PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Liturgia archivos - Luz de Luz

† El pueblo ejerce su sacerdocio bautismal intercediendo por los que gobiernan, las diversas necesidades y sufrimientos y por la asamblea reunida



A la Oración Universal también se le puede llamar Oración de los Fieles: en esta oración el pueblo ejerce su sacerdocio bautismal intercediendo por la Iglesia Universal, por los que gobiernan las naciones, por las diversas necesidades y sufrimientos y por la asamblea ahí reunida.

El que preside la Eucaristía, introduce y concluye la oración; si hay diácono, él hace las peticiones, de lo contrario las hace algún fiel laico desde el ambón (IGMR 71); la asamblea se une con alguna respuesta común, como ejemplo: “Te rogamos, Señor”.

El Misal Romano trae algunos esquemas de oraciones universales, pero existe un libro litúrgico propio titulado “Roguemos al Señor”, en el que encontramos una gran riqueza de esquemas para todo el Año Litúrgico. 

Se puede tomar de algún otro subsidio litúrgico debidamente aprobado por la autoridad eclesiástica o redactarlas con la aprobación del sacerdote que preside. 

Aunque no es obligatorio hacerla diariamente, sin embargo, creo yo, que nunca está de más la oración; hágamosla diariamente, aprovechemos toda la riqueza de esta oración. 

No nos dejemos llevar por las prisas, por la monotonía, por cuestiones prácticas ni mucho menos por pereza y que estas sean las razones por las cuales la suprimamos; celebremos con calma, sin prisas, aprovechando este momento para pedir por la Iglesia, por nuestros gobernantes, por las necesidades de nuestra comunidad y por los que estamos ahí presentes en la celebración.

Muchas veces cuando algo es opcional en la liturgia, optamos por no hacerlo; que más bien nuestra actitud de ahora en adelante sea optar por si hacerlo, ya que no tenemos otra cosa más importante que hacer como sacerdotes que orar por nuestro pueblo.



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Por: Pbro. Oscar José García

Existen varias formas de cómo los lectores pueden dirigirse al ambón para la proclamación de la Palabra.

La primera consiste en que todos los lectores, con sus manos juntas, se dirigen hacia el altar y hacen reverencia, luego se dirigen hacia el ambón y sube el de la primera lectura. 

Cuando ha terminado, sube el salmista y así sucesivamente; al terminar todos se dirigen nuevamente hacia el altar para hacer juntos la reverencia. 

Es muy importante notar que sólo harán dos reverencias: al principio y al final de su proclamación frente al altar todos juntos.

La otra es que todos los lectores, con sus manos juntas, se dirigen hacia el ambón: el que hará la primera lectura hace reverencia hacia el altar y sube a proclamar. 

Terminada su lectura baja y juntamente con el salmista hace la reverencia hacia el altar y sube el salmista, y así sucesivamente.

Y la última: los lectores van pasando de uno en uno hacia el ambón; es decir, al terminar la oración colecta se sientan y sólo el que hará la primera lectura se dirige al ambón, hace su reverencia hacia el altar y proclama. 

Terminada la lectura se dirige a su lugar y hasta que se sienta se levanta el salmista para dirigirse al ambón. 

Esta tercera forma algunos sacerdotes la consideran muy tardada por los tiempos que hay entre una y otra lectura; sin embargo, hemos de tener en cuenta lo importante que son los breves momentos de silencio sagrado entre una y otra lectura.


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