¿Qué quiere Dios de mí?
† La respuesta al llamado a la vocación sacerdotal, religiosa, matrimonial y laical de testimonios vivos en la Provincia de Hidalgo
La vocación del Pbro. Bartolomé Gerardo Martínez Vera nació desde la infancia, creció en una familia católica, donde la oración diaria, el Rosario y la vida sacramental marcaron su formación, pero de manera especial destaca la influencia de su madre, quien le inculcó el amor a Dios y el respeto por los sacerdotes.
El padre Bartolomé consideró ingresar con los maristas y posteriormente con los redentoristas, pero las circunstancias lo llevaron al seminario diocesano a los 13 años de edad.
Su participación como acólito y la Acción Católica Mexiacana fortalecieron su decisión vocacional.
El padre recuerda sus estudios en filosofía y teología en el Seminario Pontificio de Montezuma, en Nuevo México, Estados Unidos.
Para el sacerdote de la Arquidiócesis de Tulancingo el ministerio es un servicio, como el desempeñado en comunidades indígenas durante 15 años: “Nunca trabajé por dinero; viví mi ministerio como un servicio”.
Considera que la cercanía pastoral vale más que cualquier discurso y su mayor alegría es ser sacerdote, pues a través de su ministerio entra al corazón de las personas, comparte sus alegrías y sufrimientos.
También define al sacerdocio como una experiencia única porque permite acompañar a las personas en los momentos más importantes de su vida.
A lo largo de su vida, el padre destaca tres sacramentos de mucha importancia: la Reconciliación, la Unción de los Enfermos y la Eucaristía.
Para el padre Bartolomé Martínez la oración es su fundamento de fidelidad para vivir el celibato: “La verdadera fortaleza del sacerdote nace de la oración frente al Santísimo”.
Después de 15 años de misión fue llamado al Seminario, experiencia de la que asegura que formar futuros sacerdotes no consiste solo en dar clases: “Lo más importante es acompañar con el ejemplo y la experiencia”.
Para el padre Bartolomé “la Iglesia somos todos”, no son solo los sacerdotes, ya que todo bautizado forma parte y todos somos responsables de la misión.
Concluyó la entrevista con un llamado a responder a Dios en la vocación: “No tengan miedo, vale la pena entregar la vida al sacerdocio. Si alguien sueña con mejores sacerdotes, ese cambio puede comenzar respondiendo personalmente a la vocación”.
El padre Bartolomé presenta el sacerdocio como una vocación de servicio, cercanía y alegría, donde el centro es Cristo presente en la Eucaristía y en las personas; su testimonio muestra que la felicidad sacerdotal nace de una vida de oración, de la entrega generosa a las comunidades y del acompañamiento cercano a quienes buscan consuelo, esperanza y la presencia de Dios.

Director Luz de Luz
Periodista
Coordinador de la Pastoral de la Comunicación en la Provincia de Hidalgo
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