† El legado de Pablo VI se ve inundado de un comunismo abiertamente sólido
Hablar de Pablo VI es hablar de un pontificado que se encuentra en medio de la tormenta.
Geovanni Batista Montini fue un sacerdote italiano que supo enfrentarse a diversas adversidades en su ministerio sacerdotal, y como miembro de la Secretaría de Estado del Vaticano en los pontificados de Pío XI y Pío XII, le tocó vivir en carne propia la Segunda Guerra Mundial.
Como Arzobispo de Milán, la arquidiócesis más grande del mundo, lidereó a sus feligreses con la novedad del Concilio Vaticano
II, convocado por su antecesor San Juan XXIII; abrió el camino para una renovación dentro de la Iglesia milanesa y a su vez, en la Iglesia universal.
Ciertamente el Concilio despertó un ímpetu evangelizador de todos los pastores y de todos los fieles; aunque es cierto mencionar que hubo a su vez, muchas inconformidades vanas en una indiferencia o desaliento litúrgico.
Ya siendo Pontífice, eligiendo el nombre de Pablo VI, su legado se ve inundado de un comunismo abiertamente sólido: fue el primero en salir de Italia a viajes internacionales, para llevar el mensaje de la paz a la India, África, Colombia y otros más.
En su viaje a Israel, desde San Pedro no se había visto a un Papa en Tierra Santa, lo que originó el encuentro con el Patriarca Ortodoxo Atenágoras I, un hecho que puso fin a diez siglos de división.
Pero, si queremos hablar de un legado tal cual, tendríamos que tener en cuenta el buscar la unión con los lefebvristas.
En sus escritos se mira una visión completa de un Pontífice cercano a los fieles: Populorum Progressio, con la que abogó por el desarrollo integral de los pueblos, la lucha contra el hambre y la justicia económica.
Humanae Vitae reafirmó la doctrina católica sobre la regulación de la natalidad y la defensa de la vida humana, y con la Evangelii Nuntiandi subrayó la alegría y el deber de la evangelización en el mundo contemporáneo.
Podríamos decir que todo el legado del Papa San Pablo VI se define en un camino de fidelidad al Evangelio a la justicia social y al diálogo global para realizar la Civilización del Amor como guía para todo cristiano.
Deja un comentario