El profeta Ezequiel, de familia sacerdotal
Por: Pbro. Jorge Luis Anaya Merino
“Para él, Jeconías es el verdadero continuador de la dinastía davídica, y en el destierro recibe la vocación profética que lo hace una especie de hermano menor de Jeremías: son los dos intérpretes de la tragedia, en la patria y en el destierro”.
No sabemos cuándo nació, probablemente en su infancia y juventud conoció algo de la reforma de Josías.
Siendo de familia sacerdotal, recibiría su formación en el templo, donde debió oficiar hasta el momento del destierro.
Para él, Jeconías es el verdadero continuador de la dinastía davídica, y en el destierro recibe la vocación profética que lo hace una especie de hermano menor de Jeremías: son los dos intérpretes de la tragedia, en la patria y en el destierro.
Su actividad se divide en dos etapas con un corte violento: la primera dura unos siete años hasta la caída de Jerusalén; su tarea es destruir sistemáticamente la falsa esperanza.
Denunciando y anunciando hace comprender que es vano confiar en Egipto y en Sedecías, que la primera deportación es sólo el primer acto, preparatorio de la catástrofe definitiva; la caída de Jerusalén sella la validez de su profecía: se ha sepultado una esperanza.
Viene un entreacto de silencio forzado, casi más trágico que la palabra precedente; unos siete meses de intermedio fúnebre sin ritos ni palabras, sin consuelo ni compasión.
Comienza la segunda etapa pronunciando sus oráculos contra las naciones: a la vez que socava toda esperanza humana en otros poderes, afirma el juicio de Dios en la historia.
Ofrece nueva esperanza, fundada solamente en la gracia y la fidelidad de Dios: sus oráculos precedentes reciben una nueva luz, su autor los completa, les añade nuevos finales y otros oráculos de pura esperanza.

Ordenado sacerdote el 11 de junio de 1993, Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Gregoriana de Roma. Párroco en la parroquia de San José, col. Piracantos, en Pachuca, Hgo. Vicario Episcopal de Pastoral de la Arquidiócesis de Tulancingo
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