PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Mons. José Hiraís Acosta Beltrán, Autor Luz de Luz

† La intención es que se desarrollen actividades que nos permitan acercarnos mejor a la Palabra de Dios



Durante el mes de septiembre la Iglesia celebra el mes de la Biblia, el mes de la Sagrada Escritura. La intención es que en todas las comunidades cristianas se desarrollen actividades que nos permitan acercarnos mejor y con mayor provecho a la Palabra de Dios.

La Comisión Episcopal para la Animación Bíblica de la Pastoral ha editado un subsidio para guiar la lectura y meditación del la Palabra Dios para este mes, titulado: “La Iglesia construye la paz desde su testimonio”. 

Se propone un itinerario inspirado en dos ejes pastorales que iluminan la vida y la misión de la Iglesia en el presente trienio: la promoción de la cultura vocacional y la construcción de la paz. 

Toda vocación viene de la escucha de la Palabra y toda paz verdadera tiene su origen en Cristo Jesús Resucitado que continúa diciendo a sus discípulos: «La paz esté con ustedes» (Jn 20,19). 

Este camino se enriquece con el testimonio de los santos mártires cristeros, quienes sostenidos por la Palabra de Dios dieron su vida como testigos fieles de Cristo y sembradores de esperanza para nuestro pueblo.

Se ofrecen cinco catequesis para llevar a cabo el itinerario de reflexión: la paz, el testimonio evangelizador, la dimensión samaritana de la parroquia el servicio como camino para desarmar la violencia y la identidad de los discípulos de Cristo llamados a ser constructores de paz.

En la cuarta reflexión: “Les he dado ejemplo, para que también ustedes hagan como yo”, desarmar la violencia sirviendo, se propone el Evangelio de San Juan (13,1-16) «Luego echa agua en un platón y se puso a lavar los pies de sus discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido. Le dice Simón Pedro: ‘No me lavarás los pies jamás’. Jesús le respondió: ‘Si no te lavo, no tienes parte conmigo… Pues si yo, el Señor y el Maestro les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies los unos a los otros. Porque les he dado ejemplo para que ustedes hagan como yo he hecho con ustedes’».

Este pasaje conocido como el lavatorio de los pies presenta cómo Jesús, consciente de su inminente partida hacia el Padre, utiliza gestos simbólicos para demostrar su señorío con un amor extremo y ofrecer un modelo de servicio a sus discípulos.

Se demuestra que el lavatorio de los pies (y la cruz que prefigura) no es un accidente ni una derrota, sino una acción soberana, libre y profundamente consciente con la que Jesús decide enfrentar la traición de Judas usando el amor hasta el extremo.

Los gestos: se levantó de la mesa, se quita sus vestidos, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un platón y se puso a lavarles los pies…, encierran un profundo simbolismo teológico que va más allá de una simple lección moral de humildad. 

Estos movimientos físicos traducen el amor incondicional a los suyos y el conocimiento de Jesús de lo que está por venir. Manifiesta el amor hecho servicio incondicional, el amor a los suyos y la plena conciencia de su origen y destino divino desembocan en la acción de un siervo. 

Al ceñirse la toalla y echar agua en la palangana manifiesta una actitud de servicio sin reservas, simbolizando el don total de sí mismo que pronto realizará al entregarse en la cruz. Su abajamiento demuestra que la encarnación y muerte no son una derrota, ya que asume el lugar del que sirve sin perder el señorío y la majestad que le confiere la condición de Hijo de Dios.

La tensión con Pedro es una profunda lección teológica sobre la salvación, la comunión con Cristo y la necesidad de aceptar su entrega en la cruz. Pedro reacciona por considerar este servicio como algo indigno de Él. 

Su mentalidad humana no toleraba que el Mesías se rebajara de esa manera. No entendía que dejarse lavar era indispensable para formar parte de la dinámica del amor incondicional y autodonación que Jesús estaba a punto de consumar en la cruz.

Lavar los pies es un gesto que resume la revelación de Dios, un signo ejemplar del Verbo hecho carne. Al asumir la condición de siervo, el Hijo revela la Gloria del Padre, demostrando los criterios mundanos que ensucian nuestra conciencia. 

Porque sistemáticamente deseamos un Dios de éxito y no de pasión; siempre estamos tentando a buscar un Dios que nos sirva, que nos haga ganar, que sea útil como el dinero y el poder. En cambio, no comprendemos que Dios, en efecto, nos sirve, sí, pero con el gesto gratuito y humilde de lavar los pies: he aquí la omnipotencia de Dios.

