Reconciliación, paz y cultura vocacional
En el marco de la CXX Asamblea Plenaria de la CEM, los obispos de México presentaron su Mensaje al Pueblo de Dios
Los trabajos y momentos de este encuentro de los obispos de México hemos tenido como finalidad animar y renovar nuestro compromiso de ser la Iglesia que el Resucitado quiere para nuestro tiempo, en diálogo con las nuevas realidades que vivimos, y así contribuir a la construcción de la paz.
“Nos sigue preocupando la situación de inseguridad que vivimos en el país, mostrada en los acontecimientos del pasado mes de febrero”.
No podemos acostumbrarnos al dolor ni volvernos indiferentes ante estas realidades, pues detrás de cada crisis hay personas heridas en búsqueda de sentido de vida que merecen ser acompañadas.
Callar ante la inseguridad es traicionar el Evangelio: un país que normaliza la muerte pierde vida, y la violencia no solo destruye vidas, corrompe la esperanza.
Hacemos una llamada a la sociedad civil organizada para seguir trabajando por la paz y la reconciliación en el país, y construir juntos una historia cuyos frutos lo gocen las futuras generaciones.
Recordamos las palabras de Jesús en la víspera de su Pascua: «Ámense los unos a los otros como y o los he amado» (cf. Jn 15,12).
“Estamos convencidos que en este amor se encuentra el camino para reconstruir el tejido social y sanar nuestras heridas más profundas”.
Durante este encuentro también reflexionamos sobre el valor que cada persona tiene y la relevancia de la vocación, no entendida como una realidad exclusiva del ministerio sacerdotal o de la vida consagrada, sino como la llamada personal que Dios, desde su infinito amor, dirige a cada persona para participar, desde su estado de vida y sus carismas, en la sociedad.
Nuestra juventud busca dar sentido a su vida desde la fe, en la escucha y acompañamiento con un lenguaje concreto para descubrir y vivir plenamente su propia vocación bautismal.
Que Santa María de Guadalupe, Reina de la paz, interceda por nuestra nación, para que aprendamos a mirarnos como hermanos y a tender puentes con un futuro reconciliado que brota de la justicia y la misericordia.
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