Aunque instituciones, gobiernos e incluso la prensa así los vea, las personas desaparecidas no son una cifra, no son una estadística.
“Detrás de cada número hay un nombre. Detrás de cada nombre hay una historia. Y detrás de cada historia hay una familia que espera”, dice la Iglesia en México en torno a una lamentable realidad en el país.
Se trata de 133 mil 915 personas reportadas como desaparecidas, de las cuales, según reportes oficiales, 759 casos competen a Hidalgo, en municipios como Pachuca, Mineral de la Reforma, Tulancingo, Tizayuca y Tula, inmersos en nuestra Provincia Eclesiástica.
La Iglesia ha dado el primer paso y atendió el llamado del Diálogo Nacional de la Paz: abrir los templos a colectivos, escucharlos y actuar. Mucho habrá tenido que ver el encuentro de los líderes de este movimiento con Pietro Parolin, secretario de estado del Vaticano, en su más reciente visita a México.
Hasta antes la Iglesia ya actuaba con buzones de paz en la Arquidiócesis Primada de México, estrategia que ha permitido dar con el paradero de desaparecidos o en el peor de los casos, encontrar sus restos.
Los templos han sido abiertos, el primer paso está dado, pero falta por hacer… alguna vez el Papa Francisco se refirió a la ‘escucharoterapia’ como esa forma de acompañar al que sufre, al que necesita ser escuchado.
Las madres buscadoras buscan a sus hijos, y en esa incesante búsqueda necesitan acompañamiento con la oración, la escucha y acciones que los acerquen a lo que han perdido por años.
En voz de Mons. Oscar Roberto Domínguez Couttolenc: “Nosotros, como cristianos, no podemos normalizar la desaparición de una persona”.
No seamos indiferentes.
† Hidalgo se sumó a la exigencia de familias buscadoras en todo el país y abrió las puertas de los templos para recibir a colectivos y víctimas de las desapariciones forzadas
El Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, la Iglesia en México se sumó a la exigencia de las madres buscadoras ante la tragedia de la desaparición de miles de personas y el sufrimiento de sus familias.
“¿Dónde están?” es la pregunta convertida en una de las expresiones más dolorosas de la crisis de violencia en México, con 133 mil 915 personas reportadas como desaparecidas y 72 mil restos humanos sin identificar hasta mayo de este año.
El Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, Mons. Oscar Roberto Domínguez Couttolenc presidió la Misa “En Memoria de su Vida y de Esperanza en su Encuentro”.
La Basílica Menor de Santa María de Guadalupe, en Pachuca, abrió sus puertas para recibir a familias buscadoras, colectivos y víctimas de las desapariciones forzadas en Hidalgo.
“Nosotros no podemos aceptar como normal la desaparición de una persona”, enfatizó el arzobispo de Tulancingo ante representantes de Pastoral Social y Cáritas Tulancingo y feligreses de la capital del estado.
La Iglesia en Hidalgo acompañó en oración a quienes buscan, al recordar que la fe no es indiferente ante el dolor, la injusticia y la violencia.
Ante esta realidad, Mons. Óscar Roberto exhortó a sacerdotes y agentes de pastoral a acercarse y acompañar a las familias buscadoras, particularmente en sus necesidades espirituales.
En su homilía, Mons. Oscar Roberto Domínguez Couttolenc hizo un enérgico llamado a no normalizar las desapariciones: “La fe no nos permite acostumbrarnos al mal, a la violencia, a la injusticia, a la corrupción, a la indiferencia”.
El arzobispo de Tulancingo indicó que algunas veces la vida conduce por caminos incomprensibles, difíciles, y puede la persona perder el control, pero eso no significa que Dios la haya abandonado.
“Esta situación, sin duda, es la que experimentan padres, madres, hijos, hijas, esposos, esposas, familiares, amigos, que buscan a sus seres desaparecidos, peregrinando por calles, por tantos lugares, hospitales, cárceles, procuradurías, en la morgue y tantos otros. Han aprendido a buscar porque la fe y el amor no les permite abandonar al ser querido”.
“La fe no nos permite considerar que el mal sea algo normal”, reiteró Domínguez Couttolenc al mencionar que cuando una persona desaparece y la hacer parte de la estadística, la fe de una búsqueda, a pesar del dolor, se convierte en caridad y compromiso.
