PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Diác. Diego Campos, Autor Luz de Luz

† El Xantolo no solo tiene importancia en la vida del pueblo como ceremonia o fiesta, sino que además se centra en uno de los núcleos centrales de su identidad y cosmovisión, pues tienen la oportunidad de comprender el origen y el ser del universo y del hombre. 



La huasteca es mosaico rico y hermoso en tradiciones, costumbres, lengua y muchos elementos más, elementos vivos que se han mantenido hasta nuestros días, la huasteca es un espacio geográfico concreto que por donde uno la observe, podrá encontrar su riqueza histórica cultural, quien tiene la oportunidad de conocer la huasteca puede constatar esto que hemos dicho.

Hoy quiero hablarles de una tradición férrea, una tradición que quizás a mi punto de vista sea la más fuerte, la más viva y la más esperada por todos los huastecos y no huastecos, pues quien la conoce, puede entender el trasfondo de la trascendencia de la vida humana, pues si bien es cierto, el ser humano se ha preguntado por el más allá, pregunta fundamental en la conciencia de toda persona y aunque la muerte continúa siendo un misterio, cuando llega a nuestras vidas nos lastima y nos duele, pero más tarde, después de que la fe nos fortalece, nos anima y nos consuela, precisamente esta tradición, es una excelente catequesis que nos enseña a celebrar la muerte, pues hemos entendido el sentido de la trascendencia, de la divinidad.    

Es hasta entonces cuando con alegría celebramos la muerte, se escucha paradójico, pero así es, en México nos burlamos de la muerte, le salimos al encuentro con alegría, con sones, con comida, con danzas, con cohetes, con incienso, con flores, con velas, pues esperamos a los que han regresado a lado de Dios, pues para pasar al Reino Celestial, necesitamos pasar por la muerte física y por eso nos alegramos y nos burlamos de ella, porque en ella no acaba la vida, sino hemos obtenido vida en abundancia. 

Esta celebración de la muerte, en México tiene una peculiaridad ya que a lo largo y ancho, es celebrada según sus tradiciones y costumbres, según los elementos de su región, volviéndose esta fiesta muy icónica en nuestro país, por eso no debemos pasar la fiesta de día de muertos en la huasteca hidalguense, conocida bajo el nombre de “Xantolo”.

Aunque resulta un poco difícil hablar del tema, lo haremos tocando lo más principal de esta hermosa tradición huasteca, resulta difícil, puesto que es una tradición muy profunda y con muchísimos elementos que contiene, pero no queremos pasar por alto esta emblemática fiesta ahora que abordamos nuestra querida Huasteca Hidalguense.  

Huejutla de reyes es conocida como la capital de la huasteca hidalguense, por tanto es el lugar más icónico para vivir esta festividad, pues es en este lugar donde realizan el tradicional y monumental altar, donde muchos visitantes vienen a este lugar y ser partícipes de esta hermosa tradición, sin embargo el xantolo no solo se vive en Huejutla, sino en toda la huasteca.  

Al introducirse el catolicismo mediante la evangelización en nuestras tierras, por la dificultad de nuestros indígenas en pronunciar las palabras latinas fue así como nació el término xantolo, este término proviene de una fusión entre el latín y el náhuatl, derivándose específicamente de la palabra latina sanctorum (término que significa: “de los santos”).  

Esta celebración es tan larga que nos da oportunidad de ver el verdadero y profundo sentido de esperar a nuestros seres queridos que se nos ha adelantado y que tarde o temprano nosotros también participaremos de esa trascendencia. Esta fiesta humana-sagrada, es el reencuentro con los antepasados que hay esperarlos con alegría y con lo que les gustaba aquí en la tierra.

Se cree que con la festividad de San Miguel Arcángel (29 de septiembre), el cielo se abre y salen las ánimas para ser esperadas por sus familiares, por lo que en este día se coloca la primera ofrenda, posteriormente se coloca la segunda ofrenda el 18 de octubre, fiesta de San Lucas Evangelista, la fiesta va comenzando poco a poco, todo se va preparando para vivir su esplendor, un viernes o sábado antes al primero de noviembre, se realiza el tianguis grande como le es conocido, un mercado especial donde la gente va gustosa para comprar y prepararse porque los días de centrales de la fiesta están cerca.

