Incienso, flores, copal y un corazón bien dispuesto
Le han cantado a Veracruz, a San Luis y a Tamaulipas, con gusto le canto a Hidalgo que tiene cosas bonitas. Nicandro Castillo
Para mí es un gran honor poder escribir y hablar de un lugar que me ha permitido conocerlo, estudiarlo, valorarlo y rescatar muchos elementos suyos, llenos de historia, expresión y de identidad que le han dado mucho sentido de ser a esta tierra, la cual quiero, me ha enseñado y me ha dado elementos para mi vida personal y vocacional: hablo sin duda alguna de la “Huasteca hidalguense”.
«La Huasteca es una extensa área de siglos de antigüedad, su historia y desarrollo, al igual que sus límites geográficos, difieren en cada periodo histórico. Aunque, de un modo muy general, se puede decir que es un área de tierras cálidas y bajas que ocupa el extremo norte de la franja costera tropical y húmeda que bordea el Golfo de México; señala su límite occidente con la vertiente de la Sierra Madre Oriental, que está alejada del mar de Pánuco y de Ciudad Valles, pero hacia el sur se acerca cada vez más hasta el curso inferior del río Cazones; al norte por el gran anticlinar de la Sierra de Tamaulipas».
Te invito a que juntos conozcamos esta parte linda que tiene nuestro estado de Hidalgo, porción de tierra que nos da gran orgullo e identidad porque ha aportado exquisitos y bellos elementos para nuestra identidad nacional.
La Huasteca hidalguense se distingue por tantas expresiones culturales e históricas que contiene, rica en todos los aspectos y por donde la veas, siempre enseñándonos a amar nuestras raíces, memoria, identidad e historia, pues está cargada de tantos elementos constitutivos en su ideario vivencial.
Los paisajes, sus viviendas, sus tradiciones, sus costumbres, su música, sus fiestas, su lengua, su religión, sus usos y costumbres; en fin, su cosmogonía, su manera de entender e interpretar el origen de su raza y existencia.
Ir a la Huasteca es disfrutar de sus olores, magia, sabor y la maravillosa oportunidad de ver la alegría con la que viven.
Observar a un huasteco, a una persona originaria, es ver con profundidad, amor y respeto nuestra identidad, pues ellos aman con tanto fervor su ser, sus raíces y la búsqueda de Dios en sus vidas.
Un elemento importante que podemos contemplar y puede llenarnos de ternura, y aprender de ellos, es la piedad que tienen para acercarse a Dios; ver a un huasteco cuando va a vivir su fe, camina con alegría, paso firme, seguro de sus decisiones.
En una mano un ramo de flores bellas y coloridas recién cortadas, en la otra un copalero con carbón al rojo vivo, humeando con copal, ese incienso que sube a Dios para glorificar su naturaleza; en sus labios el canto y la oración, pero sobre todo es sublime poder observar que en medio de esos elementos que trae consigo, tiene un corazón bien dispuesto, para buscar, encontrar, escuchar y hablar con Dios.
Es de verdad una joya poder contemplar esta hermosa postal de la vida de un pueblo que mantiene viva su memoria y se aferra a seguir existiendo, y que se nos ofrece en la cotidianidad de nuestros días, pues así es Dios nos busca, nos habla y nos llama en esa cotidianidad de nuestra vida.

Diácono católico
Cronista Eclesiástico
Cronista de la Diócesis de Huejutla de Reyes
Cronista Vitalicio de Coacuilco, Huejutla de Reyes
Cronista por la Asociación Impulsora de Patrimonio Histórico y Cultural (ASIPAHC)
Miembro de la Asociación Nacional de Cronistas de Comunidades y Ciudades Mexicanas (ANACCIM)
Miembro del Colegio Regional de Cronistas de los limítrofes sur Morelos y Puebla
Miembro del Consejo Hidalguense de la Crónica (CHC)
Miembro del Consejo Hujejutlense de la Crónica (CHC)
Miembro de la Asociación Mexiquense de Cronistas (AMECRON)
Miembro de la Asociación Internacional de Cultura Tradicional (ASINCUT
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