“Dios no acepta la violencia como algo normal ni tampoco la justifica. Es por eso que la fe no permite que un creyente se acostumbre al mal. Así que no podemos aceptar como normal la desaparición de una persona”, expresó.
Si bien María Olivia Morales Tovar no es originaria de Hidalgo, su hijo sí desapareció en el estado: “Unos amigos se lo llevaron al panteón de Atotonilco de Tula, y de allí fue donde mi hijo desapareció”.
Luis Lorenzo Miranda Morales se encuentra desaparecido desde hace cinco años, cuando acudía a dejarle flores a una de sus amigas fallecida; “el día que mi hijo desapareció fue el 23 de enero del 2021”, recuerda su madre.
María Olivia Morales cuenta con poca familia en Huehuetoca, Estado de México, de donde es oriunda; recibió, en un principio, apoyo y respaldo de vecinos y amigos, pero después tuvo que continuar sola.
Ella se mantiene en busca de su hijo y ha encontrado en la comunidad parroquial del Señor de la Misericordia esa cercanía y escucha para no perder la fe en su búsqueda diaria.
“Lo que más necesitaríamos de los sacerdotes es que se tomen un momento y escuchen nuestro dolor. El cómo nos sentimos, el cómo andamos. Y también ellos tienen la forma de difundir este mensaje de hijos, de padres o hermanos desaparecidos”.
José Francisco García Reyes, de la Comisión de Búsqueda de Personas en el Estado de Hidalgo, dio a conocer que actualmente trabajan en 749 casos de desaparición en la entidad: 43 % corresponde a hombres, 21 %a mujeres y entre 31 y 33 % a niñas, niños y adolescentes.
Los municipios que concentran el mayor número de casos son Pachuca, Mineral de la Reforma, Tulancingo, Tizayuca y Tula.
“Detrás de cada número hay un nombre. Detrás de cada nombre hay una historia. Y detrás de cada historia hay una familia que espera”, refiere la CEM en un video con duración de 3 minutos, en el que se hace memoria de quienes faltan, en el que se exige a las autoridades cumplir con su responsabilidad y se convoca a la sociedad no permanecer indiferente.
“Santa María de Guadalupe, Madre de todos los mexicanos, ruega por quienes faltan, ruega por quienes buscan, ruega por nuestras familias y ruega por México”.
El Diálogo Nacional por la Paz ha convocado a acoger, en reiteradas ocasiones, a las familias buscadoras, ahora a través de un comunicado dirigido a los líderes religiosos del país para “poner a las víctimas de la violencia en el centro de nuestro caminar”.
Entre las cuatro iniciativas respaldadas por la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) se encuentra la colocación de buzones de paz en las iglesias, así como ponerle rostro y nombre a la personas desaparecidas y sumarse mediante la apertura de espacios en Misas y la ayuda en la búsqueda de las víctimas.
† La respuesta al llamado a la vocación sacerdotal, religiosa, matrimonial y laical de testimonios vivos en la Provincia de Hidalgo
La vocación del Pbro. Bartolomé Gerardo Martínez Vera nació desde la infancia, creció en una familia católica, donde la oración diaria, el Rosario y la vida sacramental marcaron su formación, pero de manera especial destaca la influencia de su madre, quien le inculcó el amor a Dios y el respeto por los sacerdotes.
El padre Bartolomé consideró ingresar con los maristas y posteriormente con los redentoristas, pero las circunstancias lo llevaron al seminario diocesano a los 13 años de edad.
Su participación como acólito y la Acción Católica Mexiacana fortalecieron su decisión vocacional.
El padre recuerda sus estudios en filosofía y teología en el Seminario Pontificio de Montezuma, en Nuevo México, Estados Unidos.
Para el sacerdote de la Arquidiócesis de Tulancingo el ministerio es un servicio, como el desempeñado en comunidades indígenas durante 15 años: “Nunca trabajé por dinero; viví mi ministerio como un servicio”.
Considera que la cercanía pastoral vale más que cualquier discurso y su mayor alegría es ser sacerdote, pues a través de su ministerio entra al corazón de las personas, comparte sus alegrías y sufrimientos.
También define al sacerdocio como una experiencia única porque permite acompañar a las personas en los momentos más importantes de su vida.
A lo largo de su vida, el padre destaca tres sacramentos de mucha importancia: la Reconciliación, la Unción de los Enfermos y la Eucaristía.