En estos días que sobran para la gran fiesta la gente comienza a acarrear leña, pues muchas veces se mata el cerdo, algunos otros compran carne, llevan a  sus casas, plátanos, maíz, alfarería (figuras de barro propias para xantolo), velas tradicionales, papel picado, incluso mantelería nueva, varas y flores para la realización del arco, donde se reúnen en familia para preparar todo en los días consecutivos. 

Así que pronto tiene que estar el arco de nuevo arreglado, pues desde el inicio de xantolo fue colocado, siendo éste un elemento importante que no debe faltar; fiesta que a la vez de celebrarla, nos permite hacer comunidad y momentos de fraternidad y convivencia.

El 30 de octubre es el inicio del esplendor del xantolo, en esta fecha comienza la gran fiesta dedicada a nuestros muertos junto con los días de noviembre, son los días que son vividos con gran alegría, emoción y piedad, se han preparado por mucho tiempo para esperar a sus seres queridos; las velas comienzan a arder y el copalero humeando incienso, cuando el altar está listo la familia laza cohetes y comienza a tocar el trio, momento principal que anuncia que en esa casa, están listos para ofrendar a sus difuntos.

La familia comienza a sahumar, elevar oraciones y hablarles a sus seres queridos que pasen a degustar lo que con cariño les han preparado; invitan a los compadres y viceversa, para que vengan a ofrendar, sahúman el arco, la ofrenda, luego se sientan a comer, en otros lugares, entre compadres se comparten tamales, la familia le manda tamales a los compadres y viceversa. 

 En las calles se pueden contemplar las comparsas de las danzas que andan de aquí para allá, pasando a los hogares a danzar ante las ofrendas. Sin lugar a duda, son tantas las postales de cultura y tradición que podemos contemplar en estos días en nuestra querida huasteca.  

Pero esto no es todo, aún no acaba esta gran fiesta, aunque haya pasado el 1º y 2 de noviembre, no quiere decir que ha terminado todo, sino que viene todavía el culmen de ella, sí así como lo estas oyendo. 

El día 30 de noviembre, llegado este día, es momento de despedir a nuestros difuntos que nos han venido a visitar por un buen momento y han estado entre nosotros, el día de San Andrés Apóstol, es el momento en que se realiza la última ofrenda, los últimos tamales, ceras, oraciones e incienso que se les ofrece; después de esta ofrenda es retirado el arco y viene el destape de máscaras de los que han danzado.  

Todos estos elementos acompañados de la oración, los cohetes, las cuadrillas de danzas con máscaras de madera, la música tradicional con tríos y la convivencia entre familias logran honrar a las almas de los difuntos que han venido a visitarnos y que están entre nosotros.   

Es sorpréndete, larga y fascinante esta celebración a nuestros fieles difuntos en nuestra querida huasteca como te habrás dado cuenta. 

¿Te animas a vivirla con nosotros? Acá te esperamos con los brazos abiertos.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



Se han cumplido 100 años del inicio del movimiento cristero, de aquel conflicto Estado-Iglesia, han transcurrido ya muchos años y nos queda en la memoria, muchos testimonios vivos de fe, testimonios que nos hacen valorar y amar nuestra fe. 

Hoy la historia, pero sobre todo la fe, recuerda a tantos mártires que ofrecieron su vida por amor a Jesucristo y a la causa del Evangelio, no dudaron en negar su fe, ni retroceder un paso ante la convicción cristiana que tenían; memoria de todos ellos que en nuestros días seguimos recordando y para nosotros se vuelve un verdadero reto, para asumir y vivir con profundidad nuestra fe, pues si se puede, claro, si nosotros queremos y estamos dispuestos a amar a Dios, como Él nos ama, que nos inspire a ser amigos, hermanos, cristianos y verdaderos hijos de un mismo Padre celestial. 

En este contexto de la época cristera, nació un saludo muy propio y muy popular entre quienes defendían su fe, la custodiaban y la defendían incluso si era posible con la misma vida, para sellar con verdad este amor por Jesucristo: ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!