Con su gesto, Jesús no solo purifica las idolatrías y blasfemias que han mancillado la imagen que nos hemos hecho de Dios, sino que purifica también nuestra imagen que nos hemos hecho del hombre, que se percibe poderoso cuando domina, que quiere vencer matando a quien es igual a él, que se considera grande cuando es temido.  

Cristo nos da un ejemplo de entrega, de servicio y de amor. Necesitamos su ejemplo para aprender a amar, para educarnos y educar a los demás en el verdadero amor. El Señor nos lava para que podamos corresponder a su amor.

Este pasaje concluye con una bienaventuranza: «Sabiendo esto, dichosos serán si cumplen». Jesús rechaza el ritualismo vacío (como cuando Pedro creyó que era un simple rito y pidió que le lavaran también las manos y la cabeza), la verdadera felicidad del creyente surge cuando el conocimiento profundo del amor de Dios desemboca en la acción hacia los demás.

Recomendamos, durante el mes de la Biblia, continuar con las reflexiones que el subsidio nos ofrece.



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Por: Mons. José Hiraís Acosta Beltrán

En su último mensaje al Pueblo de Dios, los obispos de México destacan varios temas, de los cuales abordaremos: la familia como corazón herido de la sociedad y el centenario de los mártires cristeros de nuestra nación mexicana. 

Analizando la realidad actual de la familia, sus problemas y sus desafíos, dicen que hay realidades sociales muy preocupantes como delincuencia, narcotráfico, corrupción y trata de personas, por mencionar algunas. 

Esta “realidad preocupante -dicen los obispos-  comienza en la familia”: una sociedad que no protege a la familia se desprotege a sí misma. 

Lo que estamos viviendo es una sistemática desestructuración familiar que genera, inevitablemente, una desestructuración social. 

Se introduce en las escuelas una ideología que relativiza la complementariedad hombre-mujer, que diluye la identidad sexual, que presenta como “progreso” lo que en realidad es deconstrucción de la naturaleza humana; se añade también una ideología política de confrontación social que no conduce a nada bueno.

El segundo tema que abordamos es sobre el heroísmo de los Mártires Cristeros de México, y es que en el 2025 conmemoramos el centenario de la proclamación de la solemnidad de Cristo Rey para la Iglesia y el mundo, proclamada en la encíclica Quas Primas del Papa Pío XI.

Y hoy les preguntamos, hermanos: ¿Quién reina verdaderamente en nuestras sociedades? ¿Cristo, o los ídolos del poder, el dinero, la violencia y la mentira? ¿Quién reina en nuestro corazón? ¿Las ideologías políticas y culturales o el Evangelio? 

Esta pregunta no es retórica: es una invitación a una conversión personal y social, una invitación para que Cristo reine en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestra sociedad.


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† Entronicemos la Sagrada Escritura, meditemos con la Lectio Divina y hagámosla vida, y con ella reavivemos nuestra esperanza



Septiembre es el mes dedicado especialmente a las Sagradas Escrituras, por ello es llamado el mes de la Biblia.  El Episcopado Mexicano exhorta a todos los fieles laicos, consagrados y consagradas a celebrar este mes la Palabra del Señor. 

En este año 2025, Año Jubilar de la Esperanza, la Dimensión de Animación Bíblica ofrece un subsidio con meditaciones sobre la esperanza cristiana para meditarlas en comunidad o en familia. Dichas meditaciones tienen la finalidad de conducirnos al encuentro con Cristo o de afianzar nuestro encuentro con Él, que es nuestra esperanza.

Podemos iniciar el mes de la Biblia entronizándola en nuestros templos o capilla, así como en nuestros hogares en una especie de trono o un lugar especial para su veneración y lectura, que se ponga en primer lugar, no solamente como lectura, sino para aplicarla en nuestra vida, de modo que la Palabra de Dios se convierta en un faro para nuestra existencia, así, con la Palabra podemos iluminar nuestras decisiones e inspirar nuestras acciones de acuerdo con la voluntad de Dios. 

Las meditaciones que se nos ofrecen para celebrar la Palabra son: Abraham creyó y esperó (Génesis 15,1-6); Padre: aparta de mí este cáliz (Lucas 22, 39-46); Si morimos con Él, también viviremos con Él (I Corintios 15,1-8. 12-20); Felipe visita Samaria (Hechos de los Apóstoles 8,4-8.4-17); y Alégrate María (Lucas 26-28. 39-42).



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