PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Asamblea plenaria • Luz de Luz

En su CXX Asamblea Plenaria, los obispos reflexionaron sobre los desafíos actuales de la Iglesia



Con la participación de 114 obispos representando a 83 diócesis del país, del 13 al 17 de abril se realizó la CXX Asamblea Plenaria de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM).

El espacio fue clave de encuentro, oración y discernimiento en el que los obispos del país reflexionaron sobre los desafíos actuales de la Iglesia, como la cultura vocacional y su misión evangelizadora en México.

El primer día la celebración Eucarística fue presidida por el Nuncio Apostólico, Joseph Spiteri, quien en su homilía ofreció una profunda reflexión sobre el momento que vive la Iglesia.

Los obispos de México vivieron el segundo día centrado en el fortalecimiento de la cultura vocacional como eje de la misión evangelizadora.

Mons. Patrón Wong presentó una reflexión estructural sobre la vocación, al señalar que México enfrenta una crisis antropológica que afecta especialmente a los jóvenes, marcada por la pérdida de sentido, la violencia y la influencia de la narcocultura.

Por su parte, Mons. Pedro de Jesús Mena Díaz, obispo auxiliar de Yucatán, señaló que la cultura vocacional debe convertirse en un eje transversal de toda la acción pastoral, invitando a “vocacionalizar toda la pastoral”.

El miércoles la jornada incluyó la conferencia “Los Arreglos de 1929 para alcanzar la paz”, impartida por el Dr. Jean Meyer, seguida de un diálogo que permitió profundizar en la memoria histórica como elemento iluminador del presente.

El jueves, los obispos abordaron cuestionamientos de la prensa, en los que profundizaron en temas como la violencia en el país, el acompañamiento a víctimas, la relación Iglesia-Estado y el contexto internacional, en sintonía con el llamado del Papa León XIV a construir la paz y la fraternidad.



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Al concluir la CXX Asamblea Plenaria, los obispos mexicanos emitieron un mensaje al Pueblo de Dios. 

El documento es una denuncia clara, valiente y evangélica contra la violencia que nos continúa lastimando.

Los obispos reconocen los «tiempos desafiantes» de incertidumbre y corazones heridos, pero también señalan que la esperanza no está perdida porque Cristo ha vencido a la muerte y camina con su pueblo. 

Por eso exigen pasar «de las palabras a los hechos», denunciar la injusticia y acompañar a quienes más sufren. 

No piden solo oraciones, piden acción concreta, ética y responsabilidad compartida entre autoridades, sociedad civil e Iglesia.

Este pronunciamiento de la CEM no es solo un documento eclesial, es un espejo para una sociedad que ha empezado a aceptar como “normal” lo que nunca debió ser tolerable. 

Frente a la erosión de las instituciones, la impunidad y el miedo que paraliza ciudades enteras, los obispos colocan el mandamiento del amor como el único camino real para reconstruir el tejido social.



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