Saludo profundo y con gran sentido de fe, porque se reafirma la convicción de nuestra creencia y nos hace estar abrazados a Dios nuestro Señor, por medio de su Hijo Jesucristo y el amparo de nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe; Saludo que rápidamente se difundió entre los cristeros, pues por medio de él, reconocían su hermandad y realizaban su profesión de fe católica.

A mi amada Diócesis de Huejutla llegó este saludo, nada más y nada menos que por boca del primer Obispo, Monseñor José de Jesús Manríquez y Zárate, acérrimo defensor de la fe y pilar fundamental de la Diócesis; este saludo junto con otras obras son el invaluable y preciado tesoro de fe que nos dejó. 

A más de cien años de fundada la Diócesis de Huejutla, sigue perdurando este saludo cristero con gran fuerza y energía que hace alegrar nuestra fe, nos hace sentirnos orgullosos de saber hacia dónde caminamos, la patria eterna, ahí donde mora Dios y debemos llegar un día.

Un saludo que sigue más vivo que nunca en esta porción hidalguense, en estos días que a veces se tornan difíciles, nublados y turbios, y es ahí donde tenemos que reafirmar nuestra fe, con convicción y amor. Saludo que cuando lo emiten, la primera parte lo dice una persona: “¡Viva Cristo Rey…!” y la otra u otras personas contestan con júbilo y fe: “¡y Santa María de Guadalupe!”.

Hoy con orgullo, amor, devoción, piedad y cariño recuerdo este gran tesoro que nos dejó el Obispo Manríquez y Zárate; hago que retumbe mi corazón de alegría; vivifico una vez más este saludo, reafirmo mi fe y me uno junto a mi pueblo serrano y huasteco y con júbilo y firme voz digo: “¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



“Ecce Agnus Dei: Este es el Cordero de Dios”

En esta ocasión ocupa nuestra atención un elemento constitutivo importante de la Huasteca Hidalguense que más que un elemento, es una persona especial, su presencia tiene mucho arraigo en nuestras tierras, la gente le tiene mucho cariño y su figura es muy notable.

Son seis las Parroquias que están a su titularidad en la diócesis de Huejutla: Coacuilco, Jaltocan, Papatlatla, Huautla, Yahualica y San Juan Ahuehueco; es el hombre que cierra el Antiguo Testamento (AT) y abre el Nuevo (NT), es el último Profeta, es el precursor, es el que prepara el camino para que venga el Mesías, es aquel que dijo: "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Jn 1,29).

Así es, es la presencia de Juan el Bautista, que hace algunos días hemos celebrado la fiesta de su nacimiento.

San Juan Bautista es un santo muy querido por nuestra gente, en mi Diócesis de Huejutla tiene fuerte arraigo la presencia de su persona.

La gente lo busca, lo quiere, le reza y le canta alabanzas como:

Más aún no solo termina en que San Juan esté en la Diócesis y con mucha presencia en la huasteca, sino que precisamente el día de su nacimiento, nuestra huasteca tiene y vive un momento especial y significativo.

Es así como el 24 de junio (día de San Juan Bautista) da paso a los preparativos para la siembra del cempasúchil, por tanto este día inicio a la cuenta regresiva para la fiesta de Xantolo. 

Recordemos que el Xantolo es la fiesta más grande de la huasteca, la fiesta en que honramos la vida después de la muerte, donde recordamos que la vida no se acaba con la muerte, sino que florece.

El principal elemento tradicional que no debe faltar en la composición de las ofrendas durante la temporada del día de muertos o Xantolo, es la flor de cempoaxóchitl (cempasúchil) o “flor de veinte pétalos”, por su significado en náhuatl. 

Esta planta se destaca y se distingue por el olor y el color que la caracteriza, es la que guía a nuestros seres queridos del más allá a nuestras casas.

Esta significativa flor se cosecha a finales de octubre para estar fresca y adornar las tumbas y altares el 31 de octubre y el 1º y 2 de noviembre en la fiesta más bonita de la huasteca.

