PROVINCIA ECLESIÁSTICA DE HIDALGO

Octavio James, Autor Luz de Luz

Aunque se asoma un rayo de esperanza para la dignificación de los trabajadores, el panorama aún luce complejo



Si bien una reforma laboral que busca dotar al trabajador de mayor tiempo de descanso suena como un paso más a alcanzar la justicia social para la clase obrera, aún líquidas son las bases en las que se construye la implementación escalonada de las famosas “40 horas” en nuestro país. 

Con miras a completar su esquema máximo de derechos hasta el 2030, cuando se supone que ya en todos lados y en todos empleos debe aplicarse, la reforma llega sin que antes se corrija el papel que juega la imagen de “el patrón” en prácticamente todos los escenarios laborales posibles. 

Por ejemplo, en Hidalgo uno de los estados con mayor informalidad laboral (71.3 % de la población según el Inegi), costará muchísimo que no haya chantaje del patrón, que no va a querer “dar su rabo a torcer” sin que haya beneficios adicionales para su figura de poder. 

Basta con ver el ejemplo de los días festivos: o te quieren pagar tiempo por tiempo, o de plano no te lo pagan; o te hacen sentir culpable por descansar, como es derecho y como es debido, pero también como lo marca la ley.

En México, en general, aún es algo tabú, en algunas partes inconcebible, comprender que el descanso y el ocio son un derecho de los trabajadores, tema que se supone es uno de los ejes promoventes de la ley. 

Sin embargo, y cuando removemos esa máscara cuatrotera para develar más bien un rostro tricolor, damos cuenta que la ley establece una serie de mecanismos para que los patrones eludan la responsabilidad de su cumplimiento, pues jamás se fijaron alternativas para el manejo de horas extras o “tiempos adicionales” que realmente beneficiaran a los obreros. 

Por el contrario, se sienten como vacíos estructurales que pegan directo a las clases más históricamente golpeadas. 

¿Qué pasará con el albañil, el plomero, el bolero, el bombero, el comerciante, el taxista? ¿Cómo dar justicia laboral a empleos que basan su ganancia en la absolutista enajenación del patrón con el tiempo de los trabajadores? 



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Por: Octavio James

Tal parece que la Copa Mundial de la FIFA 2026, más allá de ser histórica por ser la tercera que albergará nuestro país, quedará en la memoria de muchos porque contrario a lo que pudiera pensarse, la gran mayoría de los mexicanos lo veremos por televisión. 

Y es que con boletos que van desde los 29 mil y hasta casi el millón de pesos por persona (según diversos sitios especializados de adquisición de entradas) en reventa porque hubo varios candados para la venta directa, el sueño mundialista se reserva para apenas una pizca poblacional; y ahora hasta se cobrará la entrada a la Fan Zone.

Pongámoslo en panorama: según informó el Gobierno de México, la inversión únicamente para movilidad en CDMX, Monterrey y Guadalajara será entre mil 500 y 2 mil millones de pesos que se destinarán al transporte público, fundamental la movilidad de los visitantes.

Como embudo, inversiones de orden federal y estatal llegarán a los municipios aledaños: en Hidalgo, por ejemplo, habrá recursos para el mantenimiento fast track de zonas arqueológicas olvidadas, como Tula y Huapalcalco, en Tulancingo, aunque no se han anunciado mejoras de infraestructura en calles, avenidas o demás zonas turísticas. 

El meollo es que, aunque por años nos dijeron que no había dinero para la mejora del transporte público, para la rehabilitación de zonas arqueológicas o para alumbrados, incluso para limpias, bastarán apenas 13 partidos para que lluevan fondos y mantenimientos exprés.

La pregunta que flota en el aire: ¿son para nosotros, los mexicanos que veremos el Mundial como siempre, en televisión? ¿O para el invitado que merece todo, incluso lo que no tenemos? Candil de la calle... 


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† La presidenta llega a su primer informe de gobierno con más aprobación que AMLO en su momento

Por: Octavio Jaimes

Con pocos pero sustanciosos escándalos, mismo caso en logros notables, el primer año de la administración de Claudia Sheinbaum Pardo, la primera presidenta en la historia de México, se caracterizó por un reforzamiento a los mecanismos de propaganda que instaló el régimen obradorista, el inicio de la guerra fría al interior de Morena y el hartazgo generalizado de la ciudadanía.

Cada vez son más las personas desilusionadas por las políticas fallidas de la autodenominada Cuarta Transformación. 

Son muchos declarados hartos de la demagogia que daba ternura y hasta despertaba pasiones cuando la recitaba Andrés Manuel, pero que ahora pierde el encanto popular.  

Falta de medicamentos, de recursos para municipios, de los recientes exhibidos estilos de vida de varias vacas sagradas al interior del morenismo, por mencionar algunas causantes de lo que parece el cierre amargo de una luna de miel con el partido guinda. 

Así lo expresan las redes sociales; pero en números, la realidad es otra. 

Diversas encuestas muestran que “la doctora” ostenta un nivel de aprobación envidiable para ciertos sectores: según la casa Buendía & Márquez, que presentó resultados en exclusiva para El Universal, la comandanta suprema mantiene el 70 % de aprobación entre los mexicanos, una baja de apenas el 4 % versus lo que calificó tras su primer mes de mandato. 

La gran mayoría de los entrevistados opinó que los programas sociales han sido su mayor acierto (47%); lo peor, apuntan, es la seguridad, narco, economía, corrupción y sí, los medicamentos. 


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