Para el padre Bartolomé Martínez la oración es su fundamento de fidelidad para vivir el celibato: “La verdadera fortaleza del sacerdote nace de la oración frente al Santísimo”.
Después de 15 años de misión fue llamado al Seminario, experiencia de la que asegura que formar futuros sacerdotes no consiste solo en dar clases: “Lo más importante es acompañar con el ejemplo y la experiencia”.
Para el padre Bartolomé “la Iglesia somos todos”, no son solo los sacerdotes, ya que todo bautizado forma parte y todos somos responsables de la misión.
Concluyó la entrevista con un llamado a responder a Dios en la vocación: “No tengan miedo, vale la pena entregar la vida al sacerdocio. Si alguien sueña con mejores sacerdotes, ese cambio puede comenzar respondiendo personalmente a la vocación”.
El padre Bartolomé presenta el sacerdocio como una vocación de servicio, cercanía y alegría, donde el centro es Cristo presente en la Eucaristía y en las personas; su testimonio muestra que la felicidad sacerdotal nace de una vida de oración, de la entrega generosa a las comunidades y del acompañamiento cercano a quienes buscan consuelo, esperanza y la presencia de Dios.
† La delegación con misioneros de las 3 diócesis compartió la alegría de participar en el congreso nacional celebrado en San Luis Potosí
Gran presencia tuvo la Provincia de Hidalgo en el XV Congreso Nacional Juvenil Misionero (CONAJUM) 2026, con sede en la Arquidiócesis de San Luis Potosí del 23 al 26 de julio, al asistir con 166 misioneros, entre jóvenes, religiosas, un diácono, sacerdotes y la presencia de Mons. Oscar Roberto Domínguez Couttolenc.
La Arquidiócesis de Tulancingo, con 128 participantes, fue la segunda delegación con mayor número de representantes, según lo expuesto por organizadores, solo por detrás de la representación sede.
Pahuatlán, Huasca, Omitlán, Atotonilco el Grande, Acatlán, Tizayuca, Nuevo Tizayuca,, Haciendas Tizayuca, Sadasi Tizayuca, Apan, Tepeapulco, Tulancingo, Santuario Nuestra Señora de los Ángeles, La Divina Providencia, Xicotepec, Mineral de la Reforma, Pachuca y Acaxochitlán, además de religiosas de la congregación HCJSMMI, PAJ, Pandillas, Monaguillos y Misioneros, entre las comunidades que sumaron asistentes.
De la Diócesis de Huejutla se sumaron otros 35, de los cuales 32 corresponden a la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, de Pisaflores, y dos más de la parroquia de San Pedro Chapulhuacán, además de la presencia del diácono Juan Julián Bueno Godoy.
La mayoría son integrantes de jóvenes de un grupo que va tomando el perfil de misionero y que durante este mes tendrán su primera misión en una parroquia; de la Diócesis de Tula se reportaron tres asistentes.
166 misioneros de la Provincia de Hidalgo participaron en el XV Congreso Nacional Juvenil Misionero
En entrevista para Luz de Luz, coordinadores asistentes pudieron responder a la pregunta: “¿Qué implica ser misionero en la Provincia de Hidalgo?”, a través de la cual compartieron la alegría de asistir al CONAJUM 2026.
Para el Pbro. Hipólito Escorcia Achautla, director diocesano de Misiones en la Arquidiócesis de Tulancingo, ser misionero implica asumir tres cosas: confianza, disponibilidad y valentía, “en las que voy con la conciencia de lo que Dios quiera, donde Dios lo quiera y como Él lo quiera”.
Para la Hna. Claudia del Pino Guerrero, de la Congregación Carmelitas Misioneras de Santa Teresa, ser misionero implica “ir con pie descalzo, con delicadeza, con cuidado, respetando los valores” que tiene el grupo de jóvenes que coordina en la Huasteca poniente.
† La respuesta al llamado a la vocación sacerdotal, religiosa, matrimonial y laical de testimonios vivos en la Provincia de Hidalgo
La hermana Ricarda Rivera Barrientos habla de su vocación como una historia de fidelidad, servicio silencioso y amor a la Iglesia.
Es originaria de Tonalapa, Puebla, perteneciente a la parroquia de Tetela de Ocampo, y forma parte de la congregación Hermanas Catequistas de Jesús Sacerdote y de María Madre de la Iglesia, fundada en 1982.