Con la siembra de la flor de cempasúchil da inicio a la preparación de la fiesta más importante de nuestra Huasteca Hidalguense. 

Es San Juan Bautista precisamente quien nos acompaña fuertemente en nuestra fe y nos dispone para vivir las próximas fiestas xantoleras.

¿Será entonces simple casualidad la presencia de San Juan Bautista en nuestra Diócesis?, es una interesante pregunta que nos podríamos hacer cada uno de nosotros. 

Encontrarás la respuesta si Dios tiene lugar importante en tu vida y amas a tus raíces, pues conociendo y amando nuestra existencia, entenderemos la vida divina que Cristo nos quiere compartir, quien no se conoce y no ama la vida, entonces no podemos abrazar la santidad, ya que, quien se conoce, es entonces cuando podrá abrazar aquello que no es suyo, pero que Cristo nos quiere compartir, su vida divina, cuando aspiraremos a la santidad de vida.

Pidamos que el Bautista nos ayude a ser verdaderos profetas, anunciadores de la verdad y denunciadores de las injusticias; que nos ayude a encontrarnos con Jesús y lo amemos con todo nuestro ser,  que nosotros también le preparemos el camino para que otros se encuentren con Él.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Le han cantado a Veracruz, a San Luis y a Tamaulipas, con gusto le canto a Hidalgo que tiene cosas bonitas. Nicandro Castillo



Para mí es un gran honor poder escribir y hablar de un lugar que me ha permitido conocerlo, estudiarlo, valorarlo y rescatar muchos elementos suyos, llenos de historia, expresión y de identidad que le han dado mucho sentido de ser a esta tierra, la cual quiero, me ha enseñado y me ha dado elementos para mi vida personal y vocacional: hablo sin duda alguna de la “Huasteca hidalguense”.

Te invito a que juntos conozcamos esta parte linda que tiene nuestro estado de Hidalgo, porción de tierra que nos da gran orgullo e identidad porque ha aportado exquisitos y bellos elementos para nuestra identidad nacional.

La Huasteca hidalguense se distingue por tantas expresiones culturales e históricas que contiene, rica en todos los aspectos y por donde la veas, siempre enseñándonos a amar nuestras raíces, memoria, identidad e historia, pues está cargada de tantos elementos constitutivos en su ideario vivencial.      

Ir a la Huasteca es disfrutar de sus olores, magia, sabor y la maravillosa oportunidad de ver la alegría con la que viven.

Observar a un huasteco, a una persona originaria, es ver con profundidad, amor y respeto nuestra identidad, pues ellos aman con tanto fervor su ser, sus raíces y la búsqueda de Dios en sus vidas.

Un elemento importante que podemos contemplar y puede llenarnos de ternura, y aprender de ellos, es la piedad que tienen para acercarse a Dios; ver a un huasteco cuando va a vivir su fe, camina con alegría, paso firme, seguro de sus decisiones.

En una mano un ramo de flores bellas y coloridas recién cortadas, en la otra un copalero con carbón al rojo vivo, humeando con copal, ese incienso que sube a Dios para glorificar su naturaleza; en sus labios el canto y la oración, pero sobre todo es sublime poder observar que en medio de esos elementos que trae consigo, tiene un corazón bien dispuesto, para buscar, encontrar, escuchar y hablar con Dios.

Es de verdad una joya poder contemplar esta hermosa postal de la vida de un pueblo que mantiene viva su memoria y se aferra a seguir existiendo, y que se nos ofrece en la cotidianidad de nuestros días, pues así es Dios nos busca, nos habla y nos llama en esa cotidianidad de nuestra vida.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



Que tal un gusto saludarlos en este número más que Dios nos concede, poder compartir y conocer la riqueza que tiene nuestro Estado de Hidalgo.

Precisamente esta es la intención de nuestra columna “Signos de mi tierra”, juntos conocer nuestra tierra, para poder amarla, valorarla y aprender de nuestra gente.

Pues bien, estamos en el tiempo de la Santa Cuaresma , como todos sabemos es el tiempo litúrgico de conversión que marca nuestra Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua, tener la capacidad de ver nuestras miserias, maldades y pecados, para arrepentirnos, querer cambiar y resucitar con Cristo a una vida nueva.

