El Papa acompaña a los afectados por desastres naturales
† Ante los desastres naturales más graves registrados en los últimos meses, el Papa León XIV ha respondido no solamente con palabras de cercanía y oración, sino también con ayuda económica canalizada a través de las estructuras de la Iglesia local.
Venezuela, Colombia y Nepal han recibido el respaldo del Pontífice en medio de terremotos e inundaciones que dejaron cientos de víctimas, miles de damnificados y graves daños materiales. Estos gestos se suman a un llamado constante de León XIV a no permanecer indiferentes ante el sufrimiento humano y a asumir una responsabilidad concreta frente a la creación.
El primer episodio ocurrió el 24 de junio de 2026, cuando dos fuertes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 sacudieron el norte de Venezuela. De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos, se trató de una secuencia sísmica ocurrida al oeste de Caracas, con un importante potencial para generar deslizamientos.
La respuesta del Santo Padre llegó al día siguiente. El 25 de junio, el Papa destinó 100 mil euros para la ayuda humanitaria en Venezuela a través de la Limosnería Apostólica, después de establecer contacto con el nuncio apostólico, monseñor Alberto Ortega Martín, y con el arzobispo de Caracas, monseñor Raúl Biord Castillo.
La ayuda fue concebida como una primera respuesta ante la emergencia, con la posibilidad de ampliar la asistencia de acuerdo con las necesidades identificadas por la Iglesia local.

La magnitud de la tragedia hizo que el Papa volviera a referirse a Venezuela días después. El 28 de junio, durante el Ángelus, expresó sus oraciones por los fallecidos, sus familiares, los heridos y quienes participaban en las labores de rescate, al tiempo que pidió que no faltara la solidaridad internacional.
La Iglesia venezolana también se movilizó. Cáritas, las parroquias y distintas instituciones eclesiales habilitaron espacios de acogida y redes de solidaridad para atender a las familias afectadas.
La segunda gran respuesta se produjo en Colombia, después del terremoto de magnitud 7,4 registrado el 10 de agosto de 2026 en el occidente del país, con epicentro en el departamento del Chocó, cerca de San José del Palmar.
El movimiento fue sentido en amplias zonas del territorio, entre ellas Cali, Pereira, Manizales y Armenia, y provocó daños en viviendas, edificios e infraestructura. En Manizales, incluso una torre de la catedral sufrió daños.
El 11 de agosto, León XIV expresó su dolor mediante un telegrama dirigido al presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, ofreciendo oraciones por las víctimas y fortaleza para quienes habían resultado afectados.
Al día siguiente, durante la audiencia general del 12 de agosto, el Pontífice volvió a expresar públicamente su cercanía a Colombia y agradeció a quienes trabajaban en las labores de rescate y asistencia.
“Mientras ruego al Señor por el eterno descanso de los fallecidos, aseguro mis plegarias por sus familias y todos los que han sido golpeados por esta tragedia” menciono el Papa.
A través del Dicasterio para el Servicio de la Caridad – Limosnería Apostólica, su Santidad destinó 100 mil euros al Secretariado Nacional de Pastoral Social-Cáritas Colombiana, organismo encargado de coordinar la distribución de la ayuda entre las diócesis afectadas.
El Vaticano explicó que se trataba de una donación inicial para atender las necesidades más urgentes, mientras continuaba el diálogo entre la Limosnería Apostólica, la Nunciatura y la Conferencia Episcopal Colombiana.
El 2 de septiembre, el Papa sostuvo una conversación telefónica con el presidente colombiano Abelardo de la Espriella y volvió a manifestar su solidaridad con las familias de los fallecidos, los heridos, los rescatistas y el personal humanitario.
“Manifiesto mi gratitud a cuantos trabajan en los labores de rescate y asistencia a los damnificados” expresó el Santo Padre.
El 26 de agosto, un derrumbe glaciar en una zona de gran altitud provocó una crecida repentina del río Bhote Koshi, en el distrito de Rasuwa, cerca de la frontera con China y el Tíbet.
El desastre destruyó carreteras, puentes, viviendas e infraestructura hidroeléctrica y desencadenó una compleja operación de rescate.
El 27 de agosto, León XIV manifestó su dolor por las víctimas mediante un telegrama firmado por el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin. El Papa encomendó a Dios a los fallecidos, expresó sus condolencias a las familias y aseguró su cercanía a los afectados y a los equipos de emergencia.

Posteriormente, el Pontífice envió ayuda económica a Cáritas Nepal, en coordinación con la Nunciatura Apostólica, para responder a las necesidades más urgentes de la población.
La asistencia se orientó a necesidades primarias como alimentos, artículos de primera necesidad y espacios de acogida para quienes perdieron sus viviendas.
Aunque los desastres ocurrieron en contextos diferentes, existe un elemento común en la respuesta. La oración está acompañada por acciones concretas de solidaridad.
Los recursos son canalizados a través del Dicasterio para el Servicio de la Caridad y la Limosnería Apostólica, en coordinación con las Iglesias locales, las nunciaturas y Cáritas. El objetivo es que la ayuda llegue a las personas que enfrentan las necesidades más urgentes.
Esta dinámica refleja una concepción de la Iglesia que el propio Papa ha explicado en sus recientes intervenciones: una Iglesia llamada a escuchar, acompañar y comprometerse con quienes sufren.

El 1 de septiembre, durante la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, celebrada en los Jardines del Borgo Laudato si’, en Castel Gandolfo, el Papa invitó a contemplar la creación como un camino hacia Dios y hacia una responsabilidad renovada sobre la casa común.
Su mensaje no se limitó a la contemplación. León XIV recordó que aquello que ha sido utilizado para la destrucción puede ser transformado en instrumentos de vida: en cuidado de los pobres, alimento para los hambrientos y protección de la creación.
Un día después, el 2 de septiembre, León XIV retomó esta misma perspectiva durante la audiencia general, al iniciar un ciclo de catequesis sobre la constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II.
“Los creyentes están llamados a ayudar en las dificultades de sus hermanos.” Expresó.
Con información de Vatican News.
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