Revela que su llamado vocacional se dio a los 12 años, cuando religiosas visitaron su comunidad; durante varios años conservó el deseo de encontrar una congregación en la que pudiera responder al llamado de Dios y la encontró en Tlaxcalantongo, Puebla.
El Señor la enamoró con el ambiente propio de la vida religiosa: oración, adoración Eucarística, el canto litúrgico, la belleza de la capilla donde nació la congregación, el testimonio de vida de las primeras religiosas y su cercanía con la gente.
Recuerda el día de sus votos con profunda alegría e ilusión, como el inicio formal de su entrega a Dios, momento en el que vivió el carisma de la congregación: la santificación de los sacerdotes.
Uno de sus mensajes centrales durante la entrevista fue el sentido de la maternidad espiritual hacia los sacerdotes.
Además de la vivencia de su carisma, la hermana Ricarda ha desempeñado grandes responsabilidades en la Arquidiócesis de Tulancingo: primera Superiora General de su congregación durante nueve años, colaboradora en la Cancillería arquidiocesana y actualmente sirve como notaria del Tribunal Eclesiástico.
Subraya que el trabajo de oficina también es un verdadero apostolado al servicio de la Iglesia.
Comparte que ha experimentado cómo la mujer ha ido teniendo mayor participación en responsabilidades eclesiales y reconoce que implica prudencia, responsabilidad y fidelidad a la confianza recibida.
Tiene un profundo cariño por la Arquidiócesis de Tulancingo, pero para su congregación tiene palabras especiales: “Es mi vida”, y la define como su familia, su casa y el lugar donde ha crecido humana y espiritualmente.
Para la religiosa Dios es el centro de su vida, es quien la llamó y ha sostenido durante toda su vocación; lo encuentra especialmente en la Eucaristía y reflejado en el ministerio sacerdotal.
“No tengan miedo de responder a Dios”, dice abiertamente la hermana, al tiempo que pide a quienes sienten la inquietud vocacional: “Búsquenla y disciérnanla. La vocación siempre será probada por dificultades y tentaciones, pero Dios nunca abandona a quien llama”, concluyó.
La hermana Ricarda presenta una vocación religiosa vivida desde la fidelidad cotidiana, el servicio discreto y la oración constante por los sacerdotes, convencida de que Dios sostiene siempre a quien responde generosamente a su llamado.
† La respuesta al llamado a la vocación sacerdotal, religiosa, matrimonial y laical de testimonios vivos en la Provincia de Hidalgo
La vocación es como un llamado que se descubre, se discierne y se fortalece con el tiempo; Diego Sánchez transmite convicción, pero también humanidad al reconocer miedos y dificultades en el proceso de su formación en el Seminario San Felipe de Jesús.
Carlos Diego Sánchez Callejas es originario de Nopala, lleva casi 11 años de formación y cursa el tercer año de la etapa configurativa.
Su vocación nació en familia, confiesa que su mamá y especialmente su abuela lo acercaron desde niño a la Eucaristía: fue monaguillo a los seis años y desde ahí se germinó su llamado.
Todo comenzó con una misión de Semana Santa en la Sierra Norte de Puebla a la que accedió por insistencia de unas religiosas; fue ahí donde descubrió su deseo de servir y al regreso decidió decirle a sus papás que quería ser sacerdote.
En uno de los aspectos más humanos de su testimonio confesó que ha tenido miedos, dudas, pero la formación ha sido ese camino de discernimiento en el que la oración y la Eucaristía fortalecen diariamente su vocación.
Diego asegura que el Señor sostiene su vocación: “Si uno lo pone en las manos de Dios, hacemos grandes maravillas”.
El joven de la Diócesis de Tula está a un año de terminar el Seminario, pero prefiere concentrarse en el presente: terminar su formación, concluir su tesis y responder bien hoy.
“Mi mirada está hacia el sacerdocio, pero mis pies están en el presente”, asegura el joven que pone a Dios es el centro de su vida y a la Iglesia como su destino pastoral en el que están las familias, comunidades y hasta los medios de comunicación, con los que evangeliza desde hace siete años para promover las vocaciones.
En el cierre de su entrevista, con un mensaje a sus compañeros seminaristas y a quienes sienten el llamado, Diego invita a no tener miedo, a responder al llamado de Dios y a acercarse al Seminario si existe inquietud vocacional.