La Cuaresma dura 40 días, comienza el Miércoles de ceniza y termina antes de la Cena del Señor del Jueves Santo. El numero cuarenta es muy simbólico bíblicamente hablando, 40 días del diluvio, 40 años de la marcha del pueblo judío por el desierto, los 40 días que paso Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública.



Hoy quiero hablarles, precisamente de una de las normas cuaresmales sobre el ayuno y la abstinencia, la Iglesia nos invita a la abstinencia de carne y ayuno, son dos días el Miércoles de ceniza y el Viernes santo; la abstinencia de carne son todos los viernes del año, sin embargo, este hecho lo hacemos más visible en Cuaresma, creemos que solo es de este momento no comer carne.

Déjame compartirte que en la huasteca, existe una comunidad llamada Coacuilco, palabra que significa “Culebra pinta sobre la piedra”, se encuentra cerca de Tlanchinol, justamente por aquí son las tierras donde inicia la huasteca.

Esta comunidad tiene una peculiaridad cuaresmal que ha llamado mi atención, simple si ustedes quieren, pero quizás aquí viene  lo interesante, el ejercicio repetido de una acción, nos ayuda a crecer en los hábitos y dependiendo de la connotación de la acción, sea buena o mala, creceremos en la virtud o en los vicios.

De ahí que seamos virtuosos y aprendamos a tener una vida de gracia o una vida de vicios y demos inicio a tener una vida desordenada que nos lleve a pecar constantemente.



Interesante y buen ejercicio ¿No creen? y tú ¿Te animarías también a no comer carne dos días a la semana?, así que si Dios nos ha permitido vivir otra Cuaresma, aprovechemos este tiempo favorable para nosotros y vivámoslo muy enserio, no es tanto dejar de comer carne, por dejar de comer, sino que aprendamos a tener dominio de nosotros mismos, a ser sensibles a nuestros hermanos y poder ayudarnos mutuamente de tal manera que vivamos en el amor y el respeto como Dios quiere, que seamos hermanos, hijos de un mismo Padre.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


La fiesta es uno de los tantos elementos constitutivos en el ideario conceptual y estructural de la sociedad mexicana, es decir, la vida del mexicano es impensable sin las reuniones familiares, de amigos, de vecinos, de compañeros de trabajo y con la comunidad entera en la que se desarrolla, se desvuelve y se mueve.

Es ahí donde se comparte la comida, se canta, se baila, se convive, se expresan emociones como la alegría y hasta la tristeza, llegando a confluir en la solidaridad.

Detenerse y descubrir esta realidad en la idiosincrasia mexicana, en nuestra propia manera de vivir y de ser, darse cuenta de tales estructuras conceptuales que son parte fundamental que nos dice y nos enseña cómo percibimos el mundo, es conocer que puedo aportar, construir, apoyar y ofrecer en la vida de los demás. 

Por su puesto que no es errado la manera de expresar elementos esenciales en la cultura del ser humano ante la manera de entender la trascendencia y su paso por este mundo físico.

«La cultura es la paideia griega o la humanitas latina, es decir el cultivo del alma, el desarrollo de la persona según todas las exigencias de su naturaleza espiritual. Se puede distinguir, en este sentido, la cultura de la civilidad (conjuntos de obras humanas externas a la persona), de la naturaleza, y también, de la sociedad (grupo de personas que interactúan según protocolos compartidos).» 

La cultura, resuelta por tanto la raíz fundamental de la vida del hombre, pues sin ella estaría perdido. «El hombre no puede vivir su vida sin expresarla». No encontraría sentido de ser y estar en el mundo.

«La cultura es la legitimación […] de la etnia.»

Si bien tenemos que escribir sobre un elemento fundamental e importante en la vida de los indígenas de la huasteca hidalguense, pues al poner una mirada en la cultura originaria podemos apreciar fácilmente la riqueza cultural e histórica con la que cuentan. 

