«Ninguno está excluido del amor de Dios»: León XIV en Guinea Ecuatorial
En la etapa final de su viaje apostólico por África, el Papa León XIV centró su mensaje en la esperanza, el valor del esfuerzo y la reconstrucción personal y social.
Ante cerca de 50 mil fieles reunidos en el Estadio de Bata, el Pontífice exhortó a los jóvenes a no dejarse seducir por el éxito inmediato.
«Si Cristo los llama, no tengan miedo: elijan el esfuerzo, no el éxito fácil», subrayó al destacar la disciplina, el trabajo digno y el compromiso cotidiano como pilares para el desarrollo personal y social.
Durante el encuentro, el Papa respondió a diversos testimonios que abordaron temas como la responsabilidad en el trabajo, el papel de la mujer en el ámbito laboral y la vivencia de la fe en la vida diaria.
En este contexto, insistió en que ser cristiano no se limita a la práctica religiosa, sino que implica también el respeto a los demás y la construcción de una sociedad más justa.
Dirigiéndose a las familias, León XIV definió el matrimonio y la paternidad como «una misión apasionante», e invitó a vivirlas como un camino de amor, esperanza y crecimiento constante.
Asimismo, señaló que el hogar es el espacio fundamental donde se cultivan valores capaces de transformar la sociedad.
Como parte de la agenda, el Pontífice visitó la prisión de Bata, en uno de los momentos más significativos de su recorrido.
Ahí dirigió un mensaje centrado en la misericordia y la posibilidad de cambio: «Dios jamás se cansa de perdonar. No permitan que el pasado les robe la esperanza en el futuro».
En el centro penitenciario afirmó que una auténtica justicia debe ir más allá del castigo y orientarse a la rehabilitación y la reinserción.
«No hay justicia sin reconciliación», sostuvo al recordar que ninguna persona queda excluida del amor de Dios, independientemente de sus errores.
Durante este encuentro se vivió también un momento profundamente emotivo cuando los reclusos entonaron un canto dedicado al Papa como gesto de bienvenida y gratitud.
La escena, cargada de humanidad, reflejó la esperanza que persiste incluso en contextos de encierro y evidenció la cercanía del Pontífice con quienes viven en condiciones de mayor vulnerabilidad.
“Somos creyentes y sabemos que nunca seremos olvidados… gracias Santo Padre por visitarnos”, cantaron
El Papa reconoció además las difíciles condiciones del centro, pero valoró los esfuerzos por preservar la dignidad humana y promover procesos de transformación personal entre los internos.
En ese sentido, alentó tanto a los reclusos como al personal penitenciario a ser promotores de esperanza dentro y fuera del recinto.
La jornada concluyó con un mensaje dirigido a toda la sociedad guineana, en el que llamó a construir un futuro basado en la unidad, la solidaridad y una fe activa.
«Seamos testigos del amor que Jesús nos ha dado», expresó al invitar a traducir la fe en gestos concretos de servicio, especialmente hacia los más necesitados.
Este tercer viaje apostólico deja entrever un camino pastoral centrado en la cercanía con las periferias, la dignidad humana y la transformación social desde lo cotidiano.
Su paso por los países africanos no solo movilizó multitudes, sino que delineó una Iglesia que acompaña, que escucha y que apuesta por el cambio real, donde el esfuerzo, la reconciliación y la esperanza se convierten en ejes para construir el futuro.
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