Ante las desapariciones, no seamos indiferentes
Aunque instituciones, gobiernos e incluso la prensa así los vea, las personas desaparecidas no son una cifra, no son una estadística.
“Detrás de cada número hay un nombre. Detrás de cada nombre hay una historia. Y detrás de cada historia hay una familia que espera”, dice la Iglesia en México en torno a una lamentable realidad en el país.
Se trata de 133 mil 915 personas reportadas como desaparecidas, de las cuales, según reportes oficiales, 759 casos competen a Hidalgo, en municipios como Pachuca, Mineral de la Reforma, Tulancingo, Tizayuca y Tula, inmersos en nuestra Provincia Eclesiástica.
La Iglesia ha dado el primer paso y atendió el llamado del Diálogo Nacional de la Paz: abrir los templos a colectivos, escucharlos y actuar. Mucho habrá tenido que ver el encuentro de los líderes de este movimiento con Pietro Parolin, secretario de estado del Vaticano, en su más reciente visita a México.
Hasta antes la Iglesia ya actuaba con buzones de paz en la Arquidiócesis Primada de México, estrategia que ha permitido dar con el paradero de desaparecidos o en el peor de los casos, encontrar sus restos.
Los templos han sido abiertos, el primer paso está dado, pero falta por hacer… alguna vez el Papa Francisco se refirió a la ‘escucharoterapia’ como esa forma de acompañar al que sufre, al que necesita ser escuchado.
Las madres buscadoras buscan a sus hijos, y en esa incesante búsqueda necesitan acompañamiento con la oración, la escucha y acciones que los acerquen a lo que han perdido por años.
En voz de Mons. Oscar Roberto Domínguez Couttolenc: “Nosotros, como cristianos, no podemos normalizar la desaparición de una persona”.
No seamos indiferentes.

Director Luz de Luz
Periodista
Coordinador de la Pastoral de la Comunicación en la Provincia de Hidalgo
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