Es cierto que existen muchos elementos constitutivos del ser humano y que su cultura se los ha dado, pero vale la pena poder hacer un alto y poder hacer un estudio, debido al tiempo y a las circunstancias actuales, es ahí donde se va perdiendo el significado de ciertos elementos culturales y de identidad: una vida de desafíos, de desubicar al hombre y de hoy en día carecer de fundamentos.

Por tanto resulta interesante e importante hacer un alto y observar los elementos que hacen y dan sentido a nuestros pueblos originarios, entre los tantos elementos debemos mencionar especialmente uno que aparece en las fiestas, pues la disfrutan tanto que quien participa de ellas, se siente cobijado de estar en una gran familia.

En esos momentos especiales de fiesta el huasteco hidalguense realiza con mucha dedicación, esmero y trabajo, dos elementos fundamentales en su vida social y de convivencia: Una corona y collares.

Así es coronas grandes, coloridas, bellas, totalmente hechas de flores y no se diga los collares, no se quedan atrás, el ingenio, el cariño, la creatividad y el trabajo se resumen en su manufactura.

«La Huasteca es una extensa área de siglos de antigüedad, su historia y su desarrollo, al igual que sus límites geográficos, difieren en cada periodo histórico. Aunque, de un modo muy general, se puede decir que es un área de tierras cálidas y bajas que ocupa el extremo norte de la franja costera tropical y húmeda que bordea el Golfo de México; señala su límite occidente con la vertiente de la Sierra Madre Oriental, que está alejada del mar de Pánuco y de Ciudad Valles, pero hacia el sur se acerca cada vez más hasta el curso inferior del río Cazones; al norte por el gran anticlinar de la sierra de Tamaulipas.»       

Es una peculiaridad muy propia de la huasteca hidalguense el rito de enfloramiento, consiste en poder decirle a la persona que es especial y es muy querida por la comunidad, que lo reciben con júbilo y cariño, que se sienten felices de que esté esa persona entre ellos.

El ritual de enfloramiento es una ceremonia tradicional ancestral, consiste en adornar a la persona o visitante con coronas y collares de flores. Es decir, la comunidad sencillamente obsequia flores y da lo mejor de sí. Es un gesto cultural y cultual profundo que simboliza respeto, amor, amistad, gratitud, reflejando la calidez y la riqueza del pueblo huasteco. 

En este acto suelen involucrarse muchos elementos como: sones (música tradicional), aromas (incienso), cohetes, flores y colores. Este acto es pues la bienvenida y la bendición del pueblo hacia la persona querida, fortaleciendo así los lazos comunitarios y una manera de mantener y celebrar sus arraigadas tradiciones.

Y por qué es un rito o por qué lo llama así, fácil de responder, no olvidemos el significado de este término:

«Un rito (a veces llamado ritual) es una ceremonia que se realiza de manera rígida y reiterada, es decir, siempre de la misma manera aunque en años o períodos  de tiempo distintos, y que tiene fines conmemorativos, religiosos, simbólicos o sociopolíticos. Generalmente, los ritos se inscriben (y son dictados por) una iglesia o tradición religiosa especifica.» 

El rito de enfloramiento, es por tanto, un acto sagrado que ensalza, honra, alaba y carga de dignidad a la persona humana, sabiendo que es imagen y semejanza de Dios; el espíritu se eleva a lo sublime, ahí donde mora Dios y puede participar de su bendición. 

Quien observa este rito y más aún quien tiene la oportunidad de vivenciarlo, se maravilla, se admira y se enamora de tan noble, grato y hermoso rito, es hermoso poder ver que alguien te regale una corona y unos collares de flores, porque además de bendecirte, de quererte, te ha recibido en su comunidad con los brazos abiertos. 

Surgen aquí por consiguiente ciertas preguntas: ¿Qué significa la corona y collares de flores? y ¿Por qué los hacen los huastecos?, pues bien, para poder responder dichas interrogantes, se tiene que vivir y observar este rito de la huasteca hidalguense, solo así podremos respondernos las dudas que nacen.  

Porque si te acercas a los huastecos puedes incluso no responder tus dudas, pues al preguntar qué es eso, ellos te dirán: -Es el rito de enfloramiento; podrías volver a preguntar: -¿Qué significa esa corona y ese collar de flores?, te responderán: -Es una corona y es un collar que queremos regalar con mucho cariño.

