PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Sacerdote archivos - Luz de Luz

† Es el pastor propio de una parte del Pueblo de Dios denominada parroquia


 Pbro. Bartolomé Martínez Vera


El párroco es el pastor propio de una parte del Pueblo de Dios denominada parroquia, en la que, en representación del Obispo diocesano, ejerce el triple oficio de Cristo: sacerdote, profeta y pastor.

Por lo tanto, la función del párroco es triple: como sacerdote le corresponde la santificación de las almas, especialmente con la administración de los Sacramentos y la dirección espiritual. Cuida que en todas las celebraciones, los participantes realicen su ministerio conforme a las normas litúrgicas.

Como profeta le corresponde proclamar la Palabra de Dios y la formación humana y cristiana de todos sus feligreses, especialmente por la nueva evangelización, la catequesis y la capacitación de todos los agentes de la pastoral parroquial.

Como pastor, tiene a su responsabilidad de la dirección, coordinación y dirección de todas las actividades que los agentes de la pastoral parroquial deben realizar. Le corresponde el cuidado de los bienes inmuebles y muebles de la parroquia al servicio de todos fieles.

En todo su quehacer siempre debe recordar que el señor Obispo lo ha nombrado su representante en la parroquia. 

Realizará su encargo con mucha alegría y docilidad, teniendo siempre en cuenta las indicaciones que el Obispo ha dado a la diócesis en general y en particular para la parroquia encomendada, sabiendo que forma parte de una foranía con sus hermanos presbíteros y con toda la diócesis a la que pertenece por el Sacramento del Orden.

Como discípulo misionero debe promover las capacidades de sus feligreses, procurar y fomentar la unidad en la diversidad, para que en la parroquia se realice las características de la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Por: Pbro. Jorge Luis Anaya Merino

“Para él, Jeconías es el verdadero continuador de la dinastía davídica, y en el destierro recibe la vocación profética que lo hace una especie de hermano menor de Jeremías: son los dos intérpretes de la tragedia, en la patria y en el destierro”. 

No sabemos cuándo nació, probablemente en su infancia y juventud conoció algo de la reforma de Josías.  

Siendo de familia sacerdotal, recibiría su formación en el templo, donde debió oficiar hasta el momento del destierro.  

Para él, Jeconías es el verdadero continuador de la dinastía davídica, y en el destierro recibe la vocación profética que lo hace una especie de hermano menor de Jeremías: son los dos intérpretes de la tragedia, en la patria y en el destierro. 

Su actividad se divide en dos etapas con un corte violento: la primera dura unos siete años hasta la caída de Jerusalén; su tarea es destruir sistemáticamente la falsa esperanza. 

Denunciando y anunciando hace comprender que es vano confiar en Egipto y en Sedecías, que la primera deportación es sólo el primer acto, preparatorio de la catástrofe definitiva; la caída de Jerusalén sella la validez de su profecía: se ha sepultado una esperanza. 

Viene un entreacto de silencio forzado, casi más trágico que la palabra precedente; unos siete meses de intermedio fúnebre sin ritos ni palabras, sin consuelo ni compasión. 

Comienza la segunda etapa pronunciando sus oráculos contra las naciones: a la vez que socava toda esperanza humana en otros poderes, afirma el juicio de Dios en la historia.  

Ofrece nueva esperanza, fundada solamente en la gracia y la fidelidad de Dios: sus oráculos precedentes reciben una nueva luz, su autor los completa, les añade nuevos finales y otros oráculos de pura esperanza. 


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *