Al concluir la CXX Asamblea Plenaria, los obispos mexicanos emitieron un mensaje al Pueblo de Dios.
El documento es una denuncia clara, valiente y evangélica contra la violencia que nos continúa lastimando.
«Callar ante la inseguridad es traicionar el Evangelio», y además agregan una frase que duele por su verdad: «Un país que normaliza la muerte pierde vida; la violencia no solo destruye vidas, corrompe la esperanza».
Los obispos reconocen los «tiempos desafiantes» de incertidumbre y corazones heridos, pero también señalan que la esperanza no está perdida porque Cristo ha vencido a la muerte y camina con su pueblo.
Por eso exigen pasar «de las palabras a los hechos», denunciar la injusticia y acompañar a quienes más sufren.
No piden solo oraciones, piden acción concreta, ética y responsabilidad compartida entre autoridades, sociedad civil e Iglesia.
Este pronunciamiento de la CEM no es solo un documento eclesial, es un espejo para una sociedad que ha empezado a aceptar como “normal” lo que nunca debió ser tolerable.
Frente a la erosión de las instituciones, la impunidad y el miedo que paraliza ciudades enteras, los obispos colocan el mandamiento del amor como el único camino real para reconstruir el tejido social.
Como bien lo expresó monseñor Ramón Castro Castro: «La violencia no tendrá la última palabra nunca».
† De acuerdo con datos del SESNSP, la incidencia delictiva general en Hidalgo aumentó un 4.8 % en 2025 respecto a 2024
Como reflejo del incremento a nivel nacional, el estado de Hidalgo ha experimentado un aumento en la violencia.
De acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), la incidencia delictiva general en Hidalgo aumentó un 4.8 % en 2025 respecto a 2024.
Este repunte abarca delitos que afectan el tejido social, como homicidios dolosos, ejecuciones, enfrentamientos, violencia familiar y robos con violencia, poniendo en evidencia la necesidad de fortalecer la seguridad y promover principios y valores en los sistemas educativo, cultural y religioso.
La violencia no se combate solo con políticas de seguridad, requiere incrementar el amor al prójimo, ese valor esencial que fomenta la empatía y la solidaridad.
En este proceso, la Iglesia católica juega un rol transformador ya que ofrece no solo guía espiritual, sino acciones concretas para sanar heridas sociales, promoviendo el perdón, la reconciliación y la solidaridad activa.
Trabajar en la paz implica educar en valores, fortalecer comunidades y promover el diálogo familiar y social.
Hidalgo, con su rica historia cultural, puede revertir esta tendencia si priorizamos la seguridad y acciones colectivas.
La paz no es ausencia de conflicto, sino presencia de respeto, justicia y compasión.
Es necesario actuar por nuestras familias y comunidad.
Es en la familia donde deben inculcarse los valores y el amor.
Un artículo de gran reflexión. Felicidades Lic. Simón Vargas.
Es correcto, el reforzar los principios y valores de las personas, de preferencia niños y adolescentes, hacer incapié en la justicia, respeto y mucha sensibilidad.
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