La vocación sacerdotal nace en la familia, se fortalece en el servicio, se purifica en las dificultades y se sostiene diariamente por la oración, la Eucaristía y la confianza en Dios.
Yo tengo una duda Luis Escárcega tiene tres años de diácono cuando se ordena?
† La respuesta al llamado a la vocación sacerdotal, religiosa, matrimonial y laical de testimonios vivos en la Provincia de Hidalgo
Una mujer laica, un seminarista, un matrimonio, una religiosa y un sacerdote de las tres diócesis de la Provincia de Hidalgo, de quienes conocimos sus testimonios al ser llamados por Dios para una misión específica en su vida.
La vocación laical puede vivirse plenamente en la vida cotidiana, integrando la fe, la profesión y el servicio, asegura Karen Sarahí García Vadivia.
Desde los 13 años ofrece su servicio en la Iglesia y ahora considera que su camino ha estado marcado por el amor, el crecimiento personal y el servicio al prójimo: “Todo lo que soy y lo que tengo se lo debo a Dios”.
Su participación en una Pascua Juvenil y un retiro espiritual marcaron su conversión y el descubrimiento de su vocación de servicio; actualmente participa como catequista, integrante de un coro parroquial, lectora, salmista, colaboradora en la Pastoral Juvenil, defensora de la vida, y como apoyo en temas jurídicos y contables para la Diócesis de Huejutla.
Es contadora y abogada, y pone al serivicio de la Iglesia también sus conocimientos profesionales; afirma que ha logrado integrar su vida profesional con su vocación de servicio.
Administrar su tiempo le ha permitido cumplir con su trabajo sin dejar de servir en la Iglesia: “La combinación de mi profesión con la Iglesia ha sido la motivación más grande para continuar”.
En la Iglesia, a la que define como su “piedra angular”, ha encontrado grandes amistades, formación, apoyo y oportunidades para desarrollarse tanto personal como profesionalmente.
Karen considera que su vocación es un llamado de Dios y está convencida de que la llamó en el momento adecuado.
Karen anima a los laicos que sienten inquietud por servir, a no dejarse vencer por la falta de tiempo, pues con amor a Dios y buena organización siempre es posible encontrar espacio para servir.
La vocación laical no está reservada para quienes trabajan de tiempo completo en la Iglesia, puede vivirse plenamente desde la profesión, la familia y la vida cotidiana, poniendo los talentos personales al servicio de Dios y de los demás.
Miraba la proyección en el cine de la película Toy Story 5 y no pude evitar asociarla con el mensaje de la LX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales.
Previo a la publicación de Magnifica Humanitas, su primera Encíclica, el Papa León XIV ya advertía en “Custodiar voces y rostros humanos” sobre la Inteligencia Artificial (IA).
La película tiene ya un sinfín de críticas, desde lo más cinematográfico hasta lo más básico, como catalogarla una película inecesaria.
Aunque se trate de un juguete dentro de la misma película, el personaje de la vaquerita Jessie es quien pide y lucha, junto a todos los demás juguetes “obsoletos”, preservar las voces y rostros.
En contexto de una era digital llega ante ella y los demás juguetes la amenaza: una tablet llamada Lilypad.
La trama reflexiona sobre el aislamiento infantil y la adicción a las pantallas, dejando de lado los juegos en la calle y la interacción interpersonal, para suplantar a las personas por algoritmos con funciones “inteligentes” en la pantalla.
Lilypad es ese chatbot que «imita sentimientos humanos y simula relaciones que pueden resultar divertidas y ‘afectuosas’, pero a la vez engañosas, pues sustituyen relaciones» (mensaje para JMCS 2026).
“Los juguetes son para jugar, pero la tecnología... es para otra cosa”, dice el emblemático Woody en la película.
Y es aquí donde cabe la reflexión sobre la era digital actual, con niños que no solo han dejado los juguetes, también a los amigos de carne y hueso, suplantándolos por la IA «adoptada como ‘amiga’».
«Los sistemas conocidos como Inteligencia Artificial (IA) no solo interfieren en los ecosistemas informativos, sino también invaden el nivel más profundo de la comunicación, el de la relación entre las personas», alerta el Papa.
Papás, maestros, adultos: responsabilidad, cooperación y educación en el uso de la IA con los niños, por favor.
† Dedicará una intención por mes camino a la celebración del próximo año cuando cumpla 25 años como obispo y 50 como sacerdote
Con la celebración de la Eucaristía, en el marco de sus 49 años de su aniversario sacerdotal, Mons. Domingo Díaz Martínez dio inicio a su Año Jubilar Oro y Plata.
“Con esta Eucaristía iniciamos el año jubilar Oro y Plata: oro porque dentro de un año cumplo 50 años de sacerdote, y plata porque en mayo del próximo año cumplo 25 años de obispo”, dijo el señor arzobispo emérito a través de un video compartido en sus redes sociales.
Domingo Díaz Martínez, rodeado de algunos sacerdotes, familiares y amigos, reflexionó sobre los momentos difíciles que ha enfrentado en las últimas semanas por temas de salud.
Sin embargo, expresó que la fe debe reinar en los corazones ante la adversidad, para decir siempre “Hágase tu voluntad”.
En la Eucaristía explicó 14 reflexiones que decidió compartir en su homilía en la que pidió tener un corazón lleno de amor.
“Para hacer la voluntad del Padre, tanto sacerdotes como laicos, necesitamos un corazón lleno de amor. ¡Qué difícil es amar a quienes nos critican, qué difícil es amar a quienes nos difaman, qué difícil es amar a quienes nos ignoran! Por eso hay que vivir con un corazón lleno de amor”, expresó.
Enfatizó en que como hijos de Dios hemos sido enviados a recibir para dar, no recibir para guardar, por lo que exhortó a que cada uno, desde su vivencia diaria, practique la oración, asista a Misa, lea la Biblia y practique la misericordia.
“Ustedes han sabido entender, han sabido ayudarme, han sabido comprenderme… porque hay amor en su corazón”, dijo.
Al final agradeció a sacerdotes y laicos que lo acompañaron en el inicio de este año en el que dedicará una intención por mes.
Para junio y julio, Mons. Domingo Díaz Martínez pidió orar los sacerdotes que ordenó en la Arquidiócesis de Tulancingo y en la Diócesis de Tuxpan.
Orar por las vocaciones, los jóvenes, los pobres, párrocos, seminaristas, obispos, presos, enfermos, familias, laicos, la paz, la unidad y sinodalidad están entre sus intenciones camino a la celebración del próximo año.
† Una procesión, representación y la develación de un monumento antecedieron a la celebración Eucarística presidida por Mons. José Hiraís Acosta Beltrán
En el Domingo de la Ascensión del Señor, la Diócesis de Huejutla recordó los 100 años de la heroica actitud de Mons. José de Jesús Manríquez y Zárate, ante su aprehensión durante la Resistencia Cristera.
Fue en la parroquia de San Agustín Metzquititlán donde se recordó la detención del primer obispo de la Iglesia particular.
Una procesión, representación y la develación de un monumento antecedieron a la celebración Eucarística presidida por Mons. José Hiraís Acosta Beltrán.
En su homilía, el señor obispo de Huejutla recordó a los mexicanos que dieron su vida por la fe, “defendiendo la libertad religiosa, defendiendo el mismo Evangelio, defendiendo a la Iglesia”.
Monseñor José Hiraís agradeció a los Hermanos de la Misericordia y Paz, y a niños de la parroquia, quienes realizaron una representación sobre la conmemoración.
“Nuestro primer obispo de Huejutla, Don Jesús Manríquez y Zárate. Hoy hemos conocido su vida, sus obras. A él le tocó ese tiempo difícil de persecución religiosa”, completó.
Asimismo, relató el hecho cuando se dio su aprehensión en la sede episcopal tras defender su fe ante el presidente Plutarco Elías Calles, quien mandó 100 soldados a Huejutla para tomarlo preso, llevarlo a Pachuca y después desterrarlo hacia Estados Unidos.
“Hoy lo recordamos porque se cumplen 100 años de su aprehensión en Huejutla. Pidamos al Señor que hoy en nuestro tiempo nos dé la libertad de fe, la libertad religiosa ante indicios de persecución hacia la Iglesia: atentados contra sacerdotes y laicos que defienden su fe, causas sociales, el Evangelio, la Casa Común”, ahondó el señor obispo.
Por último, recordó a los más de 200 mil mártires que defendieron la causa y dieron su vida por Cristo durante el movimiento.
“Dieron su vida clamando: ‘Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe’, saludo que nos dejó precisamente Mons. Jesús Manríquez y Zárate a nuestra diócesis”.
Deja un comentario