† La respuesta al llamado a la vocación sacerdotal, religiosa, matrimonial y laical de testimonios vivos en la Provincia de Hidalgo
La vocación es como un llamado que se descubre, se discierne y se fortalece con el tiempo; Diego Sánchez transmite convicción, pero también humanidad al reconocer miedos y dificultades en el proceso de su formación en el Seminario San Felipe de Jesús.
Carlos Diego Sánchez Callejas es originario de Nopala, lleva casi 11 años de formación y cursa el tercer año de la etapa configurativa.
Su vocación nació en familia, confiesa que su mamá y especialmente su abuela lo acercaron desde niño a la Eucaristía: fue monaguillo a los seis años y desde ahí se germinó su llamado.
Todo comenzó con una misión de Semana Santa en la Sierra Norte de Puebla a la que accedió por insistencia de unas religiosas; fue ahí donde descubrió su deseo de servir y al regreso decidió decirle a sus papás que quería ser sacerdote.
En uno de los aspectos más humanos de su testimonio confesó que ha tenido miedos, dudas, pero la formación ha sido ese camino de discernimiento en el que la oración y la Eucaristía fortalecen diariamente su vocación.
Diego asegura que el Señor sostiene su vocación: “Si uno lo pone en las manos de Dios, hacemos grandes maravillas”.
El joven de la Diócesis de Tula está a un año de terminar el Seminario, pero prefiere concentrarse en el presente: terminar su formación, concluir su tesis y responder bien hoy.
“Mi mirada está hacia el sacerdocio, pero mis pies están en el presente”, asegura el joven que pone a Dios es el centro de su vida y a la Iglesia como su destino pastoral en el que están las familias, comunidades y hasta los medios de comunicación, con los que evangeliza desde hace siete años para promover las vocaciones.
En el cierre de su entrevista, con un mensaje a sus compañeros seminaristas y a quienes sienten el llamado, Diego invita a no tener miedo, a responder al llamado de Dios y a acercarse al Seminario si existe inquietud vocacional.
La vocación sacerdotal nace en la familia, se fortalece en el servicio, se purifica en las dificultades y se sostiene diariamente por la oración, la Eucaristía y la confianza en Dios.
Yo tengo una duda Luis Escárcega tiene tres años de diácono cuando se ordena?
† En la celebración participaron familiares, seminaristas y padres del equipo formador
En el marco de la fiesta de San Felipe de Jesús y del 62 aniversario del Seminario Diocesano de Tula, la comunidad formativa vivió una significativa jornada con la celebración Eucarística en la que cuatro seminaristas recibieron el ministerio del lectorado y uno más fue admitido oficialmente como candidato a las Órdenes Sagradas.
La Misa fue presidida por Mons. Juan Pedro Juárez Meléndez, quien durante su homilía recordó que “ser mártir es una gracia”, al destacar el testimonio de San Felipe de Jesús como ejemplo de entrega total por amor a Jesucristo.
Asimismo, el señor obispo de Tula exhortó a los jóvenes a perseverar en su vocación y a vivir con fidelidad el llamado al servicio de la Iglesia.
Los seminaristas Adrián Santoyo, Diego Sánchez y Miguel Ángel Díaz fueron instituidos en el ministerio del lectorado, mientras que José de Jesús Alvarado recibió tanto el lectorado como el acolitado, dando un paso más dentro de su proceso formativo hacia el sacerdocio.
El grado de lectorado es instituido para proclamar la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica —con excepción del Evangelio—, y colaborar en la formación cristiana de los fieles, preparando a niños, jóvenes y adultos para una participación más consciente en los sacramentos.
Este ministerio implica también un compromiso espiritual profundo, pues quien anuncia la Buena Nueva está llamado a ser testigo de ella con su propia vida.
Como parte de este rito, los seminaristas se vistieron con el alba, vestidura litúrgica que simboliza el servicio dentro de la celebración.
Por su parte, el seminarista Rodrigo Corona Martínez fue admitido a las Órdenes Sagradas, gesto mediante el cual la Iglesia reconoce oficialmente su idoneidad y disposición para continuar el camino hacia el diaconado y, posteriormente, el presbiterado.
Esta admisión representa una etapa decisiva en su formación, al manifestar públicamente su voluntad de consagrar su vida al ministerio sacerdotal.
En la celebración participaron familiares, seminaristas y padres del equipo formador, quienes se unieron en acción de gracias por el don de las vocaciones y por más de seis décadas de servicio del Seminario en la formación de sacerdotes para la Iglesia.
La fiesta no solo evocó el legado de su santo patrono, también reafirmó la esperanza puesta en las nuevas generaciones que, inspiradas por su testimonio, continúan respondiendo con generosidad al llamado de Dios.
Deja un comentario