lista al primer capellán de La Merced, Martiniano Sagaón Hernández; también mencionó a los sacerdotes Andrés Olivares Alvarado, Juan Bautista Salinas, Jorge Luis Anaya Merino, Tomás Roque Cruz, Jorge Martínez Ángeles, Mario Reyes Jiménez, Gerardo Pérez García, Germán Gallegos Espinoza y José Luis Moreno Enríquez.
Al hablar de los señores obispos de Tulancingo mencionó a Mons. Miguel Darío Miranda y Gómez, Mons. Adalberto Almeida y Merino; y con mucho cariño a Mons. Pedro Arandadíaz Muñoz y Mons. Domingo Díaz Martínez.
La señorita Sofía también compartió que ya pudo conocer a Mons. Roberto Domínguez Couttolenc, actual arzobispo de Tulancingo, de quien dijo ser “un hombre muy preparado”.
Benjamín, su padre
La memoria la llevó a acordarse de su señor padre, el señor Benjamín, como el hombre que siempre le inculcó empezar el día encomendándose al Señor con un canto que con gustó entonó.
“Él me inculcó siempre el amor a la Eucaristía, y este canto lo llevaré hasta que muera”, dijo.
La señorita Sofía fue hija de Benjamín y Luciana, y tuvo cuatro hermanos: Cecilia, Carlos, Lauro y Victoria.
Servicio
Motivada por el ejemplo de su papá, Miss fue adentrándose en el servicio a Dios y a la Iglesia, lo que hizo pedirle al padre Andrés Olivares ser servidora en La Merced.
La señorita recordó aquel día en el que se acercó al padre: “Yo quisiera que me dejara venir a servirles a ustedes aquí sin que me paguen ni un centavo (sic)”.
Tras la positiva respuesta del capellán, Miss Sofía se metió de lleno a servir en La Merced.
“Hacía de todo. Oficinas, servicio del altar y hasta la contabilidad llevaba aquí”, compartió su sobrina Amelia Olvera.
“Que el cáliz tuviera las formas necesarias para la consagración, todo el servicio del altar, como si hubiera sido ya, digamos, una especie de sacristán o acólito”, agregó la señorita.
Su servicio comenzó a establecerse, tanto que los momentos se convirtieron en semanas y meses que llevaron a cumplir 70 años en el servicio de La Merced.

El Seminario
“¿Cómo le digo, señorita Sofía o le digo miss?”, le pregunté al inicio de la entrevista; “Miss, usted me recuerda a mis alumnos”, fue su respuesta.
El sobrenombre le fue dado en el Seminario de Tulancingo a donde llegó a dar clases por invitación del padre Germán Gallegos.
“Nos entendimos el padre Germán y yo, iba según a dar clases (sic), pero sí ayudé en ese sentido al Seminario”, expresó.
Academia Minerva
Previo a la entrevista, Luz de Luz tuvo acceso a álbumes de fotografías que la hicieron recordar grandes momentos de su vida como la Academia Minerva que dirigió durante 50 años.
“Daba clases de principios de contabilidad, de matemáticas, aritmética y algo de álgebra, taquigrafía, mecanografía, de moral”, recuerda.
“Tengo muchos recuerdos de la academia”, dijo al mencionar la encomienda que le dio el capellán Martiniano Sagaón.
El grupo de danza
“Ahí como dicen sí me volé la barda”, expresó la señorita Sofía al recordar el grupo de danza que formó para bailar, e incluso llevar esos números a la Basílica de Guadalupe cada 8 de diciembre.
“Era por medio de la danza alabar a Dios y a María Santísima. Esa fue la finalidad con que yo abrí este grupito”, compartió.
Y es que de acuerdo con la señorita Sofía, el grupo le dio mucha satisfacción pues ella también lo veía como “un ganchito” para acercar a la gente a Dios.
“Gracias a la danza algunos de ellos llegaron a convertirse a nuestro Señor. Hubo gente que hasta se tuvo que bautizar porque no estaba ni bautizado”, agregó.
La danza se convirtió en su pasatiempo favorito, tanto que lo sigue practicando: “Hasta la fecha todavía ya así de vejestoria como soy (sic). Luego pone Reina, mi sobrina, sus músicas y yo le estoy dando (sic)”.
Entrega
“Me entregué a servir con alma, cuerpo y corazón”, dijo textual durante la entrevista al ahondar en su servicio como mujer a la Iglesia.
“Para mí era un gusto estar al cien por ciento aquí. Con toda entrega, con todo mi corazón estuve. Lo feliz que pude tener en la vida, lo tuve aquí, por esa señora que le dicen La Merced, esa señora del cielo que es la madre de Dios”, compartió.
Su familia
Por un tiempo la señorita Sofía vivió en una casa ubicada frente a la capilla de La Merced, pero con el paso de los años y de su edad, su familia decidió regresarla a su casa para brindarle los cuidados necesarios.
A sus próximos 95 años de edad, Miss puede caminar apoyada por sus sobrinas que se encargan de ella: “Reina y Amelia me han tratado con mucha caridad, lo cual le agradezco a Dios y le digo que las bendiga”.
Testimonio
Humilde en razón de su servicio se mantuvo la señorita Sofía durante la entrevista, pero no dudó en compartir que vivió momentos de alegría.
“Un gusto el que el Señor me haya concedido servir aquí en la capilla, para mí es un regalo que Dios me dio, un regalo de aquellos que no se pueden pagar con nada. Con eso digo todo”, compartió.
Mensaje
Al final de la entrevista, la señorita Sofía quiso enviar un mensaje a familia, amigos, sacerdotes, obispos y fieles que la recuerdan.
“Lo único que puedo decirle a todas esas personas, lo único que puedo desearles es que Dios los bendiga siempre y que cumplan su santísima voluntad bajo la mirada de María de Guadalupe”.

Director Luz de Luz
Periodista
Coordinador de la Pastoral de la Comunicación en la Provincia de Hidalgo
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