A pesar de que es un rito antiquísimo y arraigado en estas tierras, aunque sigue vivo, de que lo siguen realizando, ha ido perdiendo poco a poco el sentido de significado estos elementos importantes de la idiosincrasia indígena, motivo de fiesta y de alegría, por eso celebra, festeja y vive.  

Al hacer este alto y este estudio, estamos respondiendo a una mirada antropológica de este fenómeno cultual y cultural del pueblo huasteco.    

Sino que la misma manufactura nos va enseñando, el sentido de pertenencia, de identidad, de familiaridad, de ser el uno para el otro, es pedir lo bueno y la bendición para el otro y para sí.

Es donde se hermanan los lazos, la unidad, la convivencia, donde se gesta el sentido de ver por el bien común, de cuidarnos, de sentir compasión y querer caminar juntos, sin que ninguno se vaya quedando atrás.

Signos de armonía, de paz y de amor, signos de un pueblo que tiende a expresar su identidad que quiere expresarla en hechos concretos de un pueblo que camina en el tiempo, en el aquí y en el ahora.

El indígena hidalguense es una persona profundamente religiosa, que tiende a buscar al Ser Supremo, es una persona que tiene la vida y el corazón dispuesto para encontrarse con la trascendencia. 

Y ¿Por qué una corona y un collar existen en la sociedad huasteca?, fácil de responder, pues una vez vivenciando este rito y haciendo una fenomenología, podremos responder estas interrogantes y revivir los fundamentos de esta arraigada tradición.

La teología nos enseña que Dios es representado por un círculo y ¿Por qué un circulo? porque Dios no tiene ni principio, ni fin.

Esto es por consiguiente que la corona que representa a Dios, nos viene a decir, que la corona que ha caído en las cienes de la persona, es el pensamiento que ha sido iluminado por la bendición de Dios, ahí donde se gestan los pensamientos, para que su pensar y su obrar sean buenos, y se salvaguarde la bondad con la que fue hecha la creación, «Dios vio que todo cuanto había hecho era bueno.»   

Así toda la persona esta iluminada por el supremo bien y se espera que su vida y su obrar sea bueno, que haga uso del bien al que esta llamado. 

Y ¿Por qué son echas las coronas y los collares con flores?, porque la flor siempre ha utilizado un lugar importante en la cosmovisión indígena, la flor es delicada, es bella, es suave, su aroma fresco, es agradable al verla. La flor tiene una connotación importante en la cultura de todos los tiempos.

No olvidemos que en el pensamiento náhuatl la flor (Xochitll) simboliza la belleza, la fragancia, pero tiene un sentido profundo de poesía y arte, como lo expresa el difrasismo: in xochitl in cuicatl (flor y canto).

Este difrasismo está ligado a la dualidad que hace alusión a conceptos como la vida y la muerte, representa la búsqueda de lo verdadero en la tierra, a través de la creación artística y la contemplación filosófica.     

Entonces con el uso de estas grandes insignias de la comunidad huasteca, las coronas y los collares, la persona participa de la bendición y la bondad de Dios. 

Todo esto nos quiere decir, como lo mencionamos antes, el ser humano quiere participar de la trascendencia y de sentir la cercanía y el cobijo de Dios, sentirse bendecido por él. El ser humano lo busca y Dios permanece fiel a su creación. 

Compromiso fuerte para quien vive y participa del rito de enfloramiento ¿No crees?

La vida se expresa, no se puede encerrar el ser humano y vivir aislado, es por eso que la cultura se manifiesta, pues la vida se expresa en hechos y realidades que hacen ser y dan sentido al hombre.  

Date pues, la oportunidad de vivir con mayor intensidad y profundo amor tus raíces e identidad, regala una corona y un collar de flores, esperemos de igual manera que un día te regalen también lo mismo, para que nos sintamos asistidos e iluminados por Dios, nos sintamos comprometidos de vivir en el amor y nos esforcemos en salvaguardar el bien con que fuimos creados.   


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *