La Oración Universal en la Misa
† El pueblo ejerce su sacerdocio bautismal intercediendo por los que gobiernan, las diversas necesidades y sufrimientos y por la asamblea reunida
A la Oración Universal también se le puede llamar Oración de los Fieles: en esta oración el pueblo ejerce su sacerdocio bautismal intercediendo por la Iglesia Universal, por los que gobiernan las naciones, por las diversas necesidades y sufrimientos y por la asamblea ahí reunida.
Por algún tiempo está oración dejó de usarse en la liturgia, pero fue el Concilio Vaticano II el que la restituyó con el n.53 de la Sacrosanctum Concilium.
El que preside la Eucaristía, introduce y concluye la oración; si hay diácono, él hace las peticiones, de lo contrario las hace algún fiel laico desde el ambón (IGMR 71); la asamblea se une con alguna respuesta común, como ejemplo: “Te rogamos, Señor”.
El Misal Romano trae algunos esquemas de oraciones universales, pero existe un libro litúrgico propio titulado “Roguemos al Señor”, en el que encontramos una gran riqueza de esquemas para todo el Año Litúrgico.
Se puede tomar de algún otro subsidio litúrgico debidamente aprobado por la autoridad eclesiástica o redactarlas con la aprobación del sacerdote que preside.
No se recomienda que en este momento se dé la libertad a la asamblea de formular sus peticiones espontaneas y las diga en voz alta porque se corre el riesgo de formular peticiones muy particulares o repetir la temática, además se pierde el verdadero sentido de la oración que debe ser universal y eclesial encuadrada en un contexto litúrgico-celebrativo.
Aunque no es obligatorio hacerla diariamente, sin embargo, creo yo, que nunca está de más la oración; hágamosla diariamente, aprovechemos toda la riqueza de esta oración.
No nos dejemos llevar por las prisas, por la monotonía, por cuestiones prácticas ni mucho menos por pereza y que estas sean las razones por las cuales la suprimamos; celebremos con calma, sin prisas, aprovechando este momento para pedir por la Iglesia, por nuestros gobernantes, por las necesidades de nuestra comunidad y por los que estamos ahí presentes en la celebración.
Muchas veces cuando algo es opcional en la liturgia, optamos por no hacerlo; que más bien nuestra actitud de ahora en adelante sea optar por si hacerlo, ya que no tenemos otra cosa más importante que hacer como sacerdotes que orar por nuestro pueblo.
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