† Debemos entender con objetividad lo que está sucediendo con la generación Z
Aunque la evidencia nos hace ver un retorno de la generación Z a la religión, debemos entender con objetividad lo que está sucediendo.
Es verdad que últimamente hemos visto cómo varios jóvenes buscan de una manera especial a Dios, esta necesidad se ha ido expresando en los ambientes donde los jóvenes se desarrollan, y vemos cada vez más común, como los escenarios internacionales en conciertos, o el cine, o la música e incluso en la política, se habla y se expresa la fe en Dios. Pero ¿eso será suficiente para afirmar que se está regresando a la fe?
Es real que muchos jóvenes han dejado de llamarse ateos, por el contrario se identifican como religiosos, abiertos a Dios, reconocen que están en búsqueda de algo. Eso no significa que vuelvan a la Iglesia, pero si hay una apertura a Dios.
Muchos de estos jóvenes han crecido en la ansiedad de esta sociedad, movida por las crisis institucionales, la hiper conectividad y la superficialidad de relaciones humanas, esto les ha llevado a preguntarse por el verdadero y profundo sentido de la vida, el valor del sufrimiento, y los motivos para la esperanza, y esto abre el corazón a la fe.
Es hermoso ver el crecimiento de participación de jóvenes en peregrinaciones, adoraciones a la Eucaristía, liturgias solemnes, etc. Mostrando la necesidad de una vivencia de fe que no es relativa ni superficial. Sirvan de ejemplo las JMJ.
Estos jóvenes han crecido en una cultura individualista, pero la fe les ofrece comunidad, amistad, solidaridad, trabajo, pertenencia, y es algo hermoso ver las crecientes comunidades y movimientos de jóvenes que han surgido.
Es impresionante ver el alcance de los medios, muchas conversiones se dan hoy por lo que los jóvenes miran o escuchan como testimonio en las redes sociales, en podcast, youtube, tiktok, donde los influencers o artistas, hablan de su fe o la expresan desde esas plataformas. Es tan importante esto, que muchos jóvenes conocen allí primero la fe, y luego llegan a la Iglesia.
Pero hay que estar alerta, pues, aunque hay signos muy bellos de ese retorno, también hay riesgos.
Esto sucede cuando la fe se convierte en una bandera o una ideología que defender y se deja de lado lo que verdaderamente es: una relación viva con Jesús
Ante toda crisis, tendemos a aferrarnos al pasado, muchos de los jóvenes se sienten atraídos por la liturgia pre-conciliar, les atrae el Latín, los cantos, etc. Y todo esto es muy valioso, pero existe el riesgo de quedarse en la forma externa y olvidar la caridad, la misericordia, la misión, la evangelización, puesto que el Evangelio no es estética, sino vida transformada.
Varios de estos nuevos grupos, caen en el error de creer que son mejores o los únicos que viven la fe, dejando fuera a miembros de la misma Iglesia y haciendo justo lo que Jesús no quería; dividir.
Al contemplar el mundo tan caótico e inseguro, la fe se presenta como un escape, pero la fe que se alimenta del miedo, termina generando rigidez, llevando al rigorismo moral, y la fe no nace del miedo, sino del amor
es fácil llenar retiros o peregrinaciones, pero lo difícil es perseverar en la práctica de los sacramentos, en la vida de oración, es decir, seguir cuando la emoción se ha ido.
Desde mi punto de vista, estamos viviendo un momento esperanzador en la Iglesia, pues parece que los jóvenes buscan una experiencia más profunda de Dios, se hacen la pregunta sobre Dios y allí está nuestra oportunidad para anunciarles a un Jesús Vivo, que les haga pasar de la efusividad de una experiencia a la convicción de permanecer